lunes, mayo 27, 2024
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Los «hippies» en la Patagonia

A partir de 1969 se produce la llegada de los hippies a El Bolsón. A pesar de proclamar el pacifismo, oponerse a la guerra de Vietnam, condenar la estructura social burguesa y prejuicios arraigados, en la apacible aldea suscitan desconfianza y aprensiones perturbadoras. Sin embargo, con el transcurso del tiempo comenzaron a destacarse por su creatividad y laboriosidad y la defensa del medio ambiente, logrando formar una próspera colonia de artesanías y productos naturales. Han sido pioneros de industrias que actualmente son líderes en producción y desarrollo hortícola.

Los enclaves patagónicos, exponentes de una alta tasa migración-emigración, atraen a desencantados de las grandes urbes que optan por el éxodo cuando no hallan alicientes para perseverar o vislumbran que la alienante metrópoli les corroe la identidad. Incluso hasta gente sencilla ilusionada con una mejor calidad de vida y no pocos visitantes fascinados por paisajes que los compelen a radicarse allí de manera fulminante, como si el encantamiento panorámico colmara todas sus fantasías. Otros, acosados por diversas causas, como un mero operativo de salvamento.

Aunque en ocasiones la realidad decepciona, y se necesita disimularla con ficciones y utopías.

Hubo quienes emprendieron ese camino de ida verificando luego que lo que dejaron atrás no era lo peor porque se marcharon librados a su suerte y salvo la naturaleza, nadie los estaba esperando en ese deshabitado y extenso territorio imposibilitado de aceptar lo que más necesita: habitantes. Para ellos, en los despoblados setecientos cincuenta mil kilómetros cuadrados de la Patagonia, puede no haber lugar.

Curiosamente, entre los arribados a ese singular escenario y persistieron conservando su idiosincrasia y hasta imponiendo ciertos modos de actuar y pensar, estaban los exponentes de una comunidad que suscitaba prevenciones y hasta cierto sarcasmo: los hippies.
Lanza del Vasto y “los hippies de los lunes”

Distinguieron a El Bolsón para desentenderse de la realidad. Un destino que admitía reconciliarse con la existencia y sentir respirar a la naturaleza.

En 1969 el conjunto teatral que representaba la opera rock Hair, concitando el fervor de los hippies, se estableció en El Bolsón persuadido de que había descubierto el santuario que les consentía vivir en comunión con el medio ambiente. La noticia se propagó y acudieron hippies desde distintos lugares del país soñando con la congregación ideal, esperanzados en integrar una comunidad liberada de la alienación y el consumismo, rasgos negativos de la sociedad moderna.
Este embate contra el establishment trascendió al mundo cuando en 1977 visitó El Bolsón el italiano Lanza del Vasto, discípulo directo de Mahatma Gandhi, para organizar un campamento ecuménico; pregonaba que Occidente constituía un gran engaño y que era necesario que el ser humano “pudiera estar en paz y bastarse a si mismo”. Una sugestión problemática dentro de un mundo martirizado por una encarnizada guerra fría que enfrentaba al “individualismo occidental y el colectivismo soviético”.
Introducido en la Argentina por Victoria Ocampo, cuya editorial Sur publicó su muy difundido Judas, donde “el poeta y filósofo, investigador del alma humana y su velado destino” expuso su peculiar concepción. Poseído de una vocación mística y profética volcaba sus reflexiones maduradas en su largo peregrinaje por el continente europeo, Palestina y la India “a pie, sin dinero y desarmado”.
Su interpretación de Judas suscitó polémicas: lo definía como un individuo sin sosiego, atormentado, ambiguo, rasgos que bien podrían albergarse en toda intimidad humana, sugiriendo que cada persona tiene, potencialmente, algo de Judas.
Sus seguidores en El Bolsón integraron la Orden Laboriosa y fue uno de sus miembros quien reveló que no llegó a constituirse una amplia comunidad porque “la ambición de la propiedad” disoció los esfuerzos.

Pero algunos aprendieron a trabajar la tierra, dedicándose al cultivo y a la cría de animales adquiriendo chacras, dado que disponían de recursos por provenir de familias pudientes. Eran los llamados “hippies de los lunes”, porque ese día de la semana se hacían presentes en el correo para cobrar los giros o retirar las encomiendas que les enviaban sus familiares.

Y así, en El Bolsón y en otros parajes de la Comarca Andina los hippies intentaron vivir en comunión con la naturaleza y sustraerse a las convenciones establecidas, exteriorizando hábitos y vestiduras extravagantes pero también la sagacidad para destinarse un paisaje privilegiado enmarcado por magníficos bosques y vigorosas montañas, surcados por ríos y arroyos cristalinos vivificantes. Literariamente eran consecuentes lectores de Herman Hesse y del controvertido Carlos Castañeda, autor de Las enseñanzas de Don Juan.

Donde lo mágico es natural

De acuerdo con el trazado de la línea fronteriza de 1902 el valle, llamado por entonces Valle Nuevo, pasa a formar parte del territorio argentino y los colonos residentes, que al promediar la década de 1880 llegaron desde Chile en la creencia de que esas tierras eran chilenas, se oponen y deciden fundar la República de El Bolsón, cuya duración apenas excedió al alboroto de la proclama.
A partir de 1969 el pueblo, ya con cinco mil habitantes, se conmociona con la llegada de los hippies, a quienes observaban con recelo, sospechados de inadaptados y adictos al consumo de marihuana y aunque preferían al amor antes que a la guerra hubo quienes suponían que no lo profesaban con la contención o límites determinados por hábitos púdicos sino más bien como una lasciva comunión de cuerpos.

