El ambiente en la sala de computación en la Escuela Jaime Guzmán de San Bernardo, en Santiago de Chile, es atípico para cualquier salón de clases.Los chicos de cuarto grado se dan palmadas de felicitaciones, se abrazan, sonríen. Uno besa a su compañero en la cabeza emocionado, con aires de triunfo, mientras ven un video pregrabado de sus padres animándolos.

La escena ilustra una efervescencia intensa. Una sala de clases llena de adrenalina preparándose para una competición: durante la siguiente hora, los estudiantes competirán con sus pares de la Escuela San Luis haciendo ejercicios matemáticos, en vivo, a través de un sistema único y pionero de pedagogía digital.

“Diez, nueve, ocho, siete…” gritan todos, sentados frente a sus computadoras. Y arranca el partido. Así, los estudiantes gambetean conceptos como las sumas con reservas. Un comentarista en la pantalla grande va narrando los resultados en vivo. Algunos usan sus dedos para contar. Otros calculan por escrito en sus cuadernos y luego ingresan la respuesta en la computadora. Se consultan unos a otros mientras el profesor monitorea todo desde su escritorio.

Esta competencia es parte del programa Conecta Ideas, uno de los más efectivos en todo el mundo en enseñanza de matemáticas con tecnología. Una rigurosa evaluación, financiada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el International Development Research Center del gobierno canadiense, reveló que los chicos que participaron en el programa cerraron brechas con escuelas en barrios más ricos y tuvieron resultados equivalentes a medio año de estudios adicionales. Para la enseñanza en matemáticas esto es un logro inimaginable hace décadas.

Conecta Ideas es la creación de Roberto Araya, quien trabaja en el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile. Araya dice que, en matemáticas, no hay atajos. . “Si la gente practica, es claro que va a mejorar,” dice. “A lo mejor no todos vamos a ser un Messi, pero todos mejoramos”.

¿Cómo practicamos algo que es usualmente considerado como “aburrido”, como las fracciones? Araya es doctor en ingeniería eléctrica, pero también es un apasionado de la psicología del aprendizaje. Pudo testear el uso de la tecnología en el aprendizaje de matemáticas en casa, donde educó a sus cinco hijos. Por una hora al día hacían ejercicios de matemáticas con la computadora, donde veía que el entusiasmo inicial por la novedad, por aprender, se desvanecía con el tiempo.

“Quizás en kínder sea entretenido, porque uno juega con los bloques y arma colores”, dice. “Cuando pasamos a sumas con reservas a fracciones y más arriba, el interés decae enormemente, aún en los países que les va muy bien como Japón, Corea del Sur y Singapur. Ahí los estudiantes practican mucho, pero no les gusta”.

El uso de la tecnología para mejorar el aprendizaje y la motivación en matemáticas es uno de los grandes retos en América Latina, donde 6 de cada 10 niños no se gradúan con las habilidades en matemáticas que necesitan.

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LA FALSA CREENCIA: BASTA CON UN LAPTOP PARA MEJORAR EL APRENDIZAJE

La literatura nos dice que entregar una computadora o laptop a un chico sin guía no mejora el aprendizaje. El aprendizaje con tecnología guiada sí funciona mejor, pero no soluciona el problema de la motivación a estudiar: los ejercicios reiterados de divisiones son aburridos, ya sea en papel o en pantalla.

Conecta Ideas es parte de una tendencia en tecnología de la llamada “gamificación”, o el uso de juegos digitales para motivar a los estudiantes y generar una competencia sana. Esto es lo que la economía del comportamiento llama “motivación positiva”, mediante el uso de premios y mensajes.

Araya diseñó un sistema donde  los estudiantes hacen los ejercicios en la sala de computación dos veces por semana, por sesiones de 90 minutos cada una. Otras dos sesiones se hacen en la sala de clase normales, con la enseñanza tradicional. El programa da puntos y premios, y el alumno puede ver dónde se ubica semana a semana frente a sus pares, y el colegio es clasificado frente a otros, con un nuevo ranking cada semana.

El gran factor de diferenciación fueron las competencias entre cursos paralelos en otras escuelas, o emparejando a un alumno con otro. En 2016, 11 escuelas ya usaban Conecta Ideas en Lo Prado, una de las comunas más pobres de Santiago de Chile.

“Esto es monitoreo en tiempo real”, dice Elena Arias Ortiz, especialista en educación del BID que participó en la evaluación del programa.. “Estas cosas son muy difíciles de hacer sin el apoyo de la tecnología”, comenta.

Sin embargo, el elemento competitivo trajo controversia. “Hay gente que nos ha criticado porque promovemos la competencia”, dice Araya. “El argumento que damos es que, en las sociedades democráticas, hay competencia. Es parte normal de la vida de las empresas, de todos lados. Y es un importante mecanismo motivacional para los estudiantes”.

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“UN POCO NERVIOSO”

Araya reconoce que estaba “un poco nervioso” cuando vino al BID. Lo que buscaba era una evaluación rigurosa para ver si Conecta Ideas de verdad funcionaba. “Uno tiene muchos años invertidos”, dice. Sin embargo, era necesario someterse al veredicto de los datos para comprobar si el programa funcionaba tan bien como parecía. La evaluación utilizó un instrumento que ya existía dentro del sistema educativo chileno: la llamada prueba SIMCE (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación), con la que todos los alumnos del país son evaluados.

En la evaluación de Conecta Ideas participaron 24 escuelas entre marzo y noviembre de 2017, de las comunas de San Bernardo, Maipú, La Pintana y Quinta Normal en Santiago de Chile. La mitad de los cursos de cuarto grado de estas escuelas fueron el grupo de control, es decir, hicieron sus cursos de matemáticas tal como lo hacían siempre, mientras que en la otra mitad de los cursos se implementó el programa.

El resultado cayó en “el rango más optimista de lo que pensaba”, señala Araya. La evaluación fue categórica: la mejora en el aprendizaje de matemáticas de los estudiantes producto de Conecta Ideas equivale a casi medio año más de estudio. Pero no solo eso: el programa redujo la brecha con una escuela promedio del país en un 70 por ciento.

Hoy, el gobierno chileno está viendo la manera de expandir el programa a nivel nacional, y Perú está escalando una versión de Conecta Ideas en 42 escuelas. Además, un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins ha presentado una propuesta a la National Science Foundation para replicar el programa en Baltimore, Estados Unidos.

“Los resultados son muy alentadores”, dice Julián Cristia, experto en temas de educación en el Departamento de Investigación del BID, pero agrega que queda trabajo por delante. El estudio reveló que hubo un incremento en la ansiedad relacionada con estudiar las matemáticas. “El uso de tecnología puede traer consecuencias no deseadas, y debemos trabajar para eliminar, o al menos reducir, estos efectos”, dice.

Aún así, los resultados probaron que el cambio en la metodología puede acortar dramáticamente la brecha educacional entre ricos y pobres: un niño promedio en una comuna de menores ingresos en Santiago de Chile, como San Bernardo, está rezagado en un año con otro de una comuna rica, como Las Condes o Vitacura. Recortar esa brecha en seis meses a un costo relativamente bajo, usando instalaciones que muchas escuelas ya tienen, “es el equivalente a una goleada para un programa de educación con tecnología”, señala Cristia.
 

Fuente: https://www.iadb.org/  

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