“Ellos entendieron que era más sencillo crear consumidores que someter a esclavos”, según Noam Chomsky. «Mientras la población general sea pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio de los vulnerables, los poderosos podrán hacer lo que quieran, y los que sobrevivan se quedarán a contemplar el resultado”, opina el filósofo.

Noam Chomsky es filósofo, escritor, controvertido activista y uno de los lingüistas más brillantes y reconocidos de la actualidad. Su trabajo es estudiado en las universidades de todo el mundo, desde facultades de psicología hasta titulaciones lingüísticas, pasando por muchas otras disciplinas. En este post os explicaremos brevemente lo que él considera la estrategia más común en la manipulación mediática. Os dejamos una de sus últimas reflexiones sobre un tema que nos afecta a todos: la industria de la publicidad.

“La industria de las relaciones públicas, la industria de la publicidad es la que se dedica a la creación de consumidores. Este es un fenómeno que se desarrolló en los países más libres, en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Y la razón está muy clara. Se volvió clara hace aproximadamente un siglo, cuando esta industria se dió cuenta de que no iba a ser fácil controlar a una población con el uso de la fuerza. Habían ganado demasiada libertad: sindicatos, parlamentos con partidos para los trabajadores en muchos países, el derecho al voto de la mujer… Por lo tanto, tenían que encontrar otros medios para controlar a la gente.


La posverdad describe las nuevas maneras en que se expresa un viejo fenómeno: la propaganda. Esta siempre ha sido un instrumento a través del cual se “crean verdades” que no corresponden a los hechos, pero que terminan siendo validadas por las mayorías en función de su repetición incesante o de mecanismos similares.”

Dice Chomsky que la mayoría de la gente ha perdido calidad de vida en las últimas décadas. Lo atribuye a las políticas neoliberales impulsadas desde Estados Unidos e Inglaterra. Lo cierto es que el grueso de las personas experimenta una mezcla de enojo y miedo que termina convirtiéndose en desconfianza y escapismo.

«Una de las características de la posverdad es que en ella las emociones juegan un papel importante. Las personas terminan creyendo en aquello que mejor satisface sus emociones básicas, aunque esto riña con hechos probados. De este modo, cuanto más asociada esté una idea con emociones básicas de los seres humanos, más poder de arraigo tiene también.

«La frustración por las condiciones de vida lleva a que los sentimientos de odio, xenofobia y deseo de venganza se exacerben con facilidad. A la vez, todas las “verdades” que alimenten esas emociones cuajan mejor. De este modo, la gente está más dispuesta a creer lo que satisface esos sentimientos exacerbados en lugar de confiar en las evidencias como sustento de sus creencias.

«De esto se dieron cuentan y comprendieron que tenían que controlarlos a través de las creencias y las actitudes. Cuando hablamos del término actitud, una de las mejores formas de controlar a las personas es lo que el gran economista Thorstein Veblen llamó fabricar consumidores.

«Si puedes fabricar deseos, haz que obtener cosas que están a tu alcance sea la esencia de la vida. De esta forma, ellos van a quedar atrapados convirtiéndose en consumidores.  Y se hace con gran sofisticación, como este eslógan de Marlboro:

‘Ya no se ven muchos sementales salvajes. Es uno de los últimos de una raza salvaje y muy singular. Venga al país de Marlboro’.

«Lo ideal es lo que se ve hoy en día: si los adolescentes tienen un sábado por la tarde libre van a ir a un centro comercial, no a la biblioteca u otro lugar. La idea es tratar de controlar a todos para instalar a la sociedad dentro de un sistema perfecto.

«El sistema perfecto sería una sociedad basada en una díada, en un par. Ese par eres tú y tu televisión, o tal vez ahora, tú e internet. Lugar en el que se presenta cómo debería ser la vida apropiada, el tipo de aparatos que deberías tener. Recordándote que debes gastar tu tiempo y esfuerzo para conseguir esas cosas que no necesitas y que no quieres y que, probablemente, terminarás tirando. Pero eso es lo necesario para una vida digna.


«Lo que vemos en la publicidad de la televisión podemos entenderlo a través de esto: si alguna vez has tenido alguna formación sobre economía sabes que los mercados se supone que se basan en ‘consumidores informados tomando decisiones racionales’. Pues bien, si tuviéramos un sistema de mercado así, un anuncio de televisión, como por ejemplo de General Motors, consistiría en poner información diciendo: ‘esto es lo que tenemos para vender’. Pero en realidad eso no es lo que un anuncio de automóviles es. Un coche se vende como si de un ídolo del fútbol se tratara: el coche haciendo alguna locura, como subir una montaña o algo así.

«El punto está en crear consumidores desinformados que van a tomar decisiones irracionales. De eso es lo que trata a día de hoy la publicidad.

«Y cuando la misma institución, el sistema de representación democrático, lleva a cabo las elecciones lo hace de la misma manera. Quieren crear un electorado desinformado que va a tomar decisiones irracionales a menudo en contra de sus propios intereses. Esto lo vemos cada vez que uno de esos grandes espectáculos se lleva a cabo”.

«Cada vez recibimos más publicidad e información —verdadera y falsa— según lo que decide un algoritmo. ¿Seguimos siendo libres para elegir o nos están pirateando las opiniones? Como diría Yuval Noah Harari es historiador y autor, entre otros libros, de ‘Sapiens. De animales a dioses’: Los cerebros ‘hackeados’ también votan. Algunas de las mentes más –¿brillantes? del planeta llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para que pinchemos en determinados anuncios o enlaces. Y ese método ya se usa para vendernos políticos e ideologías».


La elegante simplicidad de la oficina de su campus (una pequeña mesa redonda con varias sillas de respaldo recto, una computadora portátil en un escritorio despejado) contrasta con su reputación como uno de los principales intelectuales públicos del mundo. A la edad de 90 años, Noam Chomsky continúa escribiendo, y está impartiendo un curso sobre política y crisis globales en la Universidad de Arizona.

Fuente: https://muhimu.es/  

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