En la sesión plenaria “Retos del español en la educación del siglo XXI” del CILE 2019 (Congreso Internacional de la Lengua Española) que sesiona en Córdoba, el escritor chaqueño Mempo Giardinelli prefirió al “castellano” por sobre el “español”; pareció, así, contestar los dichos del Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, sobre el rol “integrador” y trazó un oscuro panorama de la educación.

Desde Córdoba
El problema político es cómo se nombra el mundo. El nombre no es un “detalle” pequeño o invisible. Mempo Giardinelli objetó que en el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que terminará mañana (30/3/19) en Córdoba, se llame español al “castellano americano que hablamos”, durante su ponencia en la sesión plenaria “Retos del español en la educación del siglo XXI”, en la que participