viernes, julio 19, 2024
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Nivel de conocimiento estudiantil

De Alieto A. Guadagni

Este siglo es el tiempo de la globalización impulsada por rápidos avances científicos y tecnológicos; por eso, la fortaleza económica de una sociedad hoy depende críticamente de su capital humano. La población de una nación es la depositaria de ese  capital, que es decisivo para impulsar el progreso y mejorar las condiciones de vida. El nivel de conocimientos acumulados en la mente de los habitantes, gracias a la educación es la garantía del avance social. Podemos decir que el mundo está cambiando día tras día con la prontitud de los saberes nuevos que dependen fundamentalmente de la educación. El actual gobierno encabezado por el presidente Milei ha enviado un proyecto de ley al Congreso de la Nación que incluye modificaciones en una gran cantidad de sectores, razón por la cual se la ha denominado “Ley Ómnibus”. El sector de educación no escapa de dicho proyecto que propone una serie de disposiciones para el sistema educativo que en términos generales son positivas sin embargo presentan algunos detalles insuficientes.

Es positivo declarar la educación como un servicio esencial y así evitar el cierre de las escuelas públicas para la defensa del derecho del trabajador que si bien es un hecho sumamente importante, pero que al aplicarlo a través de dichas medidas de fuerza la protesta adquiere un sentido antisocial ya que termina afectando a las personas más necesitadas, recordemos que son los pobres los que mayoritariamente asisten a las escuelas públicas que se cierran mientras que las escuelas privadas, donde asisten aquellos alumnos pertenecientes a familias de mayores recursos que pueden afrontar el pago de los aranceles, permanecen abiertas generando una brecha de conocimiento en nuestro país aún más amplia entre ricos y pobres, que se traduce en mayor exclusión social ya que la principal herramienta para salir de la pobreza es la educación.

Otra propuesta positiva es la implementación de un examen final al terminar el ciclo secundario, sin embargo no establece obligatoriedad a las universidades de utilizar dicho examen para regular su ingreso sino que lo establece como una opción optativa y no modifica la característica de ingreso irrestricto que establece la ley vigente, esto sucede en muy pocos países en el mundo y los resultados entre aquellos países que exigen exámenes versus los que no los exigen podemos observarlos comparándonos con nuestros vecinos Brasil y Chile, cuyos estudiantes deben realizar exámenes previos al ingreso a la universidad. Al compararnos con Brasil y Chile, se observa que tenemos el doble de estudiantes pero la mitad de graduados.

En Argentina no rige ningún tipo de examen de evaluación de conocimientos al final del nivel secundario ni tampoco exámenes generales de ingreso a la universidad debido a que están prohibidos por la Ley 27.204, que los considera “restrictivos”, mientras que en Brasil rige el Examen Nacional de Enseñanza Media ENEM y en Chile la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES). La graduación universitaria se fortalece cuando ingresan los estudiantes secundarios bien preparados, especialmente en el último año del secundario. Esta preparación naturalmente tiende a reflejarse en una mayor graduación final. Por el contrario, nuestros estudiantes secundarios no tienen incentivos para mejorar su nivel educativo. Muchos llegan mal preparados de forma tal que, lamentablemente, existe un porcentaje alto de estudiantes que durante el primer año universitario no aprueban más de una materia y son muy pocos los que completan su carrera universitaria en relación a la cantidad de los que ingresan. 

En el presente boletín se presenta la nota del Dr. Alberto C. Taquini (h), miembro de la Academia Nacional de Educación, titulada “Educación: barajar y dar de nuevo”. La misma plantea “En este momento de acelerado avance tecnológico que permea todos los aspectos de nuestra vida diaria, la educación se presenta como un terreno ineludible para la innovación y transformación. La constante introducción de nuevas herramientas y enfoques redefine el paisaje educativo” y concluye que un ciclo se ha cerrado por lo que “Hay que barajar y dar de nuevo. El futuro educativo se presenta como un juego transformador, donde la inteligencia artificial y la ubicuidad son piezas clave del aprendizaje personal. La revolución está en marcha, y es nuestra responsabilidad impulsar un marco legal facilitador y propicio”. El licenciado Francisco Boero, subdirector del CEA, presenta su nota titulada “Prueba PISA 2022: principales resultados e indicadores”, en la cual se presenta un resumen de los resultados de la última prueba PISA publicados en diciembre y además concluye “Los resultados publicados por la OCDE nos han dado un amplio panorama educativo, con capacidad de realizar comparaciones a nivel global y en el tiempo, estas comparaciones ponen de manifiesto que debemos mejorar el nivel de conocimiento de nuestros jóvenes en todas las áreas para al menos volver a liderar dentro de los países latinoamericanos. También se expone la importancia de mantener las escuelas abiertas y que los jóvenes asistan a clase la mayor cantidad de días, principalmente aquellos provenientes de familias de bajos recursos los cuales presentan menor nivel de conocimientos”.

