lunes, julio 22, 2024
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Universidad híbrida

Universidades: desafíos para un futuro entre la virtualidad y la presencialidad. La pandemia causada por el coronavirus, ha planteado nuevos retos para la enseñanza en un mundo que tiene que adaptarse a recibir el conocimiento por múltiples vías.

Al igual que ocurre en todo el mundo, en Latinoamérica y en Argentina, las universidades comenzaron a analizar la revolución en el modelo educativo tradicional que dejará la pandemia causada por el virus del Covid-19, las oportunidades de mejora y los desafíos que se avizoran para la pos-pandemia.

El Informe “Covid-19 y educación superior: de los efectos inmediatos al día después” del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la UNESCO, advierte que los efectos presentes de la crisis sobre la educación superior dejarán huella en los distintos actores a mediano y a largo plazo, debido a la falta de referencias a crisis semejantes en el pasado, haciendo impredecible qué pueda suceder en el futuro inmediato; el impacto que el cese temporal de las actividades presenciales ha dejado en los estudiantes y cómo afecta laboral y profesionalmente al profesorado y personal no docente.

En esta situación extraordinaria, las instituciones de educación superior se han visto forzadas a aplicar estrategias que les permitan sostener los objetivos propuestos de enseñanza-aprendizaje, de forma remota. Sin embargo, estas estrategias no son efectivas en todos los ámbitos para poder obtener un funcionamiento pleno.

Daniele Vieira, Analista Senior del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO, destacó: “la región de América Latina está pasando por una serie de desafíos en la educación superior desde que inició la pandemia. Creo que los principales desafíos están en el acceso de estas instituciones durante la pandemia, ya que se produjo un cambio en el factor ambiente”, y opinó que “globalmente, existen muchos problemas económicos y no todos los países tienen la capacidad financiera de ampliar el sistema educativo, aunque ese sería un escenario ideal: educación pública y de calidad para todos”.

En Argentina, se dispuso la suspensión de clases presenciales desde el 14 de marzo de 2020, lo que obligó a las instituciones educativas a virtualizarlas en muy corto tiempo. Esto implicó la necesidad de adaptación de nuevas formas de aprendizaje, comunicación y sociabilización. 

El Lic. Jaime Perczyk, Secretario de Políticas Universitarias, aseguró que se sigue trabajando para garantizar el dictado de clases a todos los estudiantes, y destacó que “hubo un aumento muy importante de la inversión y de los aportes materiales, ya que se pagan gastos de funcionamiento a todas las universidades”. El Secretario de Políticas Universitarias adelantó, además, que seguirán trabajando en la presencialidad y virtualidad, siempre que “las condiciones sanitarias lo permitan”. 

Desde la Universidad Tecnológica Nacional-Buenos Aires, el Ing. Guillermo Oliveto, Decano de esa Facultad consideró que “la Pandemia, impulsó procesos que en algunas universidades estaban en marcha. En la nuestra había un trabajo importante de virtualización que se profundizó y se generalizó. En paralelo dejó al desnudo las falencias de infraestructura que tiene el país, no sólo por la situación de nuestra Facultad, ya que la mayoría de la gente que vive en la Ciudad de Buenos Aires tiene acceso a una conectividad medianamente buena, pero a medida que uno se aleja del centro urbano la conectividad se dificulta y muchas veces se depende de los datos telefónicos, que son también bastante exiguos”.

Desafíos durante la pandemia

Una gran cantidad de estudiantes han quedado por fuera de los sistemas educativos y muchos otros han podido continuar sus estudios con un esfuerzo extraordinario.

De la misma manera, estudiantes y universidades tuvieron que adaptarse a un entorno digital en donde se debían repensar y sostener el vínculo entre alumno-institución.

La falta de recursos y calidad de conexión refuerzan las diferencias y acentúan las necesidades en cuanto al acceso a la educación, lo que marca aún más la brecha de América Latina y el Caribe en comparación con estados más avanzados, afectando a 23,4 millones de estudiantes de educación superior y a 1,4 millones de docentes, teniendo como resultado la dificultad en la socialización y la inclusión en general a más del 98 por ciento de esta población en estas regiones, según el informe de la Unesco.

