Librerías argentinas: una herida que no para de sangrar. En pocos días cerraron sus puertas en la ciudad de Buenos Aires la Librería Waldhuter, el anexo de Librería Hernández y en La Plata, El Aleph. Alarma y dolor en el mundo del libro.

El segundo año de pandemia agudizó la crisis del sector librero. La emergencia sanitaria y la falta de una política estatal sostenida que proteja al mundo del libro genera que día a día más librerías bajen sus persianas.

El circuito de librerías es un orgullo para nuestro país, mucho se ha destacado que Buenos Aires es la ciudad del mundo con más librerías por habitante. Este emblema cultural está siendo puesto en jaque por la pandemia que agudizó algunos de los problemas que viene arrastrando el sector desde hace varios años y que no encuentran respuesta ni en el gobierno porteño ni en el nacional.

Hay una serie de pedidos históricos que podrían traer oxígeno al mundo librero, protegerlo y liberarlo de esta agonía permanente: la exención del IVA (reclamo que hace varios años es recordado en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires y que, si bien, fue otorgado a impresores, editores y distribuidores, continúa aún relegando y excluyendo a libreros, por inexplicables cuestiones de redacción de la Ley), el sostenimiento de los REPRO, líneas de crédito hipotecario, tarifas de servicios subsidiadas, la exención de impuestos inmobiliarios y del pago de cargas sociales para un número fijo de empleados, entre otros.

El microcentro porteño, epicentro de la mayor concentración de librerías, es el área más afectada, ya que soporta alquileres elevadísimos y escasa concurrencia de público.

La Librería de las Luces, en octubre del año pasado, fue la primera en anunciar su cierre, la siguieron en Avda. Corrientes Mr. Hyde y las dos sucursales de A libro abierto, Los Argonautas de Avda. de Mayo, Las mil y una hojas de Palermo, y lamentablemente la lista continúa.

En estos días, Librería Waldhuter, el anexo de Librería Hernández y El Aleph de La Plata anunciaron que siguen ese mismo derrotero. Una herida abierta que no para de sangrar y que necesita urgente un Estado presente que ayude a contener y suturar estas pérdidas.

Fuente: lucianaweiss@el-libro.org.ar y www.el-libro.org.ar

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