Santiago Senén González, estirpe de periodista y legado de la historia del sindicalismo: periodista e historiador del sindicalismo, cubrió desde la Revolución cubana hasta los grandes acontecimientos de nuestro país. Falleció ayer (26/10/22), a los 92 años.

Compartía con Gabriel García Márquez la certeza de que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Se inició en la época del periodismo bohemio y autodidacta, de aquellas redacciones donde la Olivetti y el cigarrillo marcaban el ritmo siempre nervioso de las noticias.

Santiago Senén González -quien falleció ayer, a los 92 años- fue de aquella estirpe de periodistas que nunca renunció a considerar los cafés porteños como una prolongación obligada de la redacción, donde ponía en debate la actualidad, siempre caliente, con amigos forjados en los años de batallas diarias.

Cumplía invariablemente la cita semanal de los almuerzos de periodistas que nacieron en el Club del Progreso, que reunían además a escritores, políticos y alguna rara avis que aparecía de tanto en tanto. Amigos como Rogelio García Lupo, Isidoro Gilbert, Oscar Serrat, Norberto Vilar, y muchos más fueron contertulios de estos encuentros que, para un oído atento, sirven para escribir en capítulos la historia del periodismo argentino.

El periodismo lo atrapó de pantalones cortos, en la década del ’50, como aspirante en la sección Deportes del diario El Mundo.

En esa redacción se codeó con los popes del periodismo de aquella época: Roberto Arlt, los hermanos González Tuñón, Conrado Nalé Roxlo, Rivas Rooney … Pasó por las redacciones de La Época, El Líder, Democracia, en los años marcados por el peronismo y por algunas batallas con los medios. Pero no aceptó ni rótulos ni embanderamientos. El periodista “alquila su talento” solía decir cuando se mencionaba la diversidad de medios para los que escribió.

Su largo camino como periodista está jalonado de historias. Como aquel viaje con su colega Augusto Bonardo a Venezuela, en 1958, que terminó en Cuba, atraído por unos barbudos que prometían una revolución. Sus crónicas hablan, por primera vez para diarios argentinos, de un líder argentino al que apodaban “el Che”.

Con varios colegas era, además, amigo entrañable: Mario Monteverde, con quien compartió “El último café”, en 1963, en el viejo Canal Siete y veinte años más tarde, lo acompañó en la dirección periodística de la Agencia Télam, durante el gobierno de Raúl Alfonsín. O Edgardo Sajón, secretario de prensa de Lanusse, secuestrado y asesinado en plena dictadura, en 1977.

Senén González trajinó redacciones durante más de siete décadas, exploró casi todos los campos del periodismo: la gráfica, agencias de noticias, radio, televisión, oficinas de prensa, corresponsal extranjero.

Estuvo de los dos lados del mostrador: de cronista a director periodístico; pero también fue por varios años delegado gremial, discutiendo paritarias, mano a mano con la patronal. Fue además historiador, especializado en temas gremiales y sociales, con una decena de libros publicados.

El primero con el sociólogo Juan Carlos Torre en 1969 y desde entonces no dejó de bucear las relaciones de poder del sindicalismo argentino. También las figuras más carismáticas, como las de Augusto Timoteo Vandor o Agustín Tosco. Otras buenas plumas lo secundaron; en “La trama gremial” (1994), “El sindicalismo en tiempos de Menem” (1997) y otros cinco libros con Fabián Bosoer; “El 17 de octubre de 1945” (2005) con Gabriel Lerman; “El ave Fénix” (2010) con Germán Ferrari. Su último libro fue sobre el Partido Laborista y su figura clave, Cipriano Reyes.

Legó sus su Archivo de Historia del Movimiento Obrero Argentino a la Universidad Torcuato Di Tella, que contiene documentos inéditos, entre ellos el acta de las reuniones del Congreso Normalizador de la CGT realizado en septiembre de 1957.

En 2019, la Academia Nacional de Periodismo lo distinguió con el premio Pluma de Honor, en reconocimiento por “su larga trayectoria y su compromiso constante con el ejercicio y la defensa de la libertad de expresión”.

Siempre “hay que estar vigente”, decía hasta el último día, que lo encontró publicando notas en los diarios de nuestro país.

Fuente: Graciela Petcoff para www. clarín.com

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