El mismo también resalta que, en promedio, solo la mitad de las personas de entre 25 y 29 años que estaban matriculadas no completaron sus estudios, ya sea por abandono o porque aún continúan estudiando. De los que abandonan, la mitad lo hace en el primer año de su carrera 

“Tenemos estudiantes en el sector privado que al día de hoy, sin ayuda financiera, no consiguen continuar con sus estudios, por lo que se produce una interrupción en el proceso de formación. Esto provoca que muchos estudiantes, debido a la crisis económica, se vean más vulnerables a la hora de retomar los estudios”, asintió Daniele Vieira.

En ese sentido, el Decano de la UTN Buenos Aires, detalló que durante la Pandemia quedó al descubierto “la pobreza estructural que hay en ese sentido -en Argentina-, haciendo que, incluso, las cátedras tuvieran que adoptar algunas metodologías como la grabación de la clase para que el estudiante tuviera material que pudiera ver de forma offline, con todo lo que eso significa, ya que no tiene la oportunidad de realizar preguntas en el momento de la clase”.

Por otro lado, confirmó que “nos enfrentamos con muchos problemas. Uno de ellos y el cual afecta a toda América Latina es la falta de una estructura de conectividad, complicando no sólo a las universidades, sino también las casas particulares de cada uno, teniendo que adaptar espacios propios para poder convertirlos en una especie de aula virtual. Esto implica una complejidad, pero lo supimos atravesar”.

A partir del Covid-19 se han reconfigurado los aprendizajes. La pandemia produjo un reencuentro con los recursos digitales, que fueron aprovechados con creatividad, de manera innovadora, proveyendo respuestas a las nuevas necesidades, tanto de alumnos como de docentes.

Esta nueva forma de enseñar, que se instauró como respuesta al contexto, hace que no se pueda volver a la metodología de enseñanza prepandemia y genera la necesidad de comenzar a pensar en aulas híbridas, las cuales requerirán de nuevas metodologías para la toma de exámenes, la generación de nuevos materiales de estudio, y un replanteo general de eventos académicos, de la comunicación docente-alumno, entre otras.

En Argentina, el Ministerio de Educación lanzó el Plan de Virtualización de la Educación Superior II (PlanVES II), diseñado por la Secretaría de Políticas Universitarias, con el objetivo de brindar a las instituciones universitarias recursos para fortalecer los espacios de formación presencial y remota y el desarrollo e implementación de Aulas Híbridas. Las aulas híbridas permiten el dictado de clases presenciales y virtuales al mismo tiempo y facilitan el material grabado para su permanente consulta. El plan prevé una inversión de 1.500 millones de pesos en software y hardware.

“Evidentemente la universidad no va a ser la misma porque hay situaciones de las que ya no se vuelve, como por ejemplo, a clases presenciales de lunes a sábados. Creo que eso va a cambiar. Se profundizaron bastante algunas temáticas como laboratorios remotos, que van a permitir una realización de experiencias fuera del lugar. Pero de todas formas, y sobre todo en lo que es Ingeniería, hay una necesidad de presencialidad. Cuando la situación lo permita creo que vamos a una modalidad mixta, en la que va a haber presencialidad en trabajos prácticos de laboratorio y en algunas actividades de relacionamiento y el resto va a seguir siendo virtual”, según Oliveto. 

Este nuevo modelo educativo ha transformado la forma de aprendizaje y comunicación, otorgándoles a los docentes nuevas herramientas de enseñanza entre las que se destacan los sistemas de videollamadas, las plataformas interactivas, los entornos virtuales como las aulas y distintas plataformas de e-learning. Estas nuevas plataformas y dispositivos han sido el vínculo entre alumnos y profesores durante toda la pandemia. Y han dejado en evidencia la importancia de la tecnología en la enseñanza, no sólo como una nueva forma de interacción, sino también en el uso de los tiempos de enseñanza, acortando distancias y permitiendo una comunicación rápida y fluida.

Por otro lado, las nuevas plataformas de uso diario como meet de Google o Zoom, permiten grabar las clases, dándole a los alumnos la posibilidad de ver una clase a destiempo o repasar los contenidos dados durante la misma.

