miércoles, abril 24, 2024
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Jorge Nedich, autodidacta

Jorge Nedich: la trayectoria del escritor gitano que, sin terminar la primaria, se recibió y es reconocido mundialmente. De su curiosidad, nació la intención de aprender a leer y escribir por cuenta propia en los trenes del ramal Roca. Hoy varias de sus obras han sido premiadas en distintos países.

Escritor, docente, investigador, el primero de su familia en obtener un título. Gitano. Jorge Nedich, en realidad, nunca terminó el secundario debido a que fue nómade hasta los 17 años, pero su talento en la literatura logró llevarlo a las aulas universitarias, donde se recibió e incluso dio clases. Aún así, y a pesar de esa larga trayectoria, sus orígenes continúan siendo motivo de discriminación

Es presidente del Observatorio Gitano, una sociedad civil que invita a conocer la cultura de una comunidad castigada por los estereotipos y la ignorancia. Sus miembros, según reconoció a MDZ, generalmente no están escolarizados debido a que no aparecen en las bases de datos. Ellos mismos manejan sus estadísticas, lo que dificulta aún más su situación socioeconómica.

Pueblo gitano: la educación que se les niega

Nacido en 1959 en la provincia de Buenos Aires, logró arrancar la escuela ya que en 1960 las instituciones de gestión estatal comenzaron a aceptar a los alumnos gitanos. Al vivir en carpas, ni siquiera eran censados, pero garantizado este derecho pudo asistir algunos pocos años, y eventualmente fue abandonando por no poder cumplir con la presencialidad.

Es por esto que no obtuvo el título en ninguno de los dos niveles. Aún así, aprendió a leer y escribir por cuenta propia: en esas idas y vueltas de joven, comenzó a vender historietas y libro en los trenes del ramal Roca (cuando estaba con su familia en la provincia) o sino en la calle. Estaba pegado al papel, y desde chico era amante de los cuentos que le narraba su abuelo, por lo que su destino estaba escrito. O más bien, lo escribiría él. 

Jorge Nedich, reconocido escritor y docente. Foto: Analia Melnik / MDZ

«Uno de los mayores problemas que encontramos ahí en las escuelas es que no somos parte de la interculturalidad», reflexionó Nedich antes de continuar con su relato. El pueblo gitano no aparece en los manuales; de hecho, es el único en la región que no tiene registro alguno de su historia, cultura, música, literatura o cómo llegaron. 

Hay alrededor de 500 colegios en todo el país que trabajan con la comunidad gitana, y a pesar de ello no tiene ningún material al respecto para ver en el aula. ¿Para qué se necesita esto? Problematizar, dar a conocer, integrar. En estos casos, algunas instituciones salen a buscar información, otras veces se los acerca el mismo Observatorio. 

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La realidad es que hay y siempre hubo un Estado más que consciente de esta realidad y, a la vez, más que desligado de ella. «No toma partido en el tema y creemos que una de las de las vertientes del racismo, es decir, aquello que lo nutre, es el desconocimiento», añadió Nedich.

De este modo, contextualizó: «No nos quieren en las escuelas, en el barrio, en un restaurante, un espectáculo. No nos quieren de amigos, de socios. Por esa descalificación no hay vínculo posible, ni personal, social o cultural, y es ahí donde tiene que haber un Estado que inserte a la comunidad».

Yendo a términos laborales, es común ver a sus miembros como personas que sólo viven de la venta ambulante, el comercio minoristas. También se solían aceptar mucho sus cualidades artísticas (baile y canto) o, en caso de tener condiciones para negociar, terminaban vendiendo autos.

Genocidio gitano en la época de Perón

El pueblo gitano es históricamente discriminado y marginado. Para medir la magnitud de esta problemática -lo grave y antigua que es-, el escritor comentó que durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón hubo una masiva quema de carpas: «Como era el mismo Estado el que produjo el genocidio, nosotros no sabemos cuántos gitanos murieron, cuántas carpas se quemaron y eso fuimos investigando después de manera casera». 

Muy difícilmente este hecho es contado en las aulas o en los libros. «Incluso, creemos nosotros que fueron más de 5000 los chicos quitados a la comunidad, llevados a los asilos y dados en adopción. Tampoco sabemos cuántos fueron recuperados a través de recursos jurídicos», añadió. 

Pero, trazando la línea de tiempo luego de mucho trabajo del Observatorio, descubrieron qué ocurrió con los bisnietos de estas víctimas: en la actualidad hay más de 1700 alumnos que obtuvieron la beca Manuel Belgrano y dicen ser gitanos. Se trata de un programa que promueve la finalización de estudios de grado; se potencian aquellas carreras prioritarias para el desarrollo del país y apunta a jóvenes de bajos recursos. 


Precedente jurídico: su llegada a la universidad

A los 39 años ya tenía dos libros publicados, uno de ellos -«Gitanos: para su bien o su mal»- premiado en Italia. Y fue justamente gracias a este reconocimiento que la Universidad de Lomas de Zamora asentó un precedente jurídico y lo dejó estudiar allí sin tener primario ni secundario completo. Hizo dos carreras y fue docente en una de ellas.

De todos modos, ya regía por aquel entonces la Ley Duhalde (hoy ya no), y cuyo nombre después de este hecho pasó a ser Ley Nedich. La misma permitía que los mayores de 25 años que no hubiesen finalizado el nivel secundario puedan dar un examen de ingreso y, de aprobarlo, cursar. 

Mientras se lanzaba a estudiar Literatura, se generó una tensa disputa dentro de la misma institución protagonizada por dos bandos: quienes pensaban que «había entrado por la ventana», y quienes defendían su talento y ganas de seguir perfeccionándose, por lo que merecía su banco. 

Las novelas de Jorge Nedich

Sus novelas son divididas en dos instancias. La primera son las dos publicaciones realizadas previamente a la carrera, y la segunda son las posteriores a graduarse. No obstante, tiene algunas obras inéditas (que jamás se lanzaron oficialmente) de género gauchesco, cuyas historias giraban en torno a gauchos y compadritos.

Algunas de las obras de Nedich. Foto: Analia Melnik / MDZ

Este género era el que más le interesaba en sus inicios dentro del mundo de la escritura. No obstante, con el tiempo se inclinó por dar a conocer las costumbres y desigualdades de su pueblo. «Gitanos: para su bien o su mal» (1994), fue premiada en Italia. La segunda fue «Ursari» (1997). Años más tarde volvió a ser reconocido por «Leyenda gitana», consolidándolo como finalista del Premio Planeta. Después están «La primera vez que fui a la Bombonera», y «La extraña soledad de los gitanos», entre otras.


FUENTE: VICTORIA URRUSPURU
 para https://www.mdzol.com

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