“Si la escuela pierde un alumno, lo regala a la delincuencia”, según el famoso psicopedagogo Francesco Tonucci. El especialista italiano en educación asegura que cuando los chicos se aburren en clase, es porque no tienen buenos maestros. Dice que una buena escuela es la que logra que los niños desarrollen sus potencialidades.   

“El derecho al estudio debería ser el derecho a tener un buen maestro”. Con esa frase
termina Tonucci una jugosa charla con La Voz, a minutos de bajarse del avión enCórdoba, después de 13 horas de vuelo desde Roma. Viste camisa escocesa y zapatillas. No luce cansado.Después de una entrevista para Voz y voto, el educador dice, por ejemplo, que cada alumno que la escuela pierde es un regalo para la delincuencia o que es insoportable que los niños se aburran en la escuela. Es sólo el principio de una conversación animada.Tonucci casi no necesita presentación. Los maestros lo conocen, los gobiernos le piden asesoramiento y la gente común lo sigue.Es maestro, pensador e impulsor de La Ciudad de los Niños, un proyecto que se expandió engran parte del mundo (incluso en la Argentina) y que busca el regreso de los niños a las calles.–Cuando hablo de los maestros de mis hijos, hablo de suerte. Lo digo en serio y no creo que
sólo me pase a mí. Mi primer hijo no tuvo suerte; la segunda ha tenido mucha suerte porquetuvo una maestra estupenda que le ha dado bases de las que está gozando hasta ahora; eltercero, regular.Esto es muy común y no puede ser. Por eso digo que en la escuela hay tres elementos: unoson los programas, los objetivos, lo que se propone que se realice; los otros, la didáctica y laevaluación. Nuestros gobiernos se han dedicado desde siempre al primero.En Italia cada gobierno ha hecho una reforma, se ha cambiado todo, disciplina, horarios,arquitectura de la escuela… Lo que ha quedado igual es la escuela. La escuela ni se ha dadocuenta de todas las reformas.Desde hace más de 10 años ha llegado a ser interesante el tercer punto: la evaluación. Lo quea nadie le ha interesado nunca es lo que ocurre adentro, la didáctica, los maestros. En todas lasreformas hay casi nada sobre la formación de los maestros.Yo creo que un buen maestro no necesita ni de programas ni de evaluaciones. Los que conocícomo buenos maestros siempre han tenido un afecto fuerte de los alumnos y un respaldo fuertede las familias.–¿El rol del maestro sigue siendo central para la transformación de las escuelas?–La buena escuela es la que sabe hacer lo que dice la ley sobre la educación, que ofrece a
cada uno de los alumnos la posibilidad de desarrollar sus capacidades individuales. Sobre estohay una poesía de Loris Magaluzzi que decía: los niños tienen 100 lenguas, 100 maneras depensar, de jugar, 100 lenguajes, pero les roban 99.¿Quién roba a los niños? Muchos. La escuela es uno de ellos. ¿Cómo hace la escuela pararobar tanto? Ofreciendo poco. La escuela no consigue ser una buena escuela porque sigueponiéndose como la escuela de la Lengua y de la Matemática.Todos los niños que encajan en esta competencia son buenos, los que van adelante. Los quenacieron músicos, periodistas, investigadores o artesanos quedan al margen y allí laresponsabilidad es muy fuerte.–¿Cuál es una buena escuela?–La escuela no debería poder perder ni un alumno. En Italia, la dispersión escolar no es muy
alta. Pero, entre los delincuentes, el 95 por ciento no ha terminado la escuela obligatoria. Estees un tema muy fuerte sobre el que la escuela tiene que reflexionar.La escuela no puede perder alumnos porque, si los pierde, los regala a la criminalidad. Estaes una responsabilidad muy grande.Esto significa que estos niños salen de la escuela como burros, como rechazados, comoincapaces, y encuentran un señor que les dice: “Yo confío en ti, aquí tienes una pistola,puedes utilizarla y yo te doy un montón de dinero, te reconozco”. La escuela no lo hareconocido, la escuela lo ha perdido.
Fuente: https://www.elclubdeloslibrosperdidos.org/

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