Además, proclamar el pacifismo, oponerse a la guerra de Vietnam, condenar la estructura social burguesa y prejuicios arraigados, en una apacible aldea, suscita desconfianza y aprensiones perturbadoras.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo los hippies comenzaron a lucirse en las actividades que emprendían destacándose por su creatividad, al punto que la feria artesanal que improvisaron en 1979 para vender los excedentes de su producción en doce puestos, ya sumaban doscientos en el 2003 y los habitantes, dieciocho mil.

Según expresiones de un hippie: luego de enfrentar a todo ese ku klux klan discriminatorio creado por la gente y las autoridades –con no pocos actos de brutalidad policial- se benefician ahora de la feria que hicimos los hippies y que es la principal atracción turística alrededor de la cual se levantaron hoteles, restaurantes, comercios y se ampliaron e instalaron nuevos servicios.

El slogan de la Feria Regional: “Donde lo mágico es natural”, no deja de ser un reconocimiento a la creatividad desplegada por extravagantes protagonistas de una inmigración que impregnó su díscola concepción de la vida con original vitalidad.

En tanto, otros hippies se convirtieron en docentes, naturalistas y ecólogos destacándose con sus iniciativas en el país y en el extranjero, como el proyecto Lemu: protección de bosques, creación de viveros de árboles nativos, programas que integran los aspectos sociales, ecológicos y económicos en establecimientos educativos, apoyados por Deep Forest, Unicef, Ancient Forest y Forest Native Networ.
La singular tipología de La Comarca incluye pintores, músicos, escultores, escritores, bailarines, orfebres, ceramistas, y cohabitan hippies, europeos, descendientes de pioneros, paisanos, sudamericanos y turistas de los cuales algunos optan por quedarse a vivir, o regresar para radicarse. En la plaza Pagano lucen una gran variedad de productos artesanales, desde prendas, orfebrería, instrumentos musicales, cervezas, frutas finas como cassis, frambuesas, grosellas, corintos, arándanos, moras, guindas, cerezas…que ya están adquiriendo prestigio como productos de exportación.

Caracteriza a la región una intensa actividad cultural y es prioritaria la conciencia ecológica: el resguardo de los bosques, el cultivo de huertas orgánicas en las que se instruye para que el área sembrada rinda hasta cuatro veces y la bioconstrucción, tan simple como económica.

Una vinculación sustentable entre la Naturaleza y el ser humano

La edificación de casas con adobe atrae a muchas familias que se inscriben en los talleres organizados por Bioconstruyendo, pero también participan estudiantes de arquitectura de distintos lugares de Argentina, sudamericanos y europeos. El proceso de construcción revela recursos novedosos, tan variados como ingeniosos. Una de sus técnicas: “Súper Adobe”, creada por el bioconstructor iraní Nader Khalili, interesó a la NASA para edificar en la Luna y consiste en rellenar con arcilla bolsas largas y angostas con formas parecidas a las del iglú; una vez terminadas se quema las bolsas dejando al descubierto el relleno.

Un bioconstructor afirma: “Se puede hacer la casa que uno proyecta o imagina, no hay límites a la creatividad”.

El CIDEP, Centro de Investigación, Desarrollo y Enseñanza de Permacultura (epítome de los vocablos permanente y cultura) es una entidad que enseña variados sistemas sustentables, tales como aprovechamiento solar, energías alternativas, huertas orgánicas, protección de reservas naturales, reciclado, entre otros. Situado en Mallín Ahogado, a 15 kilómetros de El Bolsón, recibe el aporte temporal de voluntarios argentinos y extranjeros que conviven y trabajan con integrantes del Centro. Afirma un directivo: “La permacultura auspicia un nuevo tipo de vinculación, permanente y sustentable, entre la naturaleza y el ser humano”.

Entre los diversos sectores que integran la sociedad hay notorias diferencias pero conviven con relativa armonía dentro de un peculiar cosmopolitismo; están los nacidos y criados en la región, antiguos pobladores descendientes de los pioneros, paisanos de origen indígena, artesanos y personas o grupos que buscan instalarse para participar de la actividad turística o comercial.

Pero la afluencia de los que pretenden vivir en comunión con la naturaleza persiste, y es la que define en gran parte la idiosincrasia de la región. El culto por la ecología, la apreciación y el respeto por las etnias originarias y la constante búsqueda de técnicas y procedimientos para incrementar la calidad de vida y difundirlas.

La actividad cultural que desarrollan es intensa y trasciende los límites de La Comarca a través de artistas que ya tienen renombre internacional. También conviven variados grupos religiosos: distintos dogmas evangelistas, mormones y hasta fieles de la orden Sufí, islamitas cuyo líder espiritual es llamado el Sheik de la Patagonia.

Por supuesto, el hippie tal como se lo conoció en el pasado ya es una rareza, pero le cabe el mérito de haber inspirado un estilo de vida creativo y, por su propia filosofía de la existencia, siempre proyectado al futuro en consonancia con el resguardo de las primacías de la naturaleza, a la que interpretan y le son decididamente fieles.

Muchos visitantes admiran esa veneración de la ecología, y despierta en su propia conciencia la necesidad de velar ellos mismos por la buena salud del medio ambiente.

Cuando el conquistador español Juan Fernández partió de Chile en 1620 a la búsqueda de la Ciudad de los Césares, el inasible destino de la riqueza mágica, y no la halló en El Bolsón es posible que haya descreído del rumbo pero no de la meta idealizada. Y los hippies, aunque su forma de concebir la realidad haya parecido fantasiosa, extravagante, de alguna manera llegaron a destino.

Fuente: Roberto Hosne para www.elarcadigital.com.ar

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