Una Rita que educa a todas/os

11312441_408346562686467_1698301542_nJunto a Mariana Maggio escribimos este artículo, inspirados en esta atrapante serie danesa que enaltece nuestra profesión, Gabriel Brener.
“Soy maestra para proteger a los niños de sus padres”
Como Merlí[2], el profesor catalán de la serie homónima, Rita es una maestra que rompe el molde. Nos parece importante en estos días en los que se acerca el inicio de clases, analizar por qué nos interesa tanto y qué rasgos reconocemos en un personaje de ficción para poder pensarnos a nosotros mismos. Con su “uniforme” de tacos, casi siempre, jean, remera, camisa y campera de cuero Rita remonta vuelo en los pasillos de una escuela pública danesa. Con su largo cabello al viento atraviesa el hermoso parque escolar que separa su casa de la escuela con algunos árboles. Hay algo de su andar, decidido y desafiante, que nos atrapa. Su notable presencia caminando por los pasillos de la escuela conecta las aulas con las diversas historias que la ficción va entretejiendo.
Referido por Michael Apple (1989) circula un modelo del contrato de maestras de 1923[3]. Se trata de una condena sexista a perpetuar la condición subsidiaria de la mujer que además entiende a la maestra como una continuidad natural de la maternidad, una extensión de la crianza por otros medios, los del Estado, y en el aula, con hijas e hijos de otras y otros. Allí todas son prohibiciones, como marcas que atraviesan memorias y practicas escolares. Rita va demoliendo de a una cada prohibición. Su modo de andar, su mirada desafiante y el cigarro que enciende a cada rato la ubica como la contracara de buena parte de este contrato que marcó a fuego a la Maestra Normal Nacional, acá y en buena parte del globo.
Pero el caminar de Rita por los pasillos no solamente demuele prohibiciones también construye con convicción alternativas para pensar una institución más honesta y más justa. Creemos que es por eso es que nos atrapa y elegimos mirarla, a partir de lo cual surgieron algunos subrayados[4].
Rita pone palabras. Rita incluye poniendo palabras muy simples a los conflictos escolares. Lo cual no quiere decir que simplifica dichas controversias, sino que las hace legibles de inmediato y de frente. Rita no entra a los problemas por el costado lo que a veces supone fricciones o resbalones de los que cuesta levantarse. Pone en juego un modo valiente, directo, con algo de esa irreverencia que suele ser eficaz cuando sacude en el lugar e instante precisos. A los padres de Rosa les dice que su hija es “precoz, arrogante y molesta”. A Andrea que no le cree que no se droga y le avisa que la estará observando. A Mads lo obliga a hablar y a recitar frente a sus compañeros para vencer el miedo.
Rita afirma que para resolver los problemas hay que llamar a las cosas como son y actúa en consecuencia. Así, sale del identikit más previsible de la docente “normal” o políticamente correcta. Rita pone palabras sin el rodeo previo -a veces necesario-, sin ningún tipo de anestesia. Ella va al hueso, lo que a veces resulta tan eficaz como resistido. Dijo lo propio y remonta vuelo ya que ella es más de andar yendo que de quedarse.

Rita toma posición. El tema de la madurez de Rita atraviesa el relato, pero de cara a los estudiantes Rita se hace cargo de cada situación poniendo en juego sus propios criterios y discute con el equipo directivo. No acepta las reglas que le resultan absurdas, tal como ocurre cuando se limita el número de goles para ganar el campeonato de fútbol lo cual deja a los que solamente son hábiles en deportes sin la posibilidad de lucirse. Un colega dice de Rita: “Es fácil dar un grito de guerra cuando eres general. El resto debemos sobrevivir”.

Rita se la juega por convicción, en algunos casos, sin medir consecuencias, y debe pagar costos por ello, de los personales y de los profesionales. Es más fiel a sus convicciones que a ciertas simulaciones que en ocasiones suelen ser calmantes -provisorios- en las instituciones. Rita suele salir de escena intempestivamente y esa es una marca personal. Pone su sello y sale antes tanto sea que se trate de la rutina del saludo protocolar en una entrevista con padres o de un encuentro con colegas y autoridades.
De cara a las autoridades municipales Rita da su pelea en defensa de la educación pública. Pone en evidencia situaciones irregulares en presencia de la prensa, discute la asignación de presupuesto y pelea políticamente, incluso cuando toma el riesgo de perder su trabajo.
Rita enseña. Cuando un colega se queja sobre los resultados de un estudiante, Rita afirma “Para eso les enseñamos”. En otro momento afirma “¿Tu sabes que un maestro puede sacar lo mejor de un estudiante?” Rita tiene una posición tomada sobre su trabajo y su responsabilidad. A la hora de la clase, puede trabajar sobre los cuentos de hadas construyendo una trama narrativa que embelesa a las niñas y los niños de segundo grado y que sirve de lente para entender el momento personal que atraviesa. Como quien transgrede las reglas, Rita pone en jaque no solo al Rey sino también a la Reina y se anima a ridiculizar aquello que suele ser tan solemne y acartonado. Y allí entremezcla la historia de hadas con su propia manera de saltear tradiciones y pautas, desafiando los límites de una sociedad patriarcal que frunce el ceño o se escandaliza con ciertos modos de estar, hacer y decir que esta docente desenfunda sin cuidado.

Hay una propuesta que tal vez sirva para dejar más clara que cualquier otra cómo Rita concibe la enseñanza. De cara a las elecciones que tendrán lugar en la ciudad, Rita lleva adelante elecciones en su curso, involucrando a toda la escuela. Uno de los candidatos es el hijo de la alcaldesa que se postula a la re-elección. Aprovechando el aparato de su madre genera una campaña casi profesional. El otro candidato representa claramente a los que no tienen, en la vida, ninguna ventaja. Antes del conteo Niklas, el hijo de la alcaldesa, ya sabe que tiene cuatro votos más y se lo dice a Rita quien busca cinco votos a su favor y los rompe delante suyo. Kareem, que en el debate afirmó “La escuela pública debe ser un lugar de derecho de todos, aun de aquellos a los que les dijeron que no llegarían a nada”, gana las elecciones por un voto. Cuando Niklas acusa a Rita diciendo: “Pero eso no es democracia”, Rita le responde: “No, realmente no lo es. Esto es la escuela pública. Y, aquí, los profesores mandan”. Una vez más Rita enseña sobre la realidad y educa a todas y todos. A Kareen le enseña que es posible pelear por las oportunidades. A Niklas, a aprender a perder. Las elecciones municipales se cargan de sentidos complejos a partir de la propuesta escolar.

Son numerosas las escenas en las que hay evaluaciones, en una imagen cercana a la de cualquier escuela en la vida real. Lo interesante es que Rita da cuenta de una comprensión del sentido político de la evaluación en situaciones que van desde sus “contratos” con los estudiantes para que se preparen hasta otras, institucionales como aquella escena en la que le dice a Rasmus, en su rol de funcionario municipal: “En mi lista de quehaceres importantes, las pruebas están en el puesto 314”.
Rita des-etiqueta. Las clases de Rita no son asépticas ni neutrales. Son clases en la trama de la vida. Pone al descubierto aquello que suele permanecer tapado, por decisión u omisión de adultos, o lo que está latiendo, y destella con algunas señales intermitentes. Ella intercepta esas señales y las convierte en asunto pedagógico.

Sin decirlo encara la clase de educación sexual con los problemas de su hijo Jeppe en mente y, al terminar la clase, llora. Siente profundo respeto por la decisión del deseo y del amor, ganándole a la corrección de la palabra. Acepta, acompaña y reconoce, con su propia emoción de madre y profesora.

Tal como señala Connel (2006), Rita practica la justicia curricular. Enseña sobre sexualidad desde el lugar de quienes están etiquetados, desde quienes padecen burlas y persecución. Un estudiante molesta a un compañero y le grita marica frente al grupo, por sus logros académicos y dedicación al estudio. Allí donde hay adultos que suelen no cobrar nada, como aquel árbitro[5] que todos recordamos, Rita intercepta la situación de inmediato y pone los puntos, no como quien reta y cree que así resuelve sino señalando un límite que ayuda a vivir mejor con los otros. Rita explica que no hay relación entre la elección sexual y el desempeño académico y pone un límite que no clausura, sino que abre. Sanciona la discriminación con firmeza y cuando la situación se enfría, con esa distancia óptima respecto del calor del hecho puntual, irrumpe en una clase con su hijo menor. Jeppe, que asumió su homosexualidad durante la secundaria y es casi un par de sus estudiantes, cuenta lo propio y responde preguntas. Rita crea una escena pedagógica en la que con cierta distancia y otros argumentos deshace prejuicios y relaciones causales simplificadoras. De la misma manera habilita a un colega a reconocer y hacer pública su identidad sexual, sin perjuicio de su rol profesional.
Vemos aquí propuestas que no cierran, sino que abren cuando ayudan a reconocer la diferencia como fortaleza personal y enriquecimiento colectivo. No clausuran, sino que ayudan a sincerarse. Quienes se liberan quedan a la par de los demás en clave de derecho e identidad. Es un golpe eficaz a la simulación de igualdad que, a diario, se encarna como homogeneización excluyente.
Una maestra all inclusive[6]
Rita se pone del lado de los alumnos, llama a las cosas por su nombre, se hace cargo de las situaciones a partir de criterios en los que cree profundamente y todo poniendo en juego la complejidad de su vida emocional. Pero vemos una dimensión que reconstruye las anteriores, dándoles un sentido más complejo. Una dimensión política que, como trama, atraviesa y sostiene todas las decisiones de Rita como maestra: la preponderancia, en todas sus decisiones, de la preocupación por la inclusión de todas y todos.

