La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dio a conocer un nuevo documento titulado “Educación, desigualdad y desarrollo social inclusivo”, en el cual propone una herramienta metodológica superadora para evaluar el estado de la enseñanza en la región. El objetivo central de este informe es dejar atrás los promedios estadísticos tradicionales para enfocarse en visibilizar dónde se concentran realmente las disparidades, apuntando a un doble desafío: la falta de cobertura y la grave crisis en los resultados de los aprendizajes.
Las trampas del desarrollo y el estancamiento escolar El organismo ubica a la fragilidad de los sistemas educativos como una de las diez grandes deficiencias estructurales del continente. Según el diagnóstico, América Latina se encuentra atrapada en un ciclo de alta desigualdad, baja movilidad social y una débil cohesión ciudadana, factores que limitan el crecimiento sostenible.
Si bien históricamente se han logrado avances en la matriculación de alumnos, persisten deudas estructurales en el acceso al nivel inicial, la finalización de la escuela secundaria y la permanencia en la educación superior. A esto se suma el alarmante hecho de que estar escolarizado ya no es garantía de adquirir los conocimientos necesarios para afrontar el mundo actual, una crisis que la pandemia no hizo más que profundizar.
La preocupante brecha frente al mundo Para dimensionar la gravedad del escenario, el documento revela cifras contundentes basadas en las evaluaciones internacionales: apenas el 22,4% de los estudiantes latinoamericanos logra alcanzar las competencias mínimas esperadas. En contraste, en los países pertenecientes a la OCDE, esta cifra asciende al 64,9%. La desigualdad es tan profunda y estructural que incluso la nación con el rendimiento más bajo dentro de la OCDE supera al país mejor posicionado de América Latina.
El Índice Bidimensional de Desigualdad de Oportunidades Educativas (IBE) Frente a este panorama, la CEPAL impulsó el diseño del Índice Bidimensional de Desigualdad de Oportunidades Educativas (IBE). Este instrumento se calcula multiplicando dos grandes factores: la inequidad en el acceso a la cobertura escolar y la disparidad en los resultados de aprendizaje obtenidos.
Utilizando datos cruzados de las pruebas PISA y variables sobre la riqueza y el capital cultural de los hogares, el IBE permite identificar en qué etapa exacta del trayecto formativo se produce la exclusión. De esta forma, los Estados podrán diagnosticar con precisión si las fallas radican en el ingreso, en la retención de los estudiantes o en la asimilación efectiva de los contenidos. En el informe se destacan los casos de Chile y Perú como ejemplos regionales que, a través de reformas estructurales, lograron acortar la desigualdad de oportunidades en la última década.
La educación como decisión estratégica El sistema ideal planteado por el organismo es aquel que logra desvincular el rendimiento académico de las condiciones de origen socioeconómico del estudiante. El éxito escolar debe responder al talento y al esfuerzo personal, devolviéndole a la escuela su rol histórico como principal motor de ascenso y movilidad social.
Para lograrlo, el estudio concluye con una serie de recomendaciones enfocadas en priorizar la inversión estatal en la primera infancia, fortalecer la retención en el nivel medio, jerarquizar la formación de los docentes y acompañar a los sectores más vulnerables. Lejos de ser un gasto secundario, el informe advierte que invertir con equidad y calidad en educación no es una consecuencia del crecimiento económico, sino la condición política fundamental para alcanzar el desarrollo real.
Fuente: ahoraeducacion.com


