Militante peronista histórico, Ernesto Villanueva, rector y creador de la Universidad Nacional «Arturo Jauretche» hace un balance a poco de terminar su gestión. El Frente de Todos Universitario, una apuesta.

Ernesto Villanueva es rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), fue el creador del proyecto que la fundó y está por cumplir su segundo y último mandato. Según el estatuto que diseñó, solo está permitida una reelección. “No soy partidario de las reelecciones indefinidas. Esa es la verdad”, dice en diálogo con Letra P y cuenta que el candidato a sucederlo en el proceso electoral, que será en noviembre, es el actual vicerrector Arnaldo Medina.

Militante peronista desde su juventud, Villanueva dice que la UNAJ “es producto de una lucha de la clase política de Florencio Varela”, ya que en su origen hubo tres preguntas: qué necesitaban la Argentina, la provincia de Buenos aires y el populoso municipio del sur del Conurbano. Con esas premisas, armó el proyecto que defendió e impulsó Carlos Kunkel como diputado nacional. La UNAJ la inauguró el 17 de noviembre de 2010 la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner

En ese enorme predio ubicado en la Avenida Calchaquí 6200, en el que funcionaron los laboratorios de YPF, el presidente Alberto Fernández y el gobernador bonaerense Axel Kicillof anunciaron el jueves pasado, a horas de la definición de las listas, la segunda etapa del sistema de becas Manuel Belgrano para estudiantes de universidades nacionales y provinciales. Mientras se decidían los nombres que disputarán las próximas elecciones y con Kunkel entre los presentes, el actual intendente Andrés Watson destacó el antes y el después de la universidad para el municipio.

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Las becas anunciadas van en línea con el planteo de Villanueva: las universidades se crean por razones políticas, para aportar a un modelo de país. Y una forma de garantizar ese camino es promover el acceso, la permanencia y la finalización de estudios en áreas clave para el desarrollo económico, destinando fondos para estudiantes de los sectores vinculados al petróleo, el gas, la minería, computación e informática, ambiente, logística y transporte, alimentos y energía.

Preso durante la dictadura, Villanueva fue uno de los protagonistas de las cátedras populares, un conjunto de materias que desafiaban los programas de estudio oficiales de sociología y filosofía, y con 28 años asumió en 1973 como rector de la Universidad de Buenos Aires, de la que había egresado como sociólogo. Además, fue director del Conicet, presidente la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau) y vicerrector de la Universidad Nacional de Quilmes. A meses de terminar su gestión, apuesta a seguir trabajando para la UNAJ y a la construcción federal del Frente de Todos Universitario, del que se reconoce como uno de los fundadores. 

-¿Cómo se retroalimentaron la academia y la política en nuestro país?

-Siempre se han creado universidades por razones políticas. La Sorbona, la de Bolonia, todas se han creado por una necesidad política extrauniversitaria, después tienen su propia historia. Pensar que se crean por una necesidad universitaria es un chiste. En todo el mundo hay una relación muy cercana entre política y universidad. En Francia, para ser ministro o presidente tenés que ser egresado de un lugar. En Inglaterra, lo mismo. 

-¿Y cómo fue eso en la Argentina?

-En general, hubo pocos académicos en la política. Del ’83 en adelante eso fue cambiando. Por ejemplo, Bernardo Grinspun, ministro de Economía de Raúl Alfonsín, era un hombre del mundo académico. Con los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, la universidad avanzó. Mauricio Macri delegó permanentemente en las Universidades de San Andrés y Di Tella.

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-¿Y cómo se unieron en su vida la universidad y el peronismo? 

-Una de las cosas que decimos en el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) es que la mayoría de las universidades las creó el peronismo. Tuve una experiencia juvenil que me marcó mucho, las cátedras nacionales. Militaba también fuera de la universidad, ligado a los grupos armados. En el ’73, pensábamos que estábamos en la puerta de una revolución y lo que hacíamos en la universidad era un epifenómeno de eso. Lo que planteábamos en ese momento como subversivo, hoy es el discurso políticamente correcto en las universidades. Después estuve ocho años preso, me detuvieron al final del gobierno de Isabel Perón, estuve toda la dictadura en lo que se llamó el «pabellón de la muerte» y salí en libertad después de la guerra de Malvinas.

-¿Qué balance hace de estos años al frente de la UNAJ?

-Hemos creado en 10 años una institución que hoy tiene 36.000 estudiantes, en un lugar donde no había educación superior. Nuestra influencia es sobre un millón de habitantes. La mitad de nuestros estudiantes son de Varela, el 25% es de Berazategui, 20% de Quilmes, el resto es de Almirante Brown y pocos de La Plata. Nacimos dos años después del hospital El Cruce, que tiene mucho prestigio y fue creado por mi vicerrector. Más de la mitad de nuestro alumnado es del área de Salud. Este año van a graduarse 60 médicos del territorio. Esos son los logros que quedan para siempre. La universidad crea estudiantes y además incide favorablemente en el territorio en el que está inserta, lo visibiliza. 

-¿Cuáles fueron las carreras que más crecieron?

-Las del área de la salud. Cuando armé el proyecto institucional, me hice tres preguntas: qué necesita la Argentina, qué necesita la provincia y qué se puede hacer desde Varela. Tenemos una gran ventaja: estamos cerca de las universidades de La Plata, de Buenos Aires y de Quilmes, que tiene un perfil distinto. No había limitaciones en materia académica pero no teníamos edificio y no teníamos un centavo. Vimos que era escandalosa la relación entre la cantidad de personal de enfermería y de profesionales de la medicina. Hay una carencia de enfermeros y enfermeras que no existe en ningún lado. Así que Enfermería tuvo rápidamente mucho éxito.

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-¿Qué relación tienen con el municipio?

-La universidad fue producto de una lucha de la clase política de Varela, con Julio Pereyra como intendente, Kunkel y Graciela Giannettasio en la Cámara de Diputados. A Julio además hay que agradecerle haber logrado el edificio. Tengo una relación de más de cuatro décadas con Carlos, él me pidió que hiciera el proyecto. Nos llevamos muy bien con la clase política de Varela, con el empresariado, con el obispado de Quilmes. A Watson siempre le digo que no le doy la bienvenida, porque está en la universidad casi más que yo. Hay secretarios que son profesores nuestros. 

-¿Qué proyección ve en el Frente de Todos universitario (FDTU)?

-Uno de los ejes es ayudar a los partidos en sus respectivas provincias. Soy uno de los papás. Nació como preocupación de un compañero de la UBA y entre los dos empezamos a ver que en el decanato, integrantes del consejo superior o en la conducción de los sindicatos hacemos política durante la pandemia, pero la profesora o el laburante del llano está aislado en su casa. La pandemia mata gente y destruye comunidad. Entonces, convocamos a esos compañeros y compañeras. Se genera la posibilidad de que se comuniquen personas de Tierra del Fuego y de La Pampa, por ejemplo. Hay intercambio de experiencias de mucha gente con realidades políticas distintas. 

Fuente: https://www.letrap.com.ar 

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