El 6 de mayo de 1968, el gobierno de Charles De Gaulle declaró el estado de sitio en París. Ese día, la policía antidisturbios reprimió las manifestaciones estudiantiles alrededor de la Sorbona y el Barrio Latino. A las dos semanas, a la protesta estudiantil se sumó el movimiento obrero y se paralizó el país con huelgas en el sector industrial, del transporte, de los aeropuertos, del gas, de la electricidad y de los periodistas de radio y televisión.

«La imaginación al poder» fue la consigna que pasó a la historia y con la que se identifica a la revuelta conocida como el Mayo francés o Mayo del ’68, una serie de manifestaciones iniciada por grupos de estudiantes contrarios a la sociedad de consumo, el capitalismo, el imperialismo y el autoritarismo reinantes. Así recordamos uno de los hitos sociales más recordados del siglo XX.Consignas poético-revolucionarias como «Seamos realistas, pidamos lo imposible», «Prohibido prohibir», «Nosotros somos el poder», «¡Haz el amor y no la guerra!», entre otras, se continúan leyendo en remeras de adolescentes, paredes, en periódicos de izquierda, en postales callejeras. Las herencias de Mayo del ’68 continúan vigentes a 53 años de la revuelta.


Gráfica usada durante el Mayo francés.

El 3 de mayo de 1968 estudiantes de la periférica Universidad de Nanterre, ubicada a 11 kilómetros de París y en el corazón de un barrio obrero, se movilizaron hacia la Universidad de La Sorbona, la más prestigiosa de Francia.

Meses antes, en Nanterre y en respuesta al arresto de manifestantes que se oponían a la guerra de Vietnam, un grupo de estudiantes tomó la torre central de la Universidad y presentó un petitorio que incluía tanto reformas educativas como transformaciones políticas. Nacía de esta manera el Movimiento 22 de marzo. El rector decidió cerrar el establecimiento y sancionar mediante juicio disciplinario a los revoltosos. Ante los hechos, los jóvenes trasladaron la protesta a La Sorbona y de la Sorbona a las calles parisinas.

Guy Debord, Cohn-Bendit, Viénet, René Driesel, Raoul Vaneigem y Mustapha Khayati fueron algunos de los referentes que arengaban: «La humanidad será feliz cuando el último burócrata sea colgado con las tripas del último capitalista».



La policía reprime a manifestantes frente a la librería Joseph Gibert, en el Bulevar Saint Michel, el 6 de mayo de 1968 en París. Foto: Jacques Marie – AFP.

Para el 6 de mayo las calles de París eran un hervidero. Más de 400 estudiantes se encontraban acuartelados dentro de La Sorbona y otros tantos alrededor de la Universidad resistiendo la entrada de la policía a la institución. El presidente Charles De Gaulle declaró el estado de sitio y los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se tornaron más violentos minuto a minuto.

La noche del 10 de mayo ocurrió uno de los episodios más recordados, la noche de las barricadas en el Barrio Latino. Las fuerzas especiales de la Compañía Republicana de Seguridad reprimieron en forma violenta y los estudiantes respondieron con adoquines, que se convirtieron en un ícono de aquellas revueltas.

Las centrales obreras y sindicales se habían mantenido al margen hasta el 13 de mayo cuando convocaron a una huelga general. No se habían sumado antes ya que consideraban a la protesta estudiantil poco importante frente a las prioridades de la clase obrera. Incluso algunos historiadores consideran que si las revueltas no se hubieran originado en Nanterre, sino en La Sorbona, en el corazón de la riqueza parisina, difícilmente los obreros hubiesen apoyado a los estudiantes.

Representantes del Partido Comunista y del Partido Socialista salieron a las calles. Pararon los trenes, las fábricas, los aeropuertos, las industrias. Hasta ese momento, no había precedentes de huelgas tan masivas que abarcaran a todo el territorio y que reunieron a más de seis millones de huelguistas.

 
 Un Un retrato del líder chino Mao colgado en la Sorbona el 18 de mayo de 1968. Foto: AFP.

Aquella movilización estudiantil, que no pretendía hacer tambalear al poder de turno sino obtener más libertades en el ámbito privado, se extendió durante los meses de mayo y junio.

