viernes, abril 19, 2024
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La UBA lleva su secundario de excelencia a la periferia porteña

4 - universidad«La UBA siempre trabajó por la inclusión», dice Barbieri, al explicar el diseño del colegio técnico que, si todo marcha como previsto, verá la luz en marzo del año próximo, en el barrio de Lugano, en la zona sur de la Capital.

El excelente nivel académico de los colegios dependientes de la Universidad de Buenos Aires es bien conocido. Pero en este caso el desafío es mayor. Barbieri, elegido rector a fines de la año pasado, afirma que los secundarios tradicionales de esa institución son algo «darwinistas». La apuesta del nuevo Colegio será mantener el nivel mediante una inversión mucho más intensiva en tiempo y recursos pedagógicos.

En concreto, una experiencia inclusiva en una zona vulnerable que despertó el entusiasmo del propio Papa Francisco, como se verá.

Barbieri, que fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas durante ocho años, considera que esta es una de las formas en que la UBA puede aportar al sistema educativo en su conjunto.

¿Cómo y cuándo surgió este proyecto?

En la universidad veníamos trabajando en la idea de tener escuelas técnicas. Para nosotros, las escuelas universitarias -el Nacional, el Pellegrini, el ILSE y el Agrotécnico- son experimentales, cada una con una organización académica diferente. Vimos que nos faltaba algún colegio preuniversitario con especialidad técnica, pero de cara al siglo XXI, robótica, computación, tecnologías de la información y comunicación, etcétera. Generamos el proyecto del punto de vista académico y luego pensamos que debía ser lo más cercano posible a la gente que más lo necesita. Esto coincidió con que el Ministerio de Educación lanzó un programa para que las Universidades abran escuelas secundarias en zonas vulnerables y nuestro proyecto encajó perfectamente para ser financiado por ese programa. Con la Ciudad de Buenos Aires convinimos en que el barrio de Lugano era un lugar ideal.

¿En qué punto está el proyecto ahora?

Hace unos dos años que empezamos a trabajar embrionariamente en el proyecto. Académicamente, está muy avanzado. Desde el punto de vista logístico y de infraestructura estamos cerrando el convenio para que empiece la obra y el colegio pueda abrir en marzo próximo.

¿Qué tendrá de especial este colegio?

Será técnico, de 6 años, dos años de formación general y 4 de orientaciones, inicialmente Informática y Robótica, pero eso dos primeros años generales nos dan tiempo para definir las otras orientaciones. La construcción también será en etapas: ahora, para que entren los de primer año, luego se irá ampliando.

¿Cuántos alumnos prevén?

Entre 120 y 150, en 4 divisiones. Con una modalidad novedosa: jornada completa, los chicos van a comer en el colegio, y no va a haber examen de ingreso, por lo tanto habrá mucho trabajo de seguimiento del alumno, con tutorías específicas, en lo académico y con acompañamiento en lo social. A la tarde, además de los laboratorios, habrá actividades extracurriculares –arte, deporte, etc-. Pero el acompañamiento social deberá ser muy fuerte y diferencial; para eso vamos a crear un Consejo de Asesoramiento Social al que se sumarán las organizaciones con trabajo en la zona.

Si no habrá examen de ingreso, ¿cómo resolverán el tema del cupo?

Estamos trabajando con las escuelas primarias de la zona, a través del programa de barrios vulnerables de Extensión Universitaria, y eso nos ha permitido ir visualizando la potencialidad de chicos que podrían venir y estamos analizando qué sistema usaremos, seguramente alguna forma de sorteo, quizá asignando cupos a las escuelas, para que no vengan todos los alumnos de un mismo establecimiento.

¿La idea es que este colegio prepare para la universidad, como los demás de la UBA, o más bien para una salida laboral?

Una cosa no excluye la otra. Van a tener un título que los habilitará para un oficio técnico del siglo XXI y a la vez tendrán un nivel preuniversitario como los demás egresados de Colegios de la UBA, para después seguir una carrera universitaria y esperamos que la mayoría lo haga. Al mismo tiempo vamos a aprovechar la inserción del Colegio en el barrio para ampliar nuestros programas de extensión: atención primaria de la salud, atención odontológica, atención a las familias para que puedan acompañar el desarrollo intelectual del chico, etcétera.

¿También están abriendo un CBC en Lugano?

Sí, desde el segundo semestre van a cursar allí unos 1500 chicos de diferentes carreras. Esto se relaciona con el desarrollo que se está promoviendo de la zona sur de la Ciudad. Allí también vamos a instalar algunos centros de investigación y el nuevo colegio funcionará a unas 5 cuadras del edificio del CBC, que construyó la ciudad de Buenos Aires, cerca de la cancha de San Lorenzo y de la villa 11-14.

¿Se podrá mantener la excelencia académica?

Apuntamos a eso. Desde ya, por la forma en que la UBA selecciona a sus docentes, se parte de un nivel distinto que explica la buena formación de los egresados. Pero aquí queremos mostrar que con un colegio diferencial, en el sentido de que la estructura no será la misma que la de otros, podemos apostar al mismo dictado académico pero con un refuerzo de tutoría y trabajo cotidiano sobre las dificultades de cada chico, para que todos puedan acompañar este recorrido pedagógico. Esto significa un colegio más intensivo de todo punto de vista, con más carga horaria para alumnos, docentes y tutores. Apostamos a que esto haga que los chicos alcancen el nivel que deben tener.

