En mayo de 1973 apareció por primera vez, con la dirección de Eduardo Galeano. Un repaso por su historia, sus integrantes, sus distintas etapas y el rol de una mujer que fue fundamental en su armado

La historia de su nacimiento es más o menos conocida y se suele contar de la misma manera. El empresario Federico “Fico” Vogelius había salido de la cárcel tras ser acusado de vender cuadros falsificados del pintor uruguayo Pedro Figari y estaba decidido a impulsar un gran experimento cultural. Como Ernesto Sabato había sido uno de los pocos que lo apoyó cuando estuvo detenido, a él recurrió a la hora de asesorarse. Sábato le recomendó lanzar una revista cultural y Vogelius lo designó para que la dirigiera.

Sabato y su comité editorial se demoraron tanto en ponerla en marcha que finalmente Vogelius decidió buscar otra persona para que comandara el proyecto. Cruzó el Río de la Plata y se reunió con un joven Eduardo Galeano que comenzaba a disfrutar del creciente éxito de Las venas abiertas de América Latina, publicado dos años antes, y venía de formar parte del semanario uruguayo Marcha y del periódico Época de Montevideo.

Galeano contó varias veces cómo fue la noche en la que se reunieron con Vogelius y éste decidió que aquel periodista uruguayo que lo había cautivado entre algunas botellas de vino tinto debía ser el encargado de dirigir su ansiada revista. Sin embargo, esa cena fundante fue posible gracias a alguien que no suele tener un lugar protagónico en las distintas notas periodísticas ni en los papers académicos que hablan de Crisis.

El impresionante equipo de grandes escritores y periodistas que publicaba en la revista es siempre la referencia de esta experiencia cultural única, pero hubo una mujer fundamental que fue la que le recomendó el nombre de Eduardo Galeano a Vogelius: Julia Constenla, amiga de ambos y quien sería luego la secretaria de redacción de la revista, durante los primeros once números, y más tarde la directora de la editorial de Crisis. Constenla, fallecida en 2011, fue también una gran amiga de Sabato y se convirtió en su biógrafa con el libro Sabato, el hombre.

Como buena leyenda de un proyecto cultural que cambió lo establecido, la de Crisis está repleta de mitos. Y uno de ellos dice que el primer número tuvo plasmadas todas las ideas de Sabato, que aparece en el staff y que ya a partir del siguiente no volvería a figurar. También se dice que el nombre pensado por Sabato era Krisis, pero a Galeano le pareció estúpido escribirlo con K. “En unos borradores que recuerdo por ahí en las oficinas aparecía el título Krisis, con K, a la alemana. Galeano con su enorme oficio periodístico la hizo con C, de calle”, dijo Aníbal Ford, jefe de redacción de la revista, en una entrevista a Fabián Kovacic, periodista, corresponsal del diario uruguayo Brecha en Argentina y autor una biografía de Galeano publicada poco tiempo después de su muerte. El libro titulado Galeano, apuntes para una biografía tiene un extenso capítulo sobre los años de la revista, tema que Kovavic investiga hace tiempo porque es el objeto de estudio de su tesis de maestría.

Cinco años después del mayo francés, con sus ideas aún latentes, en mayo de 1973, el mes en que Héctor Cámpora asumió la presidencia de la nación volviendo a poner al peronismo en ese lugar tras la proscripción, la revista llegó a los kioskos. Con el papel más barato del mercado, el título ideas, arte y cultura en la Crisis, y una tapa llena de palabras, sin fotos ni títulos llamativos, lo que se convertiría luego uno de sus aspectos distintivos, Crisis salió a la cancha. Los diez mil ejemplares del primer número se agotaron en una semana.

