Otra versión de los setenta

En la Argentina convulsionada de los años setenta, la vida de miles de jóvenes quedó marcada por la política, los ideales y el peligro. Este libro, editado por De los cuatro vientos, recorre esa época a través de la historia de Rolo, un estudiante secundario que, como tantos otros, se ve atraído por las promesas de transformación social y se involucra en la militancia revolucionaria cuando apenas comienza a descubrir el mundo, en “Crónica setentista” con la pluma inteligente del periodista y abogado Jorge Goldenberg.

El diálogo que mantuvo el autor con www.ahoraeducacion.com, está acá:

P: Jorge, teniendo una destacada trayectoria en el periodismo y el derecho, ¿por qué sintió la necesidad de recurrir a la novela y a un alter ego como “Rolo” en lugar de escribir una memoria estrictamente histórica?

R: Fue muy traumático lo vivido en aquellas épocas del 70. Sentí una gran necesidad de escribirlo y también dejar un testimonio contra la violencia en la política para las nuevas generaciones. Utilice el personaje de Rolo, porque en esos tiempos de dictaduras se acostumbraba a usar seudónimos por razones de seguridad en los grupos socialistas.  

P: ¿El nombre de “Rolo” funcionó como un escudo protector para distanciarse del dolor, o fue más bien un vehículo pedagógico para poder narrar los errores de juventud con mayor crudeza?

R: Si. Rolo seguramente fue un escudo protector para distanciarse del dolor. Porque si bien opino que lo que pasó en los 70 no fue una guerra sino una cacería humana, los traumas psicológicos fueron similares a una guerra, o mas bien a un holocausto. Todas las semanas nos enteramos del secuestro de amigos militantes recién egresados de los colegios secundarios.

P: En todo proceso de autoficción hay pactos con el olvido. ¿Qué hecho real de su propia vida de militante adolescente tuvo que dulcificar o, por el contrario, omitir deliberadamente porque la realidad supera la verosimilitud de la novela?

R: Un hecho que oculté deliberadamente por respeto al protagonista es que cuando desapareció Alejandro, el hijo de Taty Almeyda, a quien conocí, un amigo se puso a hacer macumba para que aparezca. No lo revelé en el libro porque no sabía si le iba a incomodar a esa persona. Se lo conté a Tay Almeida, para que vea que querido era su hijo entre los compañeros del colegio secundario.

P: La novela muestra a chicos secundarios que recién descubren el mundo y de golpe se topan con detenciones y amigos desaparecidos. Viendo hacia atrás, ¿había espacio para la ingenuidad en esos años o la radicalización los convirtió en adultos antes de tiempo?

R: Los militantes revolucionarios jóvenes de aquella época eran muy ingenuos y se sentían inmortales, no pensaban en el peligro del secuestro, muerte o desaparición. Los que yo frecuentaba eran chicas y chicos de 15 a 20 años que no estaban preparados para el peligro que enfrentaban, y los más adultos no los cuidaron. Hoy creo que toda esa izquierda era terriblemente ingenua. Estaba totalmente infiltrada por servicios de inteligencia y ni siquiera sospechaban de eso.

P: En el libro se menciona que se tomaban decisiones que costaban la vida. ¿Cómo se vive el resto de la existencia cargando con la culpa o el peso de haber sobrevivido cuando tantos compañeros de banco no lo lograron?

R: Yo lo cuento en el libro. Después de vivir la experiencia de una cárcel durante el gobierno de Isabel Perón y Lopez Rega, decidí dejar de militar en esos grupos que no tenían ningún futuro y tratar de convencer a mis mejores amigos que hagan lo mismo porque se venía una gran masacre. Uno me hizo caso y sobrevivió y otro siguió militando y hoy es un desaparecido. Pero no tengo culpa porque traté de salvar a los que pude.

P: La obra aborda tanto los sueños como “los errores” de los jóvenes de la época. Desde su perspectiva actual ¿cuál fue el mayor error táctico o ideológico que cometió esa juventud arrastrada por el fervor revolucionario?

R: El mayor error de esa juventud fue que Argentina no quería una revolución socialista. En esa época teníamos un país  próspero con pleno empleo y un nivel de vida muy superior al actual. Lo que tenían que haber hecho esos dirigentes era crear un partido político y presentarse a elecciones por la vía pacífica y democrática. Alfonsín intentó que Santucho abandonara la vía armada y se presentara a elecciones con un partido político. Se lo dijo pero el líder guerrillero le respondió que era muy tarde. La responsabilidad no fue de esos jóvenes casi adolescentes, sino de los dirigentes adultos.   

P: Usted declaró ante el juez Baltasar Garzón por los periodistas desaparecidos. ¿Siente que Crónica Setentista funciona también como un alegato judicial literario para las nuevas generaciones que ven los 70 como algo lejano?

R: Lo importante es que las nuevas generaciones se afiancen en la democracia y nunca más vuelva la violencia a la política.

P: Los jóvenes de su novela debatían en pasillos escolares arriesgando el pellejo. ¿Qué siente cuando mira a la juventud actual, muchas veces tildada de apática o canalizada únicamente a través de pantallas? ¿Falta mística política o por suerte hoy no tienen que pagar los costos que pagó su generación?

R: Así cómo en los setenta había una ola internacional de izquierda entre la juventud, que se expandió con el mayo francés a partir de 1968, hoy hay mucha juventud que cree que la vía para el cambio es la derecha. Pero no veo a la juventud despolitizada, sino que la izquierda perdió ese monopolio que tenía en los 70. Ser de derecha ahora está de moda , en los 70 ser de derecha
era ser nazi.   

Fuente:  https://www.deloscuatrovientos.com.ar/

Ahora Educación

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