La pedagoga y ex-diputada nacional Adriana Puiggrós fue reconocida con el título de Profesora Honoraria de la Universidad Nacional de Rosario. En diálogo con la radio de esa casa de estudios, se mostró preocupada por la Educación.

La pedagoga, ex ministra bonaerense del área y ex-diputada nacional, Adriana Puiggrós, fue reconocida como profesora honoraria de la Universidad Nacional de Rosario. La mención fue otorgada “en reconocimiento de su vasta trayectoria y su compromiso inclaudicable desde el ámbito académico y político en defensa de la educación pública”.

Puiggrós es doctora en Pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México y es valorada como una referente internacional en materia educativa. Asimismo fue tres veces diputada nacional.

La primera de ellas fue entre 1997 y 2001, por la Alianza, y entre 2007 y 2015, por el Frente para la Victoria. Entre otros reconocimientos recibió la distinción de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Plata y además fue merecedora del Primer Premio Ensayo del Convenio Andrés Bello, la beca de la Fundación Guggenheim y la mención de la Fundación Konex.

En diálogo con Apuntes y Resumen, la ex-funcionara dijo que “es algo muy importante, estoy profundamente agradecida por el significado académico, afectivo y político. Esto fue aprobado por unanimidad del Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades y el Consejo Superior de la Universidad. He trabajado desde hace muchos años en diversas cuestiones en la UNR y vinculadas a ella. Lo único que puedo decir es gracias”.

Acerca del estado de la educación valoró  “Algo que me conmovió mucho fue ver la movilización estudiantil por la conciencia sobre la situación política que se está viviendo y la responsabilidad respecto a la universidad”.

En el otro extremo se mostró preocupada por “el intento de dispersar el sistema de educación pública, y no es solo un problema argentino: los sistemas públicos de Occidente están siendo atacados por los grandes”.

En ese sentido explicó: “El proceso de evaluación PISA es producido por la editorial Pearson y a través de la OCDE terminan siendo impuestos a sus países miembros. La OCDE sacó una resolución en la cual la educación es un bien transable, por lo cual es objeto de compra–venta del mercado, y por lo tanto exige a los países miembros que se retiren de sus obligaciones educativas”.

“El Gobierno argentino está muy interesado en que lleguemos a ser miembros de la OCDE, del patio de atrás de la OCDE, pero va a tener que cumplir con estas normativas”, afirmó.

“Estamos en el proceso del retiro del Estado y el desfinanciamiento de la educación pública, aunque también pega en la privada. Las grandes corporaciones se introducen también en las instituciones educativas privadas, lo cual genera preocupación”, agregó.

Acerca de los ganadores, apuntó: “son los ganadores del modelo monetarista, anti-industrialista y exportador de productos agrícolas agregados con glifosato o de la minería que no paga impuestos. A nivel mundial -destacó Puiggrós- hay un proceso de concentración de la riqueza, del poder, de la cultura, de la investigación científica tecnológica y de la educación”.

Fuente: http://radio.unr.edu.ar/

La receta de Banco Mundial

¿Qué tienen en común las reformas educativas implementadas en países tan diferentes como Chile, México y Perú con la que se intenta imponer en Argentina? Que todas se originan en una misma oficina: el Banco Mundial. Desde la concepción neoliberal, este organismo impone las reformas educativas marcadas por la privatización y mercantilización de la educación, en un contexto de culpabilización, estigmatización y desvalorización del trabajo docente desde los sectores del poder.

La reforma educativa argentina que se expresa en el proyecto de Ley denominado Plan Maestro (proyecto que en la actualidad sigue en estado “borrador” y no se ha presentado oficialmente en el Parlamento) guarda estrecha relación con el documento “Profesores excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe” elaborado por economistas del Banco Mundial en 2014. Este organismo impulsa para todos los países de América latina una receta única basada en tres pasos: 1) pruebas censales a los estudiantes con una divulgación de los resultados, bajo el lema de transparencia; 2) pago de bonificaciones a las escuelas basado en el progreso de los aprendizajes de los alumnos, bajo la lógica del premio; y 3) evaluación individual y voluntaria a los docentes para que rindan cuenta de su desempeño, acompañada de recompensas financieras a aquellos que acepten ser evaluados y muestren buenos desempeños.

La lógica que subyace al documento del Banco Mundial expresa un pensamiento lineal y simplista que muestra una relación directa entre enseñanza y aprendizaje, negando la existencia de múltiples factores que actúan como condicionantes de esta relación. Se afirma que sólo se precisan “profesores excelentes” para mejorar los aprendizajes, en tanto el docente es el único responsable de la calidad de la educación que se expresa a través de los resultados de “pruebas estandarizadas”. Siguiendo con esta lógica reduccionista, se asocia a la educación con el crecimiento económico y la competitividad y se afirma que, si bien existe poca evidencia empírica que respalde estas reformas, en los países que las aplicaron se observan resultados positivos. Además, se plantean como “estrategias para reforzar la rendición de cuentas”, la reducción o eliminación de “la estabilidad laboral docente, aumentar la supervisión de parte de los directivos y empoderar a los clientes (padres y estudiantes) para supervisar o evaluar a los profesores”. También se menciona a los sindicatos como un posible factor de resistencia docente, planteando que “con programas de voluntarios se puede evitar la confrontación”. Como lo hizo en los 90 en nuestro país, el Banco Mundial ofrece nuevamente “las recetas” que permitirán remediar los problemas educativos. Estas recetas apelan a conceptos amplios como “las mejores prácticas” o “las competencias para el siglo XXI”, y son lo suficientemente ambiguas como para permitir su adaptación a las agendas políticas locales.

Así, el discurso oficial, en apariencia neutral y basado en una serie de generalidades que apelan al sentido común, ha logrado instalar en la opinión pública el tema de la evaluación docente como la panacea de todos los problemas del sistema educativo. En realidad, este discurso, junto con la implementación de los operativos de evaluación Aprender y Enseñar, forman parte de la estrategia del gobierno actual para justificar los ajustes en educación, la reducción del presupuesto educativo, y la precarización y flexibilización laboral de los docentes. En palabras del Banco Mundial, “contar con datos duros sobre los resultados del sistema educativo es una herramienta política clave. El uso de estos datos por parte de los líderes políticos para justificar las reformas ha sido un factor clave de todas las estrategias que han tenido éxito hasta la fecha”.

Fuente: Liliana Pascual, investigadora del Instituto de Investigaciones Pedagógicas Marina Vilte de CTERA, para www.pagina12.com.ar

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