Luego fueron cuarenta números a lo largo de poco más de tres años con una variedad de reconocidos autores que iba desde Sartre a García Márquez, de Homero Manzi a Vinicius de Moraes, de Neruda a Cortázar, de Haroldo Conti a Darcy Ribeiro, y siempre con las páginas acompañadas por los dibujos de Hermenegildo Sábat. El arte estuvo siempre muy presente en la revista, cada número traía de regalo láminas facsimilares con obras de arte, idea impulsada por el propio Vogelius, orgulloso coleccionista de arte.

Una vez que la revista empezó a instalarse en el mercado y en la escena cultural y política argentina, surgieron los famosos Cuadernos de Crisis, inspirados en los cuadernos de su hermana mayor: Marcha. Y otra de las patas de la revista fue una editorial, dirigida por Julia Constenla, que publicó La Patria Fusilada de Paco Urondo, Vagamundo de Galeano y Mascaró, el cazador americano de Conti, entre otros, y también una colección llamada Esta América dirigida por Mario Benedetti. “A partir del tercer o cuarto número la revista se perfilaba con demasiada estructura para lo que producía. Entonces inventamos la editorial”, dijo Julia Constenla en una entrevista en 1992 con Fabián Kovacic que se reproduce en su libro sobre Galeano.

“Habíamos charlado con Vogelius sobre la producción esquemática de títulos de libros con la marca de Crisis. El primero fue el del dirigente socialista boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz, El saqueo de Bolivia. Se vendieron 20 mil ejemplares”, le dijo Rogelio García Lupo, otro de los integrantes fundamentales de la revista, a Miguel Russo en una nota publicada en el semanario Miradas al Sur.

Gran parte del éxito de la revista tuvo que ver con las firmas de la revista, nombres importantes de la cultura latinoamericana y en algunos casos de Europa. Y en eso había mucho de Galeano, que levantaba un teléfono y conseguía un texto inédito. Eso también fue algo que cautivó a Vogelius, los contactos y las amistades del uruguayo. “García Márquez, Cortázar, todos nos cedían sus textos. El único que nos cobró una nota fue Borges“, cuenta Vicente Zito Lema, uno de los secretarios de redacción de la revista junto a Aníbal Ford y Juan Gelman, y luego director editorial.

La revista nunca publicó un manifiesto ni una declaración de objetivos, pero con su camino dejó muy en claro sus intenciones: democratizar la cultura, poner en agenda temas sociales que estaban en los márgenes, repensar el pasado y generar un intercambio entre las culturas de distintos países del mundo, acompañando un momento de muchos cambios culturales, sociales y políticos. Así como su primer número no tuvo un editorial que dejara expuesto para qué nacía la revista, tampoco hubo un anuncio de cierre en el número 40 aunque algo se podía intuir.

Cuatro números antes del que sería el último, habían empezado a publicar, por entregas, el índice completo de todos los artículos y dibujos que habían formado parte de la revista en ese trayecto. Finalmente, en el número 40, salió la última parte de ese índice acompañado por un mensaje que hoy podría leerse como una especie de despedida: “Dicho índice resume los artículos, temas y autores, que , a lo largo de estos 40 meses de la revista, han conformado el estilo y la personalidad de Crisis; cuarenta entregas con las que esperamos nuestros lectores hayan podido comprender el intento de hacer un aporte a la cultura nacional y latinoamericana desde una perspectiva renovada y totalizadora”.

Muchos miembros de la revista terminaron desaparecidos por la dictadura militar, otros presos y tantos otros exiliados. El contexto argentino y continental cambió mucho en esos tres años. Cuando salió el primer número de Crisis comenzaba la primavera camporista y durante ese mismo año los militares tomaron el poder en Uruguay y Chile, lo que generó también que muchos militantes y personas comprometidas social y políticamente de esos países vinieran a la Argentina. Durante el último año de la revista la Argentina ya era otra y luego del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la situación se puso cada vez más crítica para los integrantes de Crisis.