De Alberto C. Taquini

En este momento de acelerado avance tecnológico que permea todos los aspectos de nuestra vida diaria, la educación se presenta como un terreno ineludible para la innovación y transformación. La constante introducción de nuevas herramientas y enfoques redefine el paisaje educativo, planteando una pregunta crucial: ¿estamos ante una evolución superficial o al borde de una auténtica transformación disruptiva del sistema educativo? Imaginemos el panorama educativo unos años por delante, donde la Inteligencia Artificial (IA) y la ubicuidad no solo se integran al sistema educativo, sino que también emergen como conceptos radicalmente diferentes. ¿Deberíamos considerar estos avances como mejoras de lo existente o como la oportunidad de desarrollar un modelo educativo completamente nuevo? Haciendo un paralelo con la transformación en el modo en que nos movilizamos en las ciudades, donde los trenes, subterráneos, autos, motos y monopatines eléctricos conviven multiplicando las opciones con navegadores registran el tránsito, podemos advertir la potencia y la diversidad de recursos que hoy la sociedad tiene para encarar la transformación educativa.

Del mismo modo en que agregar aire acondicionado a un tranvía no cambia su esencia, la revolución educativa va más allá de simplemente reemplazar el pizarrón por la pantalla en sus múltiples presentaciones. Necesitamos diseñar un nuevo paradigma pedagógico que permita repensar y reorganizar el espacio, el tiempo y los procesos de los aprendizajes. El tranvía ya fue reemplazado. ¿Cómo serán los nuevos modelos de transformación del sistema educativo? ¿Cómo optimizar hoy el aprendizaje de los niños y los jóvenes? La revolución en conectividad y dispositivos electrónicos ha transformado radicalmente el escenario educativo, mejorando significativamente la accesibilidad y funcionalidad de diversas actividades. La velocidad en la conectividad, en crecimiento exponencial, ha facilitado el acceso a conexiones de alta calidad, esenciales para la implementación efectiva de tareas en línea y el trabajo colaborativo. Dispositivos como smartphones, tabletas y computadoras portátiles se han diversificado enormemente, facilitando su adaptación a diversas actividades. La realidad virtual, los asistentes de inteligencia artificial y la exploración de implantes tecnológicos, como interfaces cerebro-computadora, están llevando la integración tecnológica a niveles inimaginables. La inteligencia artificial emerge como una fuerza impulsora clave en medio de esta revolución. A medida que los recursos de la IA se desarrollan, la relación entre actividad, proceso y contenido se redefine. En particular la escuela, y todavía en gran medida las universidades, es un conjunto de aulas donde ocurre la tarea educativa en un tiempo definido. El aula virtual representa mucho más que una mera sustitución del entorno educativo tradicional; constituye una transición completa hacia una nueva dinámica de aprendizaje, trascendiendo las limitaciones de uso tiempo y espacio.

La ubicuidad y la flexibilidad temporal elimina las restricciones físicas, redefiniendo la concepción misma de la escuela y extendiendo las oportunidades de encuentro al ámbito virtual. Este entorno se erige como un punto de convergencia de la nube al sistematizar, registrar y evaluar de manera eficiente todo el proceso educativo. El aula virtual brinda un espacio adaptativo propicio para una experiencia educativa que se adapta a las necesidades individuales y desafía las restricciones convencionales. El aula virtual, en suma, se constituye como un espacio transnacional ubicuo, habitado por estudiantes y docentes de cualquier parte del mundo que convergen asincrónica y sincrónicamente allí. En medio de esta revolución, los espacios virtuales que ya existen en la educación no formal, cobran mayor importancia. Sin embargo, la inercia histórica que otorga reconocimiento público principalmente a la educación formal, impide reconocer su creciente relevancia.

