Clases presenciales: «una de las medidas más efectivas para bajar los casos es el cierre de las escuelas»:  Entrevista exclusiva con la epidemióloga que dirigió la investigación publicada en The Lancet. Página/12 dialogó en Londres con Deepti Gurdasani, una de las voces internacionales más autorizadas sobre el efecto que produce la actividad escolar en la pandemia. La epidemióloga cuenta la experiencia inglesa y deja al descubierto la falsedad de los  argumentos del Gobierno porteño.

La epidemióloga Deepti Gurdasani de la Queen Mary University of London encabezó una reciente investigación publicada en “The Lancet” que llegó a una conclusión inequívoca: el cierre de las escuelas primarias y secundarias baja el número de casos, la apertura de los establecimientos educativos, los aumenta. En diálogo con Página/12 Deepti Gurdasani señaló que a una conclusión similar arribaron distintas investigaciones en todo el mundo.

–En septiembre el Reino Unido decidió la reapertura de las escuelas primarias y secundarias. En enero las cerró por más de dos meses ante el espiral de casos que estaba desbordando el Servicio Nacional de Salud. ¿Qué hallaron en su estudio sobre estos dos hechos?

Una cosa que nos quedó bien clara es que el ritmo de incremento y descenso de casos a nivel social va de la mano de la apertura y cierre de escuelas. Esto quedó muy claro en noviembre cuando el Reino Unido entró en un confinamiento nacional, pero mantuvo las escuelas abiertas. En este período se registró un aumento de la nueva variante del virus que estaba circulando que impactó en la variable R de reproducción del virus. Esta variable solo descendió cuando cerraron las escuelas a principios de enero. El Reino Unido no es un caso excepcional. En un estudio publicado también en el “The Lancet” y en otro publicado en “Nature Human Behaviour” intentaron evaluar el impacto de distintas intervenciones gubernamentales en la reproducción del virus. Entre las medidas que analizaban estaba el cierre de las escuelas. Ambos llegaron a la conclusión de que una de las medidas más efectivas para bajar el número de casos era el cierre de las escuelas. El estudio del “The Lancet” abarcaba a más de 100 países. El de “Nature Human Behaviour” a casi el doble.

–El contraargumento que se ha usado contra el cierre de las escuelas es que los niños no se contagian tanto, ni contagian con la misma frecuencia y velocidad que los adultos.

–Esto choca con los datos que tenemos de la Oficina Nacional de Estadísticas. En noviembre hubo confinamiento nacional y en diciembre, antes de Navidad, se pasó a un confinamiento de distintos niveles de acuerdo al número de casos en cada lugar. Pero en todo este período las escuelas se mantuvieron abiertas. El resultado está a la vista. La prevalencia de infección entre chicos de 2 a 10 años, que fue de un dos por ciento, y la que hubo en chicos de 11 a 16 años, que fue del tres por ciento, fue mucho más alta que la que se registró en el resto de los grupos etarios de toda la sociedad durante este período. El problema de los estudios que quieren demostrar lo contrario es que basan sus datos en casos de chicos con síntomas, pero sabemos que a esa edad es mucho más frecuente que haya casos asintomáticos que en los adultos. Hay una clara subestimación del número de chicos infectados. Y por ser asintomáticos, los chicos se contagian entre ellos y transmiten el virus, pero lo hacen silenciosamente. El contagio de un niño se identifica muchas veces a partir del contagio de un adulto, sea un padre o un maestro.

–¿Es posible separar el peligro que representa la interacción en la escuela del impacto que tienen las clases por el aumento de interacción en el transporte público o entre los padres en las puertas de las escuelas? En el Reino Unido, cuando se decidió volver a las clases presencial después de dos meses sin clases el 8 de marzo, la estimación fue que del día a la noche se ponía a diez millones de personas a interactuar socialmente.

–No hay ningún estudio que yo conozca que separe el impacto que puede tener cada esfera -transporte, escuela, etcétera- en el aumento de los contagios. Pero me parece ridículo pensar que la transmisión que ocurre fuera de la escuela se detiene mágicamente cuando uno entra en la escuela. Hay además estudios en Estados Unidos, Suecia y Dinamarca que muestran que es más alto el nivel de infección en padres de chicos que van a las escuelas y en maestros que enseñan de manera presencial. En Suecia el estudio mostró que los maestros que enseñaban de manera presencial eran el doble más pasibles de contraer el virus que los que enseñaban de manera remota. Lo mismo pasaba con los padres. En Estados Unidos un estudio de 500 mil familias llegó a la misma conclusión, igual que el estudio en Dinamarca.

–¿Qué pasa con los protocolos escolares? ¿No se aplicaron rigurosamente o no funcionaron?

–Los protocolos existen en teoría. En la práctica no, con excepción de las medidas de higiene. Pero, por ejemplo, el uso de los barbijos en la escuela ha sido muy bajo, las burbujas son muy amplias en términos de cantidad de estudiantes, hay clases con 30 alumnos, la ventilación es deficiente o la misma arquitectura escolar impide una aplicación rigurosa y consistente de los protocolos.

–¿Qué datos tienen sobre lo que ocurrió con la última reapertura de las escuelas, la del 8 de marzo?

–El grado de infección de los niños antes de las Pascuas había aumentado más que entre el resto de los grupos etarios. No nos sorprendió porque, como mencioné antes, ya había pasado en la época pre-navideña. A partir de esta última reapertura, tanto en Inglaterra como en Escocia, hubo un aumento de la infección en escuela primaria y secundaria. En Escocia llegó a subir cuatro veces porque ellos abrieron el 22 de febrero, antes que en Inglaterra. Es también notable que en las dos semanas de intervalo escolar durante las Pascuas bajó el número de infecciones.

–Cuando se habla de la covid el acento se pone en los adultos y sobre todo en los de más edad y con problemas de salud subyacentes. ¿Qué sabemos del impacto en los chicos?

–Creo que este impacto está subestimado. Aunque es improbable que la covid-19 cause una enfermedad grave en los chicos, la estimación que tenemos es que hay un claro impacto en lo que se llama covid de larga duración. Un estudio muestra que entre el diez y el trece por ciento de los niños desarrollan estos síntomas de largo plazo que duran cinco o más semanas, mientras del siete al ocho por ciento duran doce o más semanas. Todavía no sabemos cuál es la patología subyacente, pero es muy preocupante dada la incertidumbre que existe sobre el impacto a largo plazo de la infección. Hoy en el Reino Unido hay 42 mil chicos que están infectados con Covid a largo plazo.

Fuente: Marcelo Justo desde Londres para www.pagina12.com.ar

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