Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos AiresArgentina1899GinebraSuiza1986), más conocido como Jorge Luis Borges, fue un escritor de cuentosensayospoemas y un traductor argentino, a la vez que una figura clave tanto para la literatura en habla hispana como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos, Ficciones y El Aleph, publicados en los años cuarenta, son recopilaciones de cuentos conectados por temas comunes, como los sueños, los laberintos, la filosofía, las bibliotecas, los espejos, los autores ficticios y la mitología europea. Las obras de Borges han contribuido ampliamente a la literatura filosófica y al género fantástico; y según marcan numerosos críticos, el comienzo del movimiento del realismo mágico en la literatura hispanoamericana del siglo XX se debe en gran parte gracias a su obra.

El Nobel publica ‘Medio siglo con Borges’ (Alfaguara), un recopilatorio de entrevistas, críticas, artículos, conferencias y ensayos sobre el argentino, un escritor «solo comparable con Quevedo, por quien sintió gran admiración».

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Para Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) la literatura y la personalidad intelectual y política de Jorge Luis Borges están situadas en la cumbre de las constantes contemporáneas de sus gustos literarios. Borges, que a veces es discutido por muchas cosas, no ha dejado de ser nunca un referente de altura sideral en el gran panorama de las literaturas de lengua española y en la literatura universal contemporánea. Es, desde mi punto de vistauna eternidad leída y escrita, un monumento indestructible, intransigente en el rigor y en la disciplina literaria. Ahora, en el supuesto final de esta pandemia, Alfaguara publica un volumen titulado Medio siglo con Borges que incluye conversaciones -entrevistas de Mario a Borges-, críticas, documentos que Vargas Llosa trabajó sobre el escritor argentino artículos, conferencias, notas y ensayos. Concluyendo, este libro inmediato podía haberse titulado también, y con la misma solvencia, «El Borges de Vargas Llosa».

Hemos mantenido con el Nobel hispano-peruano una conversación a distancia, la pandemia y el confinamiento así lo han exigido, sobre esta inminencia editorial. Siento a Vargas Llosa pujante, caminando todos los días por la mañana y por la tarde, escribiendo con disciplina y trabajo cualquier texto literario o político que se le va ocurriendo en el transcurso de los días y la calma contenida por la presencia del virus.

Pregunta. Para ti, Mario, Borges es una constante literaria, como Flaubert lo es en el método. Hay una luz siempre encendida en Borges para ti, aunque tú novelística y tus ensayos no se parezcan en casi nada, salvo en el rigor literario. Tengo la sospecha de que la literatura de Jorge Luis Borges es, para ti, repito, la cumbre de las literaturas la cumbre de las literaturas de lengua española en los últimos setenta años…

Respuesta. Sí, creo que Borges es el escritor más importante de nuestra lengua en la actualidad. Figura ya entre los clásicos y tal vez si hay que compararlo con alguien habría que hacerlo con Quevedo, por quien sintió siempre gran admiración y del que hizo una espléndida antología hace muchos años. El libro de Bioy Casares me produjo una gran repugnancia desde que lo vi publicado y no lo he leído ni lo haré. Me parece inmoral que todas las conversaciones privadas que tenía Borges con Bioy Casares, este las grabara o reprodujera posteriormente, pensando en un libro póstumo.

«A diferencia de Faulkner o Joyce, a sus imitadores, Borges los mata, es decir, los anula y delata como ‘borgesitos’»

P. He leído ese libro, el de Bioy Casares. Algo de repugnante tiene, pero a mí no me pareció un libro «contra Borges», una venganza por ser ese amigo de siempre, en cuya casa cenaba todos los días y luego se desplazaba a su casa en el coche de «Adolfito». En fin, me quedo con aquel pseudónimo de los dos, Bustos Domeq, y de su trabajo de jóvenes en la publicidad de «La Martona», la empresa familiar de Bioy. Me quedo con la gran amistad de ambos. El corazón humano está lleno de contradicciones, ya lo sabemos… Pero, en fin, siempre sentiste una gran predilección por Borges, pues, y te encontraste con él varias veces, no sé si eso es suficiente, pero me gustaría preguntarte cómo era Borges en persona. Mucha gente que lo conoció, incluso admirándolo mucho, dijo que era un gran impertinente… El propio Bioy, en ese libro del que hablamos arriba, lo trata de martillo pilón y muy impertinente. Tal vez la sabiduría tiene esos contrastes, la condición humana, en fin… Muchos escritores, Mario, han tratado de imitarlo en sus escritos. Su limpieza, su estética, su clase superior, su estilo hasta el delirio. Recuerdo algunos escritores, luego y siempre frustrados, que intentaron esa imposible aventura. ¿Por qué, en tu criterio intelectual, es imposible imitar o plagiar a Borges sin que se note inmediatamente, a la primera lectura?

R. El estilo y los temas de Borges son absolutamente personales y, por eso, Borges no tiene imitadores válidos, a diferencia de Faulkner o Joyce. A sus imitadores, Borges los mata, es decir, los anula y delata como «borgesitos». Muchos autores de distintas generaciones y de distintas lenguas han tratado de imitarlo y, en vez de empujarlos hacia la originalidad, se delataron como imitadores. Es un caso curioso, porque lo general es que los grandes escritores estimulen y orienten a los más jóvenes y les permitan encontrar su propia voz, pero hasta en esto es Borges un caso único.

«A partir de ‘Historia universal de la infamia‘ es cuando Borges encuentra sus propios temas y empieza a escribir con una extraordinaria originalidad»

P. En cuanto a su poesía, ya sabes…, hay gente, críticos incluso de cierta valía literaria, que sostienen que la poesía de Borges no es tan «interesante» como su prosa, como sus narraciones, sus cuentos, sus ensayos… ¿Discutirías el valor de su poesía, la juzgas como tantos otros bastante inferior a sus relatos y a los ensayos, en el conjunto total de su obra?