En esos meses de 1976, Galeano y Zito Lema sabían que a la revista, en ese contexto, le quedaba poco tiempo. Antes de cada número, tenían que llevar a Casa Rosada el material que se publicaría y allí les decían que saldría y qué no. En la última reunión habían preguntado también por su compañero y redactor de la revista, Haroldo Conti. La única respuesta de los militares fue que si decían algo de Conti en la publicación directamente la cerrarían. “A Crisis no la agacha nadie; la vamos a enterrar parada como vivió”, les dijo Galeano a los demás miembros de la revista al día siguiente, escena que él mismo contó en su libro Días y noches de amor y de guerra.

Así concluyó entonces la etapa fundante de la revista, aunque el tiempo demostraría que ese cierre no significaría su fin. “Como ya nadie podrá olvidar, hace diez años la Argentina entraba de lleno en el terrorismo de Estado. Obreros, estudiantes, artistas y escritores fueron asesinados o desaparecieron en la más gigantesca operación masacre que haya conocido el país. Simultáneamente, miles de hombres y mujeres sufrieron la tortura y la cárcel. Muchos debieron exiliarse. Entre los muertos y los que siguen condenados al horror sin fin de la desaparición, figuran Francisco Urondo, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Roberto Santoro, Miguel Ángel Bustos y Raymundo Gleizer, parte entrañable de la historia de Crisis, que hoy reaparece y no los olvida”, se leía en la primera página del número 41 de la publicación. Ya repuesta la democracia, se relanzó la revista con una estética totalmente renovada en abril de 1986.

“Diez años después, Crisis se lanza otra vez al camino. Nuevamente Fico comete la locura. Vicente (Zito Lema) y Osvaldo (Soriano) abren la marcha. Y este miembro de la tropa celebra la vuelta a la vida dando testimonio de que el pasado sigue siendo un compañero digno de confianza”, así cerraba Galeano el texto inaugural de ese nuevo número.

Vogelius, el hombre que hizo todo esto posible, llegó a ver el primer número y luego murió producto de un cáncer con el que venía peleando hace un tiempo. Galeano lo recordaría en el número de mayo de 1986 con un texto donde contaba un diálogo que tuvieron en el exilio europeo. “De a poco, y a su caótica manera, me fue contando. Fico había sido secuestrado, saqueado, torturado y enjaulado. Lo acusaban de haber financiado y organizado la revista Crisis. No me arrepiento de nada, me dijo. Si ahora regresáramos a 1973, en el túnel del tiempo, yo volvería a hacer todo lo que hice. Paso a paso. Día por día”.

Con un tinte mucho más político, esta nueva Crisis duró 13 números, y al año de la muerte de Vogelius, la revista volvió a mutar. Los herederos de Vogelius tenían indicaciones de su padre de que Galeano y Zito Lema debían seguir siendo los dueños del nombre una vez que él no estuviera más, pero finalmente la familia decidió vendérselo al empresario José Díaz Colodrero, quien se convertiría en el director general de una nueva etapa de Crisis, la tercera. Díaz Colodrero invitó a los antiguos miembros a que siguieran siendo parte de la redacción pero con la obligación de trabajar con una línea política suavizada.

En julio de 1987, Zito Lema, daría el no por escrito y explicaría detalladamente los motivos del final de esta nueva etapa en un texto titulado “Adiós Crisis”. Así nació otra continuidad de Crisis que llevó el título de Fin de Siglo y que tendría una interesante novedad en su primer número: el suplemento feminista La Cautiva dirigido por María Moreno.