El aumento significativo en la oferta y participación en programas de educación no formal en todo el mundo incluye cursos en línea, talleres, seminarios, certificaciones y otras formas de aprendizaje que no están vinculadas directamente a la educación formal tradicional o bien constituyen programas alternativos pero crecientes de estas instituciones que permiten el acceso transnacional a contenidos de alta calidad, allí impartidos a bajo costo. Estos ámbitos no formales incorporan innovaciones en los formatos al no estar limitados por las reglamentaciones y a su vez proveen de conocimientos en sintonía con las actividades profesionales y laborales. Esta transformación no está exenta de desafíos. La formación continua de educadores y la inversión en infraestructuras tecnológicas son pasos esenciales para avanzar.

En este nuevo sistema, el rol del docente debe evolucionar de instructor a motivador y tutor, acompañando el proceso de auto aprendizaje con autonomía creciente del estudiante a medida que desarrolla las habilidades para aprender a aprender. Es necesario habilitar políticas para un nuevo sistema de vínculo entre el aprendiz, el proceso y el contenido, capaz de operar de manera disruptiva, yendo más allá de las estructuras tradicionales.

Este sistema puede sustituir o complementar el sistema educativo actual, ofreciendo oportunidades para aquellos que no encajan en el molde tradicional. Se diversificarían de este modo los servicios educativos con distintas ofertas. La inclusión se vuelve la norma, y la diversidad de estilos de aprendizaje encuentra su espacio en esta revolución educativa. La enseñanza y el aprendizaje certificables individualmente, empoderan al usuario del aprendizaje con el conocimiento, pero aún no son respaldados por la fe pública como sucede con las instituciones formales, que “atan” el proceso de aprendizaje a la certificación. Por ello, separar el proceso de la acreditación permitiría avanzar en la flexibilización. Una posible solución es un examen internacional terminal, equivalente a las pruebas PISA y regido por una instancia transnacional, con una certificación formal que otorgue valor legal al conocimiento adquirido, independientemente del proceso por el que fue logrado. En otra instancia independiente, se podría peticionar la habilitación del uso profesional reglado por las normas particulares de cada país o jurisdicción. Además de la flexibilización interna, es crucial interrumpir la inercia del sistema nacional cerrado, adoptando el modelo jurídico de acreditación transnacional para la educación. La transnacionalización del empleo y los servicios demanda una revisión y ajuste de los procesos de acreditación y reconocimiento de programas educativos ofrecidos en línea.

Este es un aspecto clave en la adaptación de los sistemas educativos a la era digital y globalizada. La flexibilización no debe comprometer los estándares educativos, y los procesos de acreditación deben incluir evaluaciones rigurosas. Decimos game over porque se cerró un ciclo. Porque la potencia del ciclo cultural y tecnológico en expansión, nos provee de nuevos modelos de educación capaces de atender el proceso de mundialización armónica del hombre y la naturaleza. Es un game over definitivo al monopolio del sistema educativo de los estados hoy vigente dando paso a múltiples nuevos caminos que en el transitar van modificando el sistema actual. El cambio ya ocurre, se está modificando el tranvía y nuevos vehículos ya circulan prestando mejor servicio. La innovación educativa debe ser promovida y respaldada para que todos los estudiantes tengan acceso a las transformaciones disponibles para una educación de calidad.

Esto se logra evaluando por resultados y no por procesos. Hay que barajar y dar de nuevo. El futuro educativo se presenta como un juego transformador, donde la inteligencia artificial y la ubicuidad son piezas clave del aprendizaje personal. La revolución está en marcha, y es nuestra responsabilidad impulsar un marco legal facilitador y propicio para lograr la autonomía académica necesaria para lograr una educación transformadora, accesible, inclusiva y preparada para enfrentar los desafíos de un mundo en acelerada transformación.

Fuente: www.ub.edu.ar

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