La manipulación de los clásicos: el Adam Smith que los sectores conservadores prefieren omitir

Es una práctica común entre ciertos intelectuales conservadores reinterpretar a pensadores clásicos para justificar posturas ideológicas contemporáneas. Un ejemplo reciente de esta tendencia es el artículo publicado por Marcos Aguinis en el diario La Nación, donde rinde homenaje a Adam Smith. Si bien recordar al padre de la economía política es válido, la versión de Smith que presenta el texto dista mucho del verdadero pensador de la Ilustración escocesa.

Aguinis, en sintonía con interpretaciones previas de autores como Mario Vargas Llosa o Alberto Benegas Lynch (h.), construye una caricatura del autor de La Riqueza de las Naciones. Lo expone como un defensor radical del egoísmo, un devoto de los mercados desregulados y un detractor del Estado.

Para sostener esta premisa, se suele recurrir a la famosa cita sobre cómo obtenemos nuestro alimento no por la benevolencia del carnicero o el panadero, sino por el propio interés de estos. A partir de allí, se intenta justificar que el motor del progreso es el egoísmo dentro de un “mercado libre”. Sin embargo, en la práctica, los mercados absolutos no existen; inevitablemente terminan condicionados por monopolios u oligopolios, o bien requieren la intervención estatal para evitar un darwinismo social destructivo.

El humanismo detrás de la economía

Lejos de ser un fanático del egoísmo, Adam Smith poseía un profundo espíritu humanista. En sus textos originales, dejaba claro que el bienestar de la clase trabajadora —la gran mayoría de la sociedad— era indispensable para el progreso del conjunto. Le indignaban la pobreza extrema y la explotación laboral, como el trabajo infantil en las minas británicas.

Incluso publicaciones de corte liberal, como la revista británica The Economist, han advertido que Smith suele ser mal citado por quienes lo consideran un fundamentalista del libre mercado. El economista escocés advertía sobre los peligros de dejar el mercado a merced del egoísmo sin ningún tipo de control, y le otorgaba al Estado la responsabilidad de intervenir ante las injusticias.

La advertencia sobre los monopolios y los salarios

Uno de los aspectos más omitidos por sus divulgadores actuales es la visión crítica de Smith sobre las clases dominantes. En La Riqueza de las Naciones, advierte explícitamente cómo los empresarios, al ser pocos, se asocian con facilidad (y con el aval de la ley) para mantener los salarios bajos, mientras que a los trabajadores se les prohíbe sindicalizarse. Smith denunciaba que los grandes comerciantes e industriales rara vez se reunían sin terminar conspirando contra el público para subir los precios.

Ya en 1927, el economista Jacob Viner desmontó la idea del Smith ultraliberal, demostrando que el escocés apoyaba múltiples intervenciones estatales: regulaciones bancarias, pago de salarios en moneda (y no en especies), incentivos a la industria, obras públicas, límites temporales a los monopolios y hasta restricciones en la exportación de granos en momentos de crisis.

Comprender el legado de Adam Smith requiere leer su obra completa y en su contexto histórico, evitando reducir su pensamiento a un panfleto político diseñado para legitimar la concentración económica del presente.

Fuente: ahoraeducacion.com

Ahora Educación

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