“Desde su primera entrega, en mayo de 1973, Crisis inauguró un estilo, un modo de interrogar la realidad dando voz a sus protagonistas, una concepción de la cultura que evita la mirada de especialista para integrar la poesía con el reportaje, el análisis sociológico con la obra de ficción”, decía la editorial del número 54 que salió en octubre de 1987 e inauguró lo que fue la tercera etapa de la revista. Además de Díaz Colodrero, la dirección estuvo integrada por Eduardo Jozami como director editorial y Carlos María Domínguez como director periodístico. Aníbal Ford y Eduardo Galeano, forjadores de ese estilo y esa búsqueda tan bien definida en esas palabras iniciales de la nueva etapa, figuraban como asesores de esta continuación que llegó hasta junio de 1990 y murió en el número 80, lo que podría entenderse como una metáfora de la revista: entre la segunda parte y la tercera sumaron lo mismo que la primera. Eso en cantidad de números, claro está, porque las ventas y el impacto en la sociedad nunca volvió a ser el de la primera.

Otro de los mitos de la primera etapa de Crisis se construyó alrededor de su impresionante circulación. Se decía que había uruguayos que cruzaban para poder comprarla y leerla en Buenos Aires, porque en Uruguay la dictadura la había prohibido, y luego regresaban a su país en el mismo día. La repercusión crecía a cada número y su tirada también. Se estima que los números eran mayores a las cifras disponibles del Instituto Verificador de Circulaciones que igualmente arroja cantidades impensadas para una revista cultural y política y que no fueron superadas ni antes ni después. Según los números del IVC la revista vendió un promedio de 22 mil ejemplares por mes alcanzando un tope de casi 25 mil en julio de 1974, el mes en que murió Juan Perón. Así se consolidó como la publicación con una postura de izquierda que mejor captó la lógica del mercado editorial hasta la actualidad.

¿Existe algo así hoy en día? No, definitivamente no. La propia revista Crisis actual, uno de los medios críticos más interesantes de nuestro país, dista mucho de aquella publicación. Primero porque, si bien tiene una sección cultural de alto vuelo, es una revista más política que cultural. Segundo porque la actual es básicamente local, a diferencia de su antecesora que tenía una visión totalmente latinoamericana, desde su enfoque hasta su práctica. Y eso es algo que hoy no se encuentra en ningún medio impreso del continente. Por último, hay algo que la diferencia de toda publicación actual y es justamente sus números de ventas. Si bien eran otros tiempos, también de crisis, la tirada de ejemplares que tenía Crisis en sus primeros años es algo que nunca se vio en publicaciones de ese estilo luego de esa experiencia.

Esta nueva revista Crisis, a la que podríamos considerar como la cuarta fase, nació en 2010 con un colectivo editorial joven y sin ninguno de los miembros antiguos. “Entre el periodismo lúcido y la investigación militante, entre la literatura y la crítica teórica, atentos a los lenguajes que emergen de las grietas de los nuevos territorios urbanos, hay que descubrir una nueva dignidad para la palabra, ligada a la experimentación de formas contemporáneas de lo colectivo”, se leía en su editorial titulado “Revuelta” que se inicia reconociendo los riesgos de reeditar una publicación de gran prestigio.

“La suerte de esta publicación depende del interés que genere. De las resonancias que logre. Y de las voluntades que estén dispuestas a incursionar en su proyecto editorial. La revista tenderá a una apertura permanente. Su sentido no deberá restringirse al que podemos otorgarle sus hacedores más directos. Sin ese sustrato de cooperación intelectual el poder de fuego de la iniciativa sería inocuo, aún cuando tuviera garantizada su financiación”, anunciaban en ese primer número. La buena noticia es que, con algunos parates en el medio, esta nueva etapa va por el octavo año.

Y surgen entonces una pregunta de cara al futuro: ¿cambiarán las condiciones de producción y consumo de los medios actuales para que alguna vez una revista cultural y política llegue a tener una tirada de decenas de miles de ejemplares y un impacto social tan profundo que trascienda sus páginas? Lo único es único solo una vez, pero seguramente, con otras herramientas y en otros formatos, mientras sigan habiendo tiempos de crisis, la cultura argentina dará respuestas concretas que no se circunscribirán solamente al plano cultural.

Fuente: Federico Frau Barros para www.infobae.com

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