En el marco del Día del Kinesiólogo, que se celebra cada 13 de abril en Argentina, la disciplina se consolida no solo como una herramienta de rehabilitación, sino como un pilar fundamental de la salud pública. En un contexto donde el sedentarismo alcanza cifras alarmantes, la intervención de estos profesionales se vuelve estratégica para mejorar la calidad de vida de la población.
Radiografía de la inactividad en Argentina
Los datos son contundentes y exigen una respuesta interdisciplinaria:
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OMS (The Lancet): Argentina registra niveles de inactividad física superiores al 40%, posicionándose entre los más altos a nivel global.
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Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (INDEC): El 45% de los adultos tiene un nivel bajo de actividad física.
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Impacto en la salud: Esta falta de movimiento está vinculada directamente al 27% de los casos de diabetes tipo 2 y al 30% de las cardiopatías isquémicas.
Más allá de la lesión: Un campo de acción en expansión
La kinesiología moderna ha trascendido la clásica recuperación de lesiones. Hoy, su enfoque es integral y preventivo, interviniendo en áreas diversas que van desde la pediatría y geriatría hasta la rehabilitación respiratoria, cardiovascular y el deporte.
“A través de herramientas basadas en el movimiento y la biomecánica, el kinesiólogo trabaja para mejorar la funcionalidad del cuerpo y aliviar el dolor”, señala el Lic. Diego Castagnaro, director de la Licenciatura en Kinesiología y Fisiatría de la Fundación Barceló.
Formación profesional y trabajo en equipo
El sistema de salud actual demanda especialistas capaces de integrarse en equipos multidisciplinarios. Según Castagnaro, la clave del éxito terapéutico reside en una formación que promueva el contacto temprano con la práctica clínica y el aprendizaje colaborativo con futuros médicos, nutricionistas y psicólogos.
Esta visión integral permite que el kinesiólogo desempeñe su labor en entornos variados:
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Unidades de Terapia Intensiva (UTI) y hospitales.
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Clubes deportivos y centros de estética.
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Atención domiciliaria y entornos laborales.
Conclusión
En un país donde el movimiento ha dejado de ser un hábito cotidiano, el acompañamiento de profesionales capacitados es la llave para revertir las estadísticas de enfermedades crónicas. Moverse bien no es solo una acción física; bajo la guía kinésica, es una estrategia terapéutica para vivir más y mejor.
Fuente: Fundación Barceló