Ese nivel es el rasgo distintivo de los secundarios de la UBA…

Sí, hoy día tenemos colegios que son en cierto modo darwinistas, hay que admitirlo. A lo que apostamos ahora es a que esa nivelación se haga dentro del mismo colegio. Es un programa académico integral, complejo, difícil de llevar a cabo, pero tenemos que buscar modelos posibles de replicar luego en el resto de la sociedad. Como vemos el escenario del país, este es un modelo posible. Si funciona, aunque el costo será mucho mayor que el de cualquier otro secundario, tal vez sea lo necesario para superar la situación en la que estamos.

Por nuestra parte, estamos estudiando la posibilidad de hacer otro Colegio técnico en el conurbano sur, en Avellaneda, porque es también una zona de gran vulnerabilidad y al mismo tiempo de radicación de plantas industriales.

¿Le preocupa el nivel del secundario en general en el país?

El secundario es sin dudas uno de los temas educativos a solucionar en nuestro país, por eso estamos trabajando en esto, creemos que la universidad tiene que ayudar al sistema educativo general. Tenemos también un programa de capacitación para docentes secundarios, para que en matemáticas, comprensión lectora y ciencias básicas, tengan nuevas herramientas para que sus alumnos secundarios vayan adquiriendo el tipo de conocimiento mínimo que consideramos necesario; así, lo que ahora hacemos en la universidad, se podría hacer ya en el último año del secundario. También tenemos de modo virtual materias de apoyo para apuntalar a los alumnos en los últimos años, para que ingresen mejor preparados a la vida universitaria. Esto servirá además para retener a los chicos porque si en el primer año no se sienten cómodos, no entienden lo que se les enseña, etcétera, es ahí cuando se produce la mayor deserción.

¿El CBC también lo quieren llevar a zonas vulnerables?

El CBC lo tenemos repartido en bastantes zonas. Nos parecía importante una sede en Lugano porque es una zona de mucha accesibilidad para la gente del sur de Capital y del conurbano. Desde el punto de vista físico, estamos tratando de poner regionales donde es necesario y desde el punto de vista del dictado de clases, estamos avanzando mucho en UBA digital y UBA virtual.

¿La idea es que la Universidad sea más accesible a los trabajadores?

Nuestra Universidad es muy accesible a los trabajadores. El 65% de los estudiantes actuales de la UBA trabaja. Es un rasgo característico de la universidad pública en la Argentina. Hay carreras que insumen más tiempo que otras. Algunas se pueden hacer de modo más intensivo, otras no. Pero la UBA está organizada de modo de facilitar las cosas a los que trabajan. Todo puede mejorar, pero nuestra universidad tiene gran flexibilidad horaria y en comparación con otras no tengo ninguna duda de que es la más inclusiva. La UBA siempre trabajó por la inclusión. Por eso ahora abre colegios secundarios en zonas vulnerables. Esperemos que nos vaya bien. Tenemos la masa crítica de profesionales, de conocimientos, pero en estas cosas se hace camino al andar, no tenemos un modelo hecho. Estamos creando, creemos que hay que ir por ahí, pero si hay que cambiar, lo haremos también.

¿Es verdad que el papa Francisco se interesó en la propuesta?

Sí, y puso a disposición todo lo que podía hacer la Iglesia como organización social y la relación –aunque ya la veníamos teniendo en el marco de extensión universitaria- con los curas villeros. El Papa estaba muy contento con el proyecto y quería conocerlo de primera mano. También me propuso que la UBA adhiriese a la red educativa que está formando, Scholas Ocurrentes, y en los próximos meses iremos a Roma, en el marco de ese programa, junto con otras instituciones que tienen proyectos educativos, para exponerlos y compartir nuestras experiencias.

Respecto al hospital universitario, el Clínicas, cuyo edificio está tan deteriorado, ¿tienen algún proyecto?

Tenemos un proyecto muy ambicioso de refuncionalización. Cruzamos los dedos para el Ministerio de Planificación lo apruebe, para que el Clínicas sea declarado el hospital de emergentología más importante de la Capital, lo que de hecho es. Lo mismo para el Roffo, que es el hospital de oncología más importante y un centro de investigación de referencia en Latinoamérica y en el mundo. Ya está el proyecto también para la gran obra de refuncionalización de ese hospital. Pero estas cosas son a largo plazo; van a exceder mi gestión.

Justamente, aunque recién está empezando su gestión, ¿qué espera que se diga en el futuro de su paso por el Rectorado?

Que intenté siempre hacer lo mejor que pude en todas mis gestiones. En Educación nunca alguien podrá decir que hizo todo, porque a partir de que se avanza un escalón, esa empieza a ser la base para pedir tres más. No estamos en nuestro país ni en nuestra universidad en una situación que se pueda describir como la cúspide de ningún escalón. Pero, como durante los ocho años en que fui decano de Económicas, espero que se note un estilo, que fue participativo, que respetó la pluralidad de ideas, que se vea que se fomentó la investigación, la academia, y que se intentó mejorar la infraestructura en general. Si hago en la UBA el 10% proporcionalmente de lo que logré en Económicas, seguramente vamos a estar mejor.

Fuente: www.infobae.com

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