Según la Unesco se han superado los 1.500 millones de estudiantes sin poder asistir a clases por la pandemia de COVID-19 en todo el mundo. Esas cifras equivalen al 91% del total de estudiantes inscriptos en 188 países.

La implementación de esta nueva modalidad de enseñanzas obliga a cambiar el paradigma y a pensar que el modelo de aprendizaje necesita tiempo de adaptación y un cambio cultural que comenzó a darse.

Por otro lado, la incorporación de nuevas tecnologías, crea un nuevo modelo de aprendizaje por competencias más presente e importante que impactará en el mercado laboral.

Daniele Vieira, Analista Senior del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) de la Unesco, planteó que la aceleración de las transformaciones en el mercado laboral “me parece un camino inteligente para poder ir a la par en esta velocidad de cambio”.

El informe de la UNESCO, sostiene que “es crítico contar con un marco de referencia que presente la salida de la crisis como un proceso con distintas fases sucesivas, cada una de ellas con distintas prioridades. Bien aprovechada, esta salida puede ir más allá de la instalación de una nueva normalidad para traducirse en una oportunidad de reestructuración de la provisión de la educación superior con mayor calidad y equidad”.  

El marco de referencia contempla tres fases distintas y las prioridades en términos de procesos que deben permitir transitar entre estas fases, que son: continuar, a pesar de la crisis sanitaria, garantizando la prestación del servicio en ausencia de posibilidades de presencialidad y, por tanto, la continuidad pedagógica a distancia; reabrir, es decir, facilitar la reapertura de las IES, con las limitaciones que impongan las autoridades sanitarias, para reanudar las actividades pedagógicas presenciales. Esta es la fase en la que la mayoría de los actores sitúan el horizonte deseable; reestructurar o, en otras palabras, generalizar un nuevo modelo de organización de los procesos de enseñanza y aprendizaje, típicamente híbrido, para mejorar la calidad del servicio y también la equidad, sacando partido de las lecciones aprendidas durante la fase de continuidad pedagógica. Es una oportunidad que tal vez no todas las IES serán capaces de entrever y aprovechar.

El Centro de Investigación e Innovación Educativa (CIIE) de la UTNBA, realizó un conversatorio, llamado “Analizando las experiencias de las Facultades de Ingeniería en Pandemia”, en el Ing. Uriel Cukierman, Director del Centro, presentó su análisis “La emergencia de la emergencia en la educación superior en Argentina”, en el que manifestó que hay coincidencia en comprender la necesidad de una enseñanza mixta que incluya lo virtual y lo presencial en su planificación y despliegue didáctico: “la virtualidad estará presente en el uso de algunas herramientas que los docentes han considerado sumamente ricas, como los entornos virtuales; encuentros sincrónicos para la explicación de diferentes temas y seguimiento individualizado de los estudiantes”, detalló.

“Creemos profundamente -continuó- que esta emergencia a la que nos estamos enfrentando facilitará, si se administra adecuadamente, la emergencia del nuevo sistema educativo que la sociedad del siglo XXI estaba demandando desde hace mucho tiempo”.

Según una encuesta realizada por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU), el 99,5 por ciento de los docentes relevados aseguró que en 2020 tuvo que transformar el dictado de sus materias a la modalidad virtual para poder continuar con las actividades académicas, y el 87 por ciento de ellos sostuvo que logró cumplir con los objetivos propuestos. 

En paralelo, el 67 por ciento de los docentes encuestados se manifestaron “satisfechos” y “muy satisfechos” con las acciones realizadas por la universidad para hacer frente a la pandemia. Ese porcentaje se encuentra en línea con la opinión de estudiantes y trabajadores no-docentes, los cuales manifestaron estar satisfechos en un 72 y 76 por ciento respectivamente. 

Por otro lado, el 96,4 por ciento de los docentes optaron por evaluar a sus alumnos mediante trabajos prácticos individuales asincrónicos (58 por ciento); evaluaciones escritas sincrónicas (49 por ciento); exámenes escritos asincrónicos (45 por ciento) y trabajos prácticos grupales (43 por ciento). Apenas el 19 por ciento de los docentes se inclinó por evaluar a sus alumnos en forma oral.

Fuente: https://www.frba.utn.edu.ar/universidades-desafios-

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