La inversión educativa en tiempos de post-pandemia: Sin duda, en la actualidad lo urgente y lo importante es la inversión pública en Salud. ¿Y la relacionada con Educación? También es urgente e importante. Que no tenga la misma prensa se debe, quizás, a que los efectos de la baja inversión no se sentirán ahora, pero sus consecuencias se verán en unos años y el impacto será en la calidad de nuestras vidas.

La envergadura de la crisis durante y post pandemia hace imposible que algún nivel, sector o área de los sistemas educativos se salve de verse afectado ahora o después. Más aún, la (ir)resolución de cada problema impactará en la estructura que este período nos legue.

Las cuestiones pedagógicas y emocionales fueron las más absorbentes en estos meses: básicamente, cómo continuar con algo parecido a la enseñanza y las experiencias escolares. Pasadas unas semanas, ya pueden apreciarse los distintos factores emergentes que fueron apareciendo y que seguramente presionarán sobre los sistemas educativos, su financiamiento y, por lo tanto, su gobierno mismo. En otras palabras, que impactarán en nuestro futuro como sociedad.

En principio, estos son algunos de los factores que demandarán atención del presupuesto público o que repercutirán en el financiamiento del sector:

  1. La educación privada. El achicamiento de este sector por empobrecimiento de las familias y cierre de sus escuelas derivará en una demanda significativa e inesperada de vacantes en los establecimientos públicos. A priori, no parece que habrá espacio para recibir esa nueva matrícula o, al menos, no en su totalidad. Las universidades privadas también enfrentarán problemas similares, por moras en los pagos o por emigración de sus alumnos.
  2. La formación docente. En épocas de crisis, por su potencial como empleo estable, muchos jóvenes vieron a la docencia como un refugio seguro frente a la incertidumbre. Si esto se repitiera en las actuales circunstancias, habrá presión sobre el sistema formador. En paralelo, las restricciones presupuestarias seguramente impedirán nuevas incorporaciones.
  3. Políticas socioeducativas. Entre otros, comprenden un amplio rango que incluye becas, alimentación escolar, útiles, y libros de texto. Si el tema de la equidad era perentorio antes de la crisis, con el aumento de la pobreza y el desempleo se ha vuelto más crítico que nunca.
  4. El gasto en educación que las familias hacen por su propia cuenta también disminuirá. Si la oferta estatal no se expandiese al ritmo del pase de alumnos del circuito privado al estatal, este rubro contribuirá a la inevitable caída global del financiamiento del sector.
  5. Cuestiones sanitarias y de infraestructura. En el corto plazo, habrá que preparar las escuelas para el regreso; en el mediano y largo, las principales tareas pendientes serán la readecuación de los espacios y la ampliación de la red escolar disponible.
  6. Tecnología y recursos digitales. La crisis puso en evidencia la carencia de dispositivos y acceso a internet, principalmente, por parte de los hogares de menores recursos. Este déficit fue uno de los más mencionados en redes sociales y medios de comunicación.
  7. Incremento de las maestrías y doctorados locales. En la medida que la circulación entre países siga restringida y continúe la caída en los ingresos familiares (y las becas), habrá demanda por esta oferta educativa de factura local. En materia de estudios de posgrados, la alternativa previsible es una suerte de “vivir con lo nuestro”.
  8. Salarios docentes. Esta es la más política de las presiones que se avecinan sobre los presupuestos. La coyuntura de cada caso guiará el resultado final, dado que parecen estar equilibradas las fuerzas que presionan a mantenerlos estables y las que podrían incidir en su aumento.
  9. Impacto general. En 2008, durante la crisis económica, la inversión educativa en la región fue contra cíclica o, en el peor de los casos, solo sufrió una leve disminución. Pero, mientras el disparador de esa crisis fue puramente económico, el detonante de la actual ha sido sanitario, con mayores consecuencias sociales que harán competir a los distintos sectores por los ya mermados recursos públicos.
  10. Habrá una mayor brecha en la inversión educativa entre países. Según cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo, la diferencia entre quienes más invierten en educación de los sistemas educativos más desarrollados y quienes menos destinan al sector en el nivel primario en América Latina es de 17 veces. Puede esperarse que la distancia aumentará, ya que las economías que más asignan a educación podrán mantener ese nivel mientras que los demás seguirán la suerte del impacto económico y fiscal. En el largo plazo esto implicará una eventual pérdida de competitividad de unos países respecto a otros.

¿Qué sigue?

Como puede verse, no hay aspecto de los sistemas educativos que puedan quedar a salvo de los impactos de esta pandemia. No es fácil imaginar cómo seguirá el proceso; sin embargo, deben tomarse algunas decisiones para orientar resultados deseados.

Por eso es tan importante la decisión de los gobiernos y las sociedades en cuanto a encarar con urgencia estas dos líneas de acción: a) la participación y el acompañamiento de la sociedad civil para la instalación del tema en la agenda pública (advocacy) y b) el análisis y búsqueda de mayores recursos y una mejor asignación de la inversión en educación.

Con respecto a la primera, toda insistencia sobre los costos de no educar será pocaLa consecuencia de la inacción o la inercia no será el status quo, sino una mayor exclusión y deterioro del tejido social y productivo.

En cuanto a la segunda, la decisión política es crucial. Es imperativo buscar maneras de aumentar el financiamiento educativo. No es la primera vez que nuestros países experimentan recesiones consideradas terminales a la que siguen períodos de crecimiento económico. A través de medidas adecuadas, es posible que sus sistemas educativos puedan “apropiarse” de una parte de los crecientes recursos fiscales que eventualmente se manifiesten.

Es fundamental que el tema de la inversión educativa se instale en la agenda y se discuta. Si no lo hacemos, el destino de la educación, sin (mayores) recursos, dependerá de lo que puedan hacer las escuelas, sus docentes y sus alumnos por sí solos. En un contexto de desigualdades gigantes como el que tenemos en América Latina y el Caribe, esto podría comprometer el futuro de gran parte de los niños, niñas y jóvenes de la región.

Fuente: Alejandro Morduchowicz, Especialista Líder en Educación en la División Educación del Banco Interamericano de Desarrollo, responsable del BID en Guatemala, para https://blogs.iadb.org/educacion/es/

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