A los 81 años falleció el 18/4/21 en Buenos Aires por causas naturales «dormido y en paz» el periodista, historiador y docente universitario Daniel Muchnik, quien «se fue tranquilo y sin sufrir», informó Norma, su última mujer porque la anterior había muerto en los ’80 al salvar a una de sus hijas, en un accidente que marcó su vida al hundirse el vapor de la carrera que une esta capital con Colonia (Uruguay). Escribió 24 libros sobre Economía, Historia y las colonias judías que llegaron a la Argentina; transitó las redacciones metropolitanas más importantes. Compañero en La Opinión y Clarín.

La tentación de jugar a qué hubiera pensado él sobre este momento argentino, se reanudó anteanoche justo, justo a la hora en que el barro se subleva cuando murió Danielito Muchnik, el Alberto Gerchunoff de nuestras redacciones, el furioso al que le gustaba criticar impiadosamente al poder constituido pero se jactaba de zambullirse en los meandros del establishment permanente, el autodidacta entrerriano de alegría constante -pero cascarrabias- que tomaba la política como un relato periodístico, compañero de muchos  prohombres de un oficio que gozaba tanto como todos nosotros.
«No hay muerto malo ni novia fea», es la frase con la que nos relajábamos varias horas cuando, en estos años de encuentros esporádicos con objetivos precisos, disfrutábamos necrológicas hechas por colegas que sobre-abundaban en elogios al finado, pese a haberle contado las costillas y tener en claro que, en vida, había sido un gran cabrón.  Fanático de la historia del antisemitismo que su familia había sufrido en carne propia, escribió más de una veintena de libros sobre eso y la política económica, su fuerte en la especialidad profesional que abrazó, descollando notoriamente en la gloriosa «La Opinión» setentista y disfrutando el poder sin igual que tenía, en los ochenta, «Clarín», corporación en la que durante la última etapa fue más lobbista que periodista, lo que se conoce en la jerga como digno trabajo de «abre-puertas».Militó en la época de oro del oficio más lindo del mundo, o primera versión de la historia, junto a Tomás Eloy Martínez, Enrique Alonso, Pablo Kandel, Enrique Jara, Ernesto Ekaiser, Carlos Ulanovsky, Alcadio Oña, Miguel Bonasso, Pompeyo Camps, Felisa Pinto, Tununa Mercado, Osvaldo Soriano, Aída Bortnik, Rodolfo Terragno, Hugo Beccacece, Ricardo Halac, Enrique Raab, Hermegildo «Menchi» Sábat, Roberto «Tito» Cossa, Victoria Walsh, Jorge Llistosella, Hugo Garcia, Julio Nudler, Francisco «Paco» Urondo, Alberto Szpunberg, Juan José Mirabelli, Rodrigo Ruza, Juan Gelman, Ricardo Alfieri, Ernesto Schoo, Alberto Silva, Martín Iriart, Hugo Scarone, Jorge Harold Elorza, Roberto García, Julio Ramos, Jorge Boimvazer, Oscar García Rey, Martín Granovsky, Fanor Díaz, Eduardo Paredes, Oscar Ruiz, Luis Clur, Vicky Walsh, Eduardo Molina y Vedia, María Esther Gilio, Raúl Vera Ocampo, Gerardo «El yoruga» Fernández, Agustín Mahieu, Susana Pezzano, Hugo Gambini, Miguel Briante, Moira Soto, Alejandro Horowicz, Pablo Urbanyi, Luis Aubele, Bernardo, Alicia y Horacio Verbitsky, Alicia Dujovne Ortiz, Luis Sapag y tantos, tantos otros.Pero si hay alguien al que Muchnik admiraba por su talento y la calidad de la jefatura de redacción que ejerció en el matutino de Jacobo Timerman, era Mario Diament, dramaturgo que vive hace muchos años en Estados Unidos, en cuyos estrenos teatrales solemos encontrarnos muchos que aprendimos bajo sus órdenes: «Cita a ciegas», «Por amor a Lou», «Un informe sobre la banalidad del amor», «El libro de Ruth», «Guayaquil, una historia de amor», «Los amantes de la casa azul», «Franz & Albert», «Moscú», «Pequeñas infidelidades», «Crónica de un secuestro», «El invitado», «Interviú» (Tango perdido), «Esquirlas», «Tierra del Fuego» y «El fixer», es el sabroso menú intelectual que Diament ofrece desde hace años a la cultura.»Feliz Existencia!! hace un mes y medio cumplí 81 y realmente no lo puedo creer. Mi piel se está arrugando pero mi cabeza funciona como un tipo de 50 o 60 años. Mi último libro, el 24, tenía que haber salido en 2020. Dudo que la peste disminuya este año pero por suerte tenemos vacunas. Te mando un gran abrazo, toda mi amistad. Espero que soluciones los males de salud!!!», le escribió Muchnik a fines de 2020 a otro excepcional colega del palo económico, Rubén Chorny.Encerrado en su viejo y clásico departamento de Barrancas de Belgrano, frente a la vía por La Pampa, Muchnik -como casi todos los de nuestra generación- hubo de reinventarse a través de una Pyme que bancara sus apariciones radiofónicas.También, como nosotros, se preguntaba a diario ¿cuál es la muerte cívica para quienes solemos ser príncipes y mendigos?; ora con el apellido de casado que no nos pesa (Muchnik, DE CLARÍN o Muchnik, DE LA OPINIÖN), ora sin esa mochila de oro que tanto tiempo llevamos sin lucrar y defendiendo la camiseta de un club en el que jugamos en primera, pasando sin chistar de los domingos a la tarde a viernes por la mañana.
La necrológica convencional señala que actualmente Daniel colaboraba en varios diarios («sólo en uno me pagan, pero eso me sirve para seguir en agenda», decía) y era columnista radial en el programa “Ventana Abierta”, que se transmite en radio Milenium (FM106.7).

Como Gerchunoff, Muchnik tenía pasión por saber, absorber saberes populares, así como la cultura del pobre y del inmigrante, autodidacta y amante de la música clásica: su favorito era Arturo Diemecke, director de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires del Teatro Colón, templo musical al que iba asiduamente.

Recibió dos Premios Konex: el primero en 1987 a la Comunicación y el otro, el de Platino, en la Categoría Análisis Económico, en 2007. Además integró un jurado de notables en 1997 y también en el 2008.

Daniel, perteneciente a una generación profesional que privilegia valores clásicos como la información, los contactos, música y brolis, al igual que el autor de «Los gauchos judíos», se empecinó por integrar la cultura de su pueblo con la nacional y convencer a los periodistas que formó de lecturas imprescindibles; que así sea.

Fuente: www.ahoraeducacion.com

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