R. Creo que la poesía de Borges es tan buena como sus ensayos y sus cuentos. Me refiero, no a la poesía que escribió en su juventud, en Mallorca o al regresar a Buenos Aires, cuando trataba de ser un poeta ultraísta, ni cuando intentó ser un poeta criollista, una poesía que abandonó pronto, yo diría que, a partir de Historia universal de la infamia, que es cuando Borges encuentra sus propios temas y empieza a escribir con una extraordinaria originalidad.

P. ¿Qué opinas de las “boutades” de Borges, que molestaban a diestro y siniestro, más a siniestro que a diestro, sin duda? Hay hasta libros completos que recopilan esas “boutades”, las famosas frases de Borges, llenas de encanto irónico y de duros sarcasmos, siempre tan divertidas para unos y no tanto para otros…

R. Existen toda clase de fantasías delirantes y no me extraña que haya muchos libros chismográficos sobre Borges. La verdad es que no hacían falta todas esas invenciones, porque su vida quedó muy bien reflejada en una frase que escribió en sus breves y brillantes prólogos: «muchas cosas he leído y pocas he vivido». Se pasó la vida leyendo, en bibliotecas, primero de su padre y luego públicas y no hay ninguna duda que al mismo tiempo que se convertía, gracias a su memoria prodigiosa, en un erudito fuera de serie, su experiencia vital fue mínima y vivió de una manera muy recortada y pobre, sobre todo desde el punto de vista sentimental y sexual. Felizmente encontró en su vejez a María Kodama, una mujer bella, joven y muy interesada en su mundo, que le dio una serenidad y lo acompañó hasta el final. Yo creo que en esos años fue muy feliz, contrariamente a lo que había sido en su juventud y madurez, y todos los admiradores de Borges tenemos que agradecer a María Kodama lo mucho que ha hecho por él después de muerto.

«Todos los admiradores de Borges tenemos que agradecer a María Kodama lo mucho que ha hecho por él después de muerto»

P. La evolución de Borges, literariamente hablando, es un prodigio. Se libera del criollismo, entra en al cogollo fundamental del ultraísmo, lo lidera, vuelva a sentir añoranza por el criollismo durante temporadas (argentino hasta más allá de la muerte), y finalmente se lanza al mundo internacional, a conquistar su lugar en ese mundo eterno y universal. Y lo consigue, lo convence con su obra y su palabra de que él es Borges, el escritor que estaban esperando, el más grande escritor de nuestra lengua en la segunda parte del siglo XX y de lo que va del XXI, por encima de otros muy buenos escritores que alcanzan una importancia mediática muy alta y una gran popularidad entre los lectores que quedan en nuestro universo del español. Esa evolución hacia el mundo comienza a trascender en la revista de Victoria Ocampo, Sur, plena de vanguardia… ¿Qué te parece? Otrosí: hace unos años estuve en La Sorbona, para escucharte una de tus mejores conferencias literarias. Creo que se titulaba «Un bárbaro en París», e involucramos a la Cátedra Vargas Llosa en ese acontecimiento espléndido. Había un llenazo de público y estuvo, entre otros eminentes hombres de letras franceses, el patrón actual de Gallimard. Hablaste en francés y diste una gran lección sobre Borges. ¿Fue esa actitud la misma de Borges cuando dio una conferencia en París ante académicos y profesores, creo que en 1963, la que acabó por convencer a los franceses, y a todos el mundo europeo, que estaban ante un extraordinario monstruo literario

R. Siempre recordaré la visita de Borges a París el año 1963, cuando yo trabajaba en la Radio Televisión Francesa. Lo invitaron a un homenaje a Shakespeare que organizó la UNESCO. Participaron también Lawrence Durrell y Ungaretti. Este último leyó sus traducciones de sonetos de Shakespeare, y Durrell hizo una exposición muy divertida diciendo que Shakespeare había sido el equivalente de Hollywood en su tiempo. Pero el que deslumbró a los franceses fue Borges. Subió al escenario llevado por Roger Caillois y pronunció, en un francés anticuado y clásico, una maravillosa conferencia sobre Shakespeare, citando de memoria fragmentos de sus poemas y de sus obras de teatro. Durante aquella visita, Borges dio también dos charlas, en la Sorbona y en la Maison de l’Amerique Latine, entre cuyos públicos repletos se vieron a muchos grandes escritores franceses que por primera y única vez asistían a conferencias públicas de ese «colega latinoamericano» que hablaba un francés perfecto y había leído más literatura francesa que todos ellos. Borges estaba ya muy viejecito pero debió emocionarlo ver cómo había conquistado París. Consecuencia de esa visita fueron los números especiales que le dedicaron la revista L’Herne y la NRF. Desde entonces Borges ha pasado a ser una figura en Francia, como lo prueban los dos volúmenes que le ha dedicado la Pléiade, en una edición que es un modelo y de la que no hay equivalente en español.

Lean, pues, Medio siglo con Borges. Flaubert, García Márquez, Víctor Hugo, Onetti, tantos otros grandes escritores despertados en libros dedicados a ellos por Vargas Llosa, no sólo un novelista, un estudioso ensayista de las literaturas del mundo entero en plena vitalidad creativa. Lean esta recopilación de artículos y escritos sobre Borges por Vargas Llosa en estos últimos cincuenta años de «literaturalidad». Sabrán ya más de Borges después de leerlo al final -supuesto- de esta pandemia…

FUENTE: J. J. ARMAS MARCELO PARA HTTPS://ELCULTURAL.COM

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