El 14 de junio de 1986, hace 35 años, falleció en Ginebra, Suiza, víctima de un cáncer de hígado, Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, ese polifacético literato argentino del Siglo XX, conocido simplemente como Jorge Luis Borges, quién naciera el 24 de agosto de 1899 en la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Escritor en lengua castellana y agnóstico en materia religiosa, a su muerte, a los 86 años de edad, sus restos fueron depositados en el Cementerio de los Reyes de la misma Ginebra donde estuvo radicado mucho tiempo.

Tuvo un par de parejas a lo largo del tiempo hasta que se casó, ya mayor, en 1967, con Elsa Astete Millán, de la que se divorció en 1970, para contraer matrimonio, más adelante, pocos meses antes de su fallecimiento con la escritora María Kodama, 37 años más joven que él. Educado en el Collége Calvin de Ginebra, fue bibliotecario, crítico literario, ensayista, editor, escritor, guionista, poeta, profesor y traductor para lo cual también utilizó los pseudónimos Alex Ander, Benjamín Beltrán, Andrés Corthis, Pascual Güida, Bernardo Haedo y José Tuntar. También escribió en coautoría con Adolfo Bioy Casares, Horacio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch. Trabajó en las universidades nacionales de Buenos Aires y La Plata y en la Biblioteca Nacional y fue miembro de las academias estadounidenses de las Artes y las Letras y de las Artes y las Ciencias. Sus obras más conocidas son “Ficciones” y “El Aleph”.

Impulsor del “realismo mágico” había pasado su infancia en la Argentina pero cuando contaba con catorce años su familia se fue a vivir a Suiza regresando en 1921 después de haber viajado mucho por Europa. Ya de vuelta en la CABA comenzó a publicar sus obras mientras trabajaba como bibliotecario y docente. Décadas más tarde, en 1955, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional por las autoridades del gobierno surgido del golpe antiperonista de ese año. También fue designado profesor de literatura inglesa en la UBA. Un año en el que se le produjo una pérdida de la visión que lo dejó casi ciego.

Un lustro más tarde su obra comenzó a traducirse a varios idiomas y así alcanzó gran difusión en Europa y los Estados Unidos de América, principalmente. En 1961 recibió, junto con el irlandés Samuel Barclay Beckett el Premio Formentor, en la isla española de Mallorca y en 1971 el Premio Jerusalén otorgado por la Feria Internacional de esa ciudad. Fue candidato durante tres décadas al Premio Nobel de Literatura pero tuvo como contratiempo para ello su conservadurismo político no sólo por haber recibido designaciones durante la autodenominada “Revolución Libertadora” en la Argentina sino, más gravemente, el haber aceptado un premio del dictador chileno Augusto José Ramón Pinochet para lo cual viajó a recibirlo en 1976, el año en que se produjera de este lado de la Cordillera de los Andes el genocida golpe cívico-militar que dio lugar al también autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.

Era descendiente de una familia que tuvo que ver con el proceso independista entre los que se destaca Francisco Narciso de Laprida, el presidente del Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816. Producto del estímulo hogareño a los cuatro años ya sabía leer y escribir dedicándose a revisar la biblioteca de su padre. Una institutriz británica también fue importante cuando asumiera su educación en 1905 de manera que a los once años ya pudo traducir “El príncipe feliz” de Oscar Wilde y hasta escribió en inglés un ensayo sobre mitología griega. En 1914 su padre sufrió el inicio de una ceguera como la que él tuvo cuatro décadas más tarde y por ello la familia viajó a Europa para un tratamiento especial pero a raíz de la Gran Guerra, luego rebautizada como Primera Guerra Mundial, se instalaron en Suiza donde estudió francés y cursó el secundario.

En 1919 el grupo familiar se instaló en Barcelona y luego en Palma de Mallorca y allí escribió dos libros que no se publicaron, uno de ellos “Los ritmos rojos”, unos poemas elogiosos de la Revolución Bolchevique. También en 1919 le editaron la poesía “Himno al mar” publicada en la revista “Grecia” el 31 de diciembre y cuyo texto es el siguiente:

“¡Oh, mar! ¡oh, mito! ¡oh, largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh, proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas!
Ambos con una sed intensa de estrellas;
ambos con esperanzas y desengaños;
ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria”.