El historiador inglés Eric Hobsbawm sostiene que en el caso del Mayo francés «(…) la insignificancia del movimiento estudiantil se convirtió en el detonador más efectivo para movilizar a los trabajadores».

Luego de casi un mes de protestas y huelgas, el 27 de mayo las centrales obreras firmaron los «Acuerdos de Grenelle», donde acordaron un aumento salarial del 35%, la reducción de la jornada de trabajo, y más días de vacaciones, entre otras conquistas. La Sorbona se mantuvo ocupada hasta el 16 de junio.

Las chispas

Las atrocidades cometidas durante la guerra de Vietnam, la batalla de Argelia, la Revolución Cubana, el asesinato de Martin Luther King, de John F. Kennedy, la revolución cultural en China, el atentado contra el líder estudiantil alemán Rudi Dutschke, la reforma universitaria en Francia de 1967, las manifestaciones estudiantiles en Italia, Alemania, Estados Unidos, Japón, Turquía, Uruguay y Brasil: los años ’60 tenían convulsionados a los pueblos de los cinco continentes.

Hobsbawm destaca el carácter global de las revueltas: «Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo (…) los mismos turistas de la revolución atravesaban océanos y continentes, de París a La Habana, a São Paulo y a Bolivia (…). Los estudiantes de los últimos años sesenta no tenían dificultad de reconocer que lo que sucedía en La Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo acontecimiento en la misma aldea global».

Las diversas reivindicaciones que abarcaban desde mayores libertades sexuales, educación igualitaria, movimientos antibélicos, feministas, ecologistas, se planteaban ante todo conquistas en el ámbito social y cultural, aunque partían de la certeza de que «todo es político». La heterogeneidad aglutinada en las revueltas de Mayo del ’68 no buscaba hacer una revolución sino conquistar sus «propias vidas».

En una entrevista a un medio parisino, Daniel Cohn-Bendit, quien se convirtió en vocero de los estudiantes de Mayo del ’68, recordaría años más tarde el sentido de la consigna: «Queremos vivir como lo concebimos».

«(…) El movimiento emerge como un movimiento que quiere ante todo hacer énfasis en la autonomía y las opciones de vida de los individuos (…). El principio de los años 68 es, en realidad y ante todo, una revuelta por la vida cotidiana, la música, la relación entre hombres y mujeres, la vida, la sexualidad, la liberación. Esto es lo que hace el 68…».


Visita de las esposas de los obreros en huelga en la fábrica Renault boulogne billancourt el 27 de mayo de 1968. Foto: AFP.

En este sentido resulta verosímil pensar que uno de los motivos que encendió la revuelta fue pelear por lograr que en las residencias universitarias se permitieran las visitas del sexo contrario. Luego, le siguieron otros reclamos que proclamaban por una mayor libertad sexual. Pocos años más tarde, en enero de 1975, Francia promulgó la ley de despenalización del aborto.

Para el filósofo y escritor francés, Régis Debray, lo que mejor funcionó fue lo que nadie había previsto: la llegada del feminismo, las nuevas relaciones hombre-mujer, la anticoncepción, el reconocimiento de la interrupción voluntaria del embarazo como último medio de escoger libremente cuántos hijos quiere tener una mujer, cuándo los quiere tener y si los quiere tener.


Se calcula que se imprimieron 120 mil afiches durante la revuelta.

Durante esas semanas millones de personas se movilizaron dejando un saldo de siete muertos y centenares de heridos. De a poco, y paradójicamente, la consigna «vuelta a la normalidad» sería casi un hecho. Charles De Gaulle llamó a elecciones anticipadas para el 30 de junio. Su partido, la Unión por la Defensa de la República (UDR), salió victorioso y George Pompidou, quien había sido su primer ministro durante la revuelta, asumió la conducción. Sin embargo las calles continuaron siendo, desde entonces y para el mundo entero, el escenario político por excelencia. 

Fuentes: Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX/Virginia Laurente, Mayo del 68, cuarenta años después. Entre herencias y controversias, http://www.diariolavanguardia.com

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