viernes, marzo 1, 2024
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Ricardo Nudelman, ese espacio vacío, Horacio Finoli

A los 80 años, murió este fin de semana cerca de Gerona (más de 700 kilómetros de Madrid) Ricardo Nudelman, ex gerente del Fondo de Cultura Económica y gran promotor literario; será recordado por su trabajo en el FCE, Librerías Gandhi y en la editorial Anagrama, por su «Diccionario de Política Latinoamericana contemporánea» y su legión de amigos. El licenciado en derecho por la UBA, también se dedicó a escribir y editar.

No alcanza, Richard, la descripción de nuestra amistad quijotesca para enjugar las lágrimas por tu abominable muerte, esa que nos pone un espejo a todos por lo que vendrá; esa que rememora a todos los radicales buenos que se fueron en este tiempo, vos y yo sabemos cuáles de la UCR no merecen militar ni siquiera simbólicamente junto a don Raúl Alfonsín, a quien siguen utilizando como si la historia no supiera de quiénes se trata.

No se me ocurrió otra cosa, este lunes tan lunes, que revisar mi correo y encontrar tu descripción afectiva de todo lo que nos unió en la recuperación democrática cuando los radicales quebraron la hegemonía histórica de la Santa Madre en la educación, y organizaron el Congreso Pedagógico en Córdoba, marcando un hito histórico y un cambio cultural en la caracterización del conocimiento.Hablé con tu amigo del secundario Daniel Divinsky, con alguna de las personas a las que tanto beneficiaste (Leandro de Sagastizábal, tu jefe querido del entonces Palacio Pizzurno, Adolfo Luis Stubrin, algunos de tu ex-camaradas del socialismo que fue tu cuna, etcétera), todos coinciden en tu generosidad y tristeza: se están yendo los de buena leche, siguen vivos los cabrones, longevos y despreciables.

Vos ya sabías que no hay muerto malo, ni novia fea.Queda tu tenacidad pedagógica en enderezar a los colegas que equivocaban el rumbo, en esa época estaban errados hoy son los que mienten y militan la «independencia»: están tan lejos de honrar este oficio manoseado estos años por mercenarios de toda laya, empeñados en creer que hacer periodismo es revolver cloacas, etiquetar políticamente al que está en la vereda de enfrente y cobrar en todas las cajas; asumiéndose, eso sí, como fiscales morales.Todo eso hiciste como jefe de prensa de cuadros excelente del alfonsinismo: Jorge Sábato, Adolfo Stubrin (gesto adusto, mente brillante), Cati Nosiglia; dirigiendo el célebre «Monitor de la educación común» y un par de números de tu creación; «Espacio público».

Nuestras tenidas previas a cada columna en «Clarín», célebres; los almuerzos en la parrilla que estaba en una de las esquinas del ministerio, también.Tu hijo Santiago, que de estudiar en París terminó fabricando queso de cabra en la campiña catalana donde disfrutaste al máximo a tu nieto Leo, al igual que tu casamiento por tercera vez con Estela (cama afuera), reflejan que el pibe de barrio que llevas adentro pesa -en tus propias palabras- más que todo lo demás; Banyolas, fue tu lugar en el mundo, un pueblo que no tiene más de 20.000 habitantes, cerca de Gerona. «Vendí todo, junté mis cositas, despaché mis libros, y me tomé el bondi!», me escribiste después de 20 años en México.En 2002, durante el sexenio del presidente Vicente Fox, recibiste la Orden Mexicana del Águila Azteca, el máximo reconocimiento que se le puede dar a un extranjero en ese país. En 2015 te otorgaron el Premio Nacional Juan Pablos al Mérito Editorial, la distinción anual que da la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana; nada de eso te ató a «un país que, como Argentina y después España, no tiene salida», en tu propia descripción.

Pero tu impronta mayor, sin embargo, no pasa por enumerar tus logros en la tierra, que no fueron pocos, sino en tomar tus banderas, empuñándolas fuerte y seguir para adelante; privilegiando como pregonabas todo el tiempo la lectura y la amistad, por igual.Ya sabes, Richard, que mi condición de autodidacta y tanguero me puede: ¿por qué no volvimos a juntarnos como en los buenos viejos tiempos? ¿quién dió la orden de seguir bajando el nivel de las discusiones políticas? ¿por-qué no hay más cuadros intelectuales en nuestra profesión? ¿Cómo se recuperarán estos años de canalladas en nuestro oficio por tantos turritos que saben de memoria todos los números del Billiken y el catecismo gubernamental, pero no han leído un sólo clásico? ¿Qué generación levantará estos pagarés?

Fuente: www.ahoraeducacion.com

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