En marzo de 1921 regresó a la Argentina donde la familia fue recibida en el puerto por el escritor Macedonio Fernández, amigo de su padre. En la ahora CABA publicó diversos trabajos y se relacionó con Leopoldo Antonio Lugones y Ricardo Güiraldes, entre otros destacados hombres de letras. Antes de regresar a Europa en 1923 escribió “Fervor de Buenos Aires” donde se confesó amante de la ciudad y a su regreso también escribió sobre temas que hacían a su porteñidad como el “Hombre de la esquina rosada”. Durante treinta años sus aportes lo convirtieron en uno de los más reconocidos, aunque también polémico, escritores de América. En tanto se había sumado al Grupo Florida que se reunía en la confitería Richmond disputando con el Grupo Boedo.

Ya en 1930 escribió un ensayo sobre Evaristo Carriego y se hizo amigo del joven escritor Adolfo Bioy Casares y en 1931 colaboró en la revista “Sur” que dirigía Victoria Ocampo. A lo largo de los años 1930 publicó numerosas obras y colaboró en diferentes revistas incluyendo traducciones como “A room of one´s own”, de Virginia Woolf. Las muertes de su abuela y su padre hicieron que tomase, a fines de la década, la responsabilidad de sostener su familia y por ello en 1938 comenzó a trabajar en la “Biblioteca Municipal Miguel Cané” del barrio de Boedo. Allí tuvo un accidente que lo llevó al borde de la muerte.

Sumado al grupo de grandes literatos argentinos por “Ficciones” obtuvo el “Gran Premio de Honor” de la Sociedad Argentina de Escritores, la SADE. El rechazo de sus afanes amorosos por parte de una joven fue el motivo de “El Aleph”. El original, regalado a la joven Estela, fue vendido por ella cuatro décadas más tarde a la Biblioteca Nacional de España en veinticinco mil dólares estadounidenses. Él, sin éxito, le había propuesto matrimonio y siguió tratando de atraerla hasta 1952. Para entonces ya era un manifiesto antiperonista. Su madre y su hermana fueron detenidas y a él lo designaron “inspector de mercados de aves de corral” por lo que renunció a su empleo. Fue cuando se hizo famoso su dicho “Los peronistas no son ni buenos ni malos, son incorregibles”. Ya en la década de los años 1950 alcanzó las mayores distinciones como que en ese 1950 la SADE lo nombró su presidente, cargo en el que permaneciera durante tres años.

Tras el golpe cívico-militar de 1955 fue puesto al frente de la Biblioteca Nacional, cargo en el que se desempeñó durante dieciocho años. En ese mismo año fue sumado a la Academia Argentina de Letras y como director del Instituto de Literatura Alemana a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Mientras siguió produciendo nuevos éxitos como “Los orilleros”, “Poesía gauchesca” y “El paraíso de los creyentes”. En 1956 dirigió el curso de literatura inglesa en la UBA, recibió el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Cuyo y fue nombrado presidente de la Asociación de Escritores Argentinos. A su vez su antiperonismo y pro golpismo lo hizo enemistar con otro grande como Ernesto Sabato con quién se reconcilió en 1973.

El 21 de septiembre de 1967, ya con 68 años, se casó con Elsa Astete Millán, una viuda de 57 años pero todo anduvo muy mal y en octubre de 1970 se separaron. Por entonces el había dictado clases en la Universidad de Harvard, en los EUA. Luego participó en importantes encuentros vinculados con el antirracismo en Chile, Europa e Israel. Siempre sin abandonar la escritura y las publicaciones como “El oro de los tigres”.

Tumba en Ginebra.

En 1973 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y ese mismo año aparecieron sus “Obras Completas”, editadas por Emecé. En el prólogo de esa compilación escribió: “Como De Quincey y tantos otros, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé qué mérito tendrán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo… La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambas son iguales”.

Y también en 1973, ante la victoria electoral de Héctor José Cámpora cuando él votase al partido Nueva Fuerza liderado por Álvaro Carlos Alsogaray, se refirió a los gobiernos de Juan Domingo Perón de 1946 a 1955 como “los años de oprobio”. En 1975, luego de la muerte de su madre, se dedicó a viajar acompañado por su ex alumna María Kodama con la que se terminó casando. Ya confirmado su cáncer se fue a vivir a Ginebra, a la que llamaba “una de mis patrias”. Murió recitando el Padre Nuestro y sus restos, como lo requiriese, fueron depositados en el Cementerio de Plainpalais, en Ginebra, sobre los que se encuentra una lápida elaborada por el escultor argentino Eduardo Longato.

Fuente: www.marcelobonelli.com.ar 

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