El escritor y periodista argentino Roberto Alifano está colaborando con el maestro Carlos Saura en la filmación que está realizando sobre Federico García Lorca. «Sin duda será admirable como toda su obra y afín a su reconocida creatividad», anticipó.

Esto me ha deparado la maravillosa experiencia de volver a indagar sobre el universo del poeta andaluz. He tenido la suerte de conocer muy de cerca a personas que fueron sus amigos y dejaron en mi memoria una imagen muy vívida, que es una de mis felicidades.

Puedo recuperar las emocionadas voces de Pablo Neruda, Rafael Alberti, Luis Rosales, Edmundo Guibourg y hasta la de Borges, que lo recordaba con su sarcasmo habitual. Como sucede en estos casos, las muchas conversaciones tienden a confundirse; pero puedo jactarme que ahora gracias a Saura y a Alejandro Guillermo Roemmers, que es el productor, me he convertido en un experto del imborrable paso del aedo por Buenos Aires, donde residió durante casi seis meses (13 de octubre de 1933 al 26 de marzo de 1934) y donde fue reconocido como merecía por su genio y carisma. Un número especial, que hace unos años le dedicamos en la revista Proa, me llevó a Granada, donde con la ayuda de sus familiares y de Rosales conocí aspectos entrañables de su vida pueblerina.

En este abundante muestrario de figuras famosas, que estuvieron muy cerca del poeta en su paso triunfal por la Argentina, aparecen los nombres de dos mujeres, enormes actrices, que dieron vida a su personaje de Bodas de sangre: las espléndidas Lola Membrives y Margarita Xirgu. No ensayaré un resumen biográfico de tan vastas trayectorias; sólo agregaré que para su tiempo el aporte que ambas hicieron al teatro fue sorprendente y extraordinario. “Cuando dos actrices como la Xirgu y la Membrives han pasado por el teatro, todo cambia”, le oí comentar a Alberto Closas, Nada más cierto.Hija de padres españoles, Lola Membrives nació en Buenos Aires en 1885, pero fue educada en España, desde donde trascendió fronteras. Siendo muy joven dio sus primeros pasos sobre los escenarios de Madrid, actuando como tonadillera en el Teatro Apolo, acompañada al piano nada menos que por Enrique Granados y, gracias al enorme éxito cosechado en aquellas funciones, pudo empezar a interpretar papeles dramáticos y cómicos en obras de los más variados autores, con las que realizó giras triunfales por España e Hispanoamérica.

Su carrera fue ascendente y meteórica. Algunos de los más destacados dramaturgos de la primera mitad del siglo XX, escribieron para la inquieta Lola papeles especiales como Ventolera, de los hermanos Álvarez Quintero; Las adelfas y La Lola se va a los puertos de los hermanos poetas, Antonio y Manuel Machado; o Pepa Doncel, de Jacinto Benavente (de este último también interpretó, durante varias temporadas Señora Ama y La noche del sábado, estrenando luego La infanzona en el teatro Avenida de Buenos Aires. Su vasta trayectoria como primera figura abarca también obras de Calderón de la Barca (La dama duende), Lope de Vega (La malcasada) y José Zorrilla (Don Juan Tenorio), de contemporáneos como Pedro Muñoz Seca, Alfonso Paso, Alejandro Casona, Enrique Jardiel Poncela, Eduardo Marquina, José María Pemán, y de autores no españoles como Luigi Pirandello (La vida que te di), Oscar Wilde (El abanico de Lady Windermere) y Eugene O’Neill (Anna Christie). Lola Membrives fue además la protagonista de La zapatera prodigiosa. El pasado año se conmemoraron los 50 años de su tránsito al eterno silencio.

Margarita Xirgu, la prodigiosa primera actriz del teatro español del siglo XX, celebrada de uno y del otro lado del Océano, nació en la humilde villa catalana de Molins de Rei en 1888, y empezó su labor en los inicios del siglo XX con grupos de aficionados, debutando desde niña como prodigio en la compañía de Josep Santpere. En 1905 le diagnosticaron una enfermedad pulmonar; pero, a pesar de su frágil salud, con grandes sacrificios, se impuso para actuar con el grupo teatral de Gent Nova de Badalona, y a los 17 años, obtuvo el papel de la protagonista de la obra de Emile Zola, Thérèse Raquin; sin duda el gran detonante de su carrera, que hizo de ella una actriz profesional. Aquel mismo año, fue contratada para actuar en el teatro Romea de Barcelona. En 1909, participó en la obra Terra Baixa, que se representó en el parque del cerro Montjuïc, consagrado en rendir homenaje a Àngel Guimerà, con la puesta de sus obras más notables. En 1910 fue la Salomé de Oscar Wilde en el Teatro Principal de Barcelona. Su actuación fue aplaudida por la revista Feminal quien enfatizaba: “La senyoreta Xirgu, com sempre, deliciosa, millorant cada dia en ses creacions…” Esto le permitió demostrar su enorme talento con la interpretación de varios personajes de las obras universales más importantes, como Elektra de Hofmannsthal.

Siempre emprendedora, con vocación interpretativa y a la vez empresaria, en 1910, Margarita Xirgu formó su propia compañía, y estrenó las obras Andrónica y La reina joven en el Teatro Romea de Barcelona, lo que le granjeó un gran prestigio en la escena catalana, ya extensivo a toda España. Entre 1909 y 1916 intervino en algunas películas, y tras esa experiencia no volvió a ponerse ante una cámara más que en una ocasión, que se dio en 1938, con el filme argentino Bodas de sangre, dirigido por Edmundo Guibourg.

En 1914 dio el definitivo salto a Madrid, interpretando en el Teatro Español obras de Valle-Inclán, George Bernard Shaw, Gabriele D’Annunzio, Alejandro Casona y, por supuesto, Federico García Lorca, del que fue íntima amiga y asidua colaboradora, pues el poeta de Fuente Vaqueros estrenó casi todas sus obras importantes con ella, en la que sobresale Mariana Pineda, con decorados de Salvador Dalí (1927); La zapatera prodigiosa (1930), Yerma (1934), Doña Rosita la soltera y El lenguaje de las flores (1935) y Bodas de sangre (1935).

Margarita había conocido a Federico en el verano de 1926, en Madrid, y quedó encantada de su genio y poder de seducción; en tanto que el dramaturgo y poeta vio en ella “a la actriz que rompe la monotonía de las candilejas con aires renovadores y arroja puñados de fuego y jarros de agua fría a los públicos adormecidos sobre normas apolilladas. Esta mágica Margarita es una mujer extraordinaria y de raro instinto para apreciar e interpretar la belleza dramática, que sabe encontrarla donde está. Va a buscarla con una generosidad inigualable, haciendo caso omiso de toda consideración que pudiéramos llamar de índole comercial”, escribiría Federico casi en una exclamación. El de ellos fue un encuentro esencial para ambos, tanto en el nivel laboral, ya que fue la protagonista y directora de muchas de sus obras, como en el humano, donde una sincera amistad los reconocía hermanos.

Desconsolada por el atroz asesinato de Federico durante la dictadura de Franco (“Fue el golpe más espantoso que recibí en mi vida, quedé destruida y nunca pude reponerme del todo”, llegó a confesar) emprendió una gira por Sudamérica con obras de su amigo. En 1937 representó Yerma y Doña Rosita la soltera en el Teatro Odeón de Buenos Aires. Las críticas fueron favorables, y el diario La Nación destacó en su portada: “La prestigiosa primera actriz ofreció una vigorosa interpretación, que concluyó con tres largas y merecidas ovaciones”. Walter Vidarte, el actor uruguayo que la acompañó en algunas obras, comentó en una entrevista que “cuando se unía la lírica de Margarita con la de Lorca se convertía aquello en algo estremecedor y excepcional, que paralizaba a la gente”.

Con respecto a la relación de Lola Membrives y de Margarita Xirgu, fue otro gran amigo, el crítico y poeta Hellén Ferro, uno de los primeros periodistas del espectáculo teatral, quien me ilustró sobre la rivalidad entre la Xirgu y la Membrives. Hellén las había conocido casi íntimamente a ambas, y a mi pedido escribió un jugoso artículo en la revista Proa, del que transcribo unos párrafos: “Proscrito en España, una razón política que quizá sobrepasó a la artística mantuvo vigente en América el teatro de García Lorca. Buenos Aires fue el baluarte de esa glorificación. Dos leonas se disputaron en medio de odios personales y partidarios el trofeo del poeta muerto: Lola Membrives, la del garbo con ondear de faldas cuya voz potente dividía a los parientes sin necesidad de marcación escénica, como me contó años después un galán de su compañía; y Margarita Xirgu, la de la poca voz, con cantito y acento catalán, quejumbrosa, quebrada, de figura pequeña, pero con todo y más. Por consiguiente era imposible que la rivalidad entre ambas actrices, que venía de años, no se hiciera carne: en 1927, la Xirgu accede a estrenar -sin suerte- Mariana Pineda en Barcelona y en 1930 La zapatera prodigiosa en Madrid. A poco de su llegada a Buenos Aires, la Membrives monta en Buenos Aires Bodas de sangre, y logra que Federico obtenga su primer gran reconocimiento internacional. El drama es de tal éxito que la compañía, del teatro Maipo pasa al Avenida y García Lorca es invitado por Amigos del Arte a Buenos Aires donde llega en el Comte Grande, en 1933, y se aloja en el hotel Castelar donde todavía hoy se puede visitar la habitación 704, en la que escribió el segundo acto de Yerma. La Membrives repone luego La zapatera prodigiosa y solo meses después estrena Mariana Pineda.

En 1934 Margarita Xirgu estrena Yerma en Madrid con gran suceso y en 1935; con idéntico éxito, Lola Membrives monta, también en Madrid Bodas de Sangre y luego la versión definitiva de La Zapatera Prodigiosa. Alentada por esa rivalidad, sin pérdida de tiempo la Xirgu repone en Barcelona Bodas de Sangre, y estrena en diciembre Doña Rosita la soltera. Con esas obras en pie, en enero de 1936, parte para Cuba y Méjico donde cosechará grandes triunfos.

Guibourg, el gran memorioso, que también las conocía íntimamente, me habló sobre esta rivalidad con menos justificación que sincero afecto, no desprovisto de ternura, por supuesto. “Cada una tenía lo suyo; eran encantadoras. Fueron las dos mis queridas amigas. Ahora claro, entre ellas había sin duda una rivalidad. No se soportaban y era natural. Ambas, sin embargo, eran buenísimas personas. Pero una sola alusión de la otra bastaba para sacarlas de las casillas. Yo traté de juntarlas, pero no tuve éxito”, se lamentó nuestro amigo.

Hoy lleva el nombre de Lola Membrives un teatro de la calle Corrientes, una calle de Madrid y otra de Buenos Aires; a su vez, Margarita Xirgu es recordada en diversos sitios del mundo y desde 1973 se otorga en su honor, el Premio a la mejor interpretación femenina de la temporada teatral de España. También en Alcalá de Henares hay un teatro que la recuerda y calles que tienen su nombre.Curiosa coincidencia. En el Año de 1969, con pocos meses de diferencia, ambas se sumaron a los más. Lola había cumplido 86 y Margarita ya pasaba sus 80. Seguían activas y vigentes y con fabulosos proyectos. Quizá está bien ilusionarnos que en el más allá, aunadas en el ángel Federico, para regocijo del cielo y de nosotros, monten la obra que aún nos deben

La casada infiel

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua me
sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían las
espadas de los lirios.

Me porté como quién soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Fuente: Roberto Alifano, poeta, narrador y ensayista, su obra está traducida a diversos idiomas, recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía y el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile, tuvo una estrecha relación con Jorge Luis Borges, para www.elimparcial.eswww.gracus.com.ar y www.ahoraeducacion.com

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