La primera y contundente expresión de este compromiso es el reconocimiento del otro como sujeto. Mientras camina por los pasillos saluda a los estudiantes por sus nombres, les sonríe, los abraza. Como si percibiera lo distinto antes que otros, o como si fuese en búsqueda de aquello diferente como constitutivo de un vínculo pedagógico que supere la inercia homogeneizante que hace siglos se apropia del espacio, del tiempo y el mundo escolares. Rita se lleva bien con lo diverso y es allí adonde se enfoca. Rescata a Viktor del aislamiento en el que lo dejan sus padres fundamentalistas cocinando una torta con azúcar para que reparta entre sus compañeros. Pelea con el padre exitista afirmando que su labor es preparar a los alumnos para el mundo real. Se pone del lado de René, diagnosticado con déficit de atención, cuando lo acusan de vandalismo y, con dolor, se banca la decisión de ser expulsado por una falta que no cometió para que pueda salir de un sistema que lo discrimina. Al mismo tiempo decide no informar que quien realizó los destrozos fue Rosa ya que eso la dejaría afuera de la escuela y de la universidad. Y se hace cargo de Mads cuando entiende que no se puede separar de su madre bipolar, en lugar de informar al servicio social. Cuando él le pregunta por qué lo está ayudando, la respuesta es contundente: “Porque creo en ti”. Mads, que se acerca y la abraza, representa a todas y todos los estudiantes que están esperando esa misma respuesta.

Muchas de estas decisiones encarnan complejos dramas morales, pero están sostenidas por un patrón. Rita trabaja duro para entender a sus estudiantes y, más aún, a los que son diferentes a los que suele correr por los pasillos en una hermosa imagen de su modo de retener. Explícitamente se pone del lado de estos, tal como hace cuando la orientadora va a entrevistar a René y Rita le dice: “Yo estoy contigo, ¿sí?” Y cuando se entera que Emma está embarazada dice que el tema es su responsabilidad.
Una expresión cabal del modo en que Rita entiende la educación es la apropiación del sótano como eje del proyecto de inclusión. El sótano se recrea como espacio educativo en el que los estudiantes pueden elegir ir cuando no pueden o no quieren estar en clase y en el tiempo de una tarea escolar que se extiende cuando es difícil hacerla en casa. Cuando el sótano es destruido por un estudiante todos, incluido él, lo reparan juntos. El sótano, incendiado en un acto vandálico y cerrado por las autoridades que no logran entender su importancia, pone en evidencia la complejidad del desafío.

Pero Rita no solo incluye. Rita es all inclusive. Ella arriesga hasta los límites de la norma escolar cuando se trata de preservar a la persona del estudiante. Se involucra y ofrece amparo, pero a la vez ayuda a que el oficio de estudiante crezca. Por eso, incluso, se desdibuja la frontera entre la escuela y su propia casa para las chicas y los chicos con más dificultades para ser incluidos en la escuela. Lugares intercambiables en los que Rita, como maestra, nunca renuncia a su posición de referente y adulta.

En estos días de inicio de clases en un escenario de conflicto en el que, nada ingenuamente, se instala la idea de que cualquiera que tenga la “voluntad” de ejercer la docencia puede hacerlo, Rita nos ayuda a recordar la complejidad del rol y del trabajo docente, la formación sólida que se requiere para caminar cada día los pasillos de las escuelas y para entrar al aula y educar para que todas y todos puedan tener los mismos derechos y oportunidades.

Referencias
Apple, M. (1989) Maestros y textos. Una economía política de las relaciones de sexo y clase en educación. Barcelona: Paidós. Temas de Educación.
Connel, R. W. (2006) Escuelas y justicia social. Madrid: Morata.
[3] El Contrato de Maestras indica: Esto es un acuerdo entre la señorita ………………, maestra, y el Consejo de Educación y de la Escuela ………………………, por el cual la señorita …………………. acuerda impartir clases durante el período de ocho meses, a partir del primero de septiembre de 1923. El Consejo de Educación acuerda pagar a la señorita ……………………. la cantidad de ($75) mensuales. La señorita…………………………acuerda:
1) No casarse. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
2) No andar en compañía de hombres.
3) Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana, a menos que sea para atender una función escolar.
4) No pasearse por las heladerías del centro de la ciudad.
5) No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados.
6) No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
7) No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino o whisky
8) No viajar en coche o en automóvil con ningún hombre, excepto su hermano o su padre.
9) No vestir ropas de colores brillantes.
10) No teñirse el pelo.
11) Usar al menos dos enaguas.
12) No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
13) Mantener limpia el aula:
a. Barrer el suelo del aula al menos una vez al día.
b. Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente y jabón.
c. Limpiar la pizarra una vez al día.
d. Encender el fuego a las 7:00 de modo que la habitación esté caliente a las 8:00 cuando lleguen los niños.
14) No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.
[4] A partir de aquí puede haber spoilers, recomendamos ver Rita antes de seguir leyendo.
[5] Hace muchos años había un árbitro de la Asociación de Fútbol Argentino, Francisco Lamolina, se hizo famoso en las hinchadas con una frase que quedó grabada en la cultura futbolística: “siga, siga”. Lamolina no cobraba las faltas que debían marcarse según las reglas. Desde nuestro punto de vista no “cobrar” las faltas tiene consecuencias. Rita, que lo entiende, señala y actúa en el marco de su modo de abordar las prácticas.
[6] Tomamos el riesgo que implica incluir este anglicismo para alterar su resonar mercantilista cargándolo de un sentido político: recibir, cobijar, cuidar, atender, acompañar a todas y a todos, sin que ninguna o ninguno quede afuera de la escuela.
Mariana Maggio Licenciada en Ciencias de la Educación, Especialista y Magister en Didáctica de la Universidad de Buenos Aires. Doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires. Es Profesora Adjunta Regular. Área de Tecnología Educativa. Departamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires. Gerente de Alianzas para el Acceso Tecnológico para Microsoft en el Cono Sur Es Co-directora de investigación en el Programa: “Una nueva agenda para la Didáctica”. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. Es Miembro de la Comisión de la Maestría en Tecnología Educativa y Profesora a cargo del Seminario Innovaciones en la educación: proyectos y propuestas de la Maestría y Carrera de Especialización en Tecnología Educativa. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires. Fue Secretaria Académica de la Maestría en Didáctica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires entre 1998 y 2000. Fue Subcoordinadora del Programa Nacional de Formación Docente y Coordinadora del Proyecto Polos de Desarrollo. Ministerio de Educación, en los años 2000 y 2001. Trabajó como asesora pedagógica de Fundación Telefónica para el desarrollo de EducaRed en Argentina entre 2002 y 2004. Sus principales publicaciones son: Enriquecer la enseñanza. (2012) Buenos Aires: Paidós. Tecnologías en las aulas. Casos para el análisis. (2005) Coordinadora en colaboración con E. Litwin y M. Lipsman. Buenos Aires: Editorial Amorrortu. La Educación a Distancia en los 90. (1994) Compilación en colaboración con Edith Litwin y Hebe Roig. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras y Programa UBA XXI. Fue distinguida con el Premio Convergencia Líder de las Comunicaciones 2006
Gabriel Brener es Profesor para Enseñanza primaria (Normal N° 4), Lic. En Cs. Educación (UBA) Especialista en Gestión y Conducción del Sistema educativo y sus instituciones (FLACSO). Docente de la cátedra de Didáctica General del Profesorado en la Facultad de Filosofía y Letras de UBA y de la carrera de Especialización en Conducción Educativa del ISFD J.V González, así como profesor del Diploma y de la Especialización en “Curriculum y Practicas Escolares en Contexto”, de la FLACSO y de la Universidad Nacional de Hurlingham. Fue docente y directivo director de escuelas secundarias. Co-autor “Violencia escolar bajo sospecha “(Comp. Carina Kaplan ) Ed. Miño y Dávila Bs As. 2009. Co autor de “La escuela inquieta. Explorando nuevas versiones de la enseñanza y del aprendizaje” Comp. Carina Rattero. Ediciones. Autor de “Periodismo Pedagógico. De escuelas, violencias, medios y vínculos entre generaciones” Editorial Mandioca. Bs.As. 2014. Autor y compilador (junto a Gustavo Galli) de “Inclusión y calidad como políticas educativa de Estado. O el mérito como opción única de mercado”, Grupo Editorial Parmenia, Bs.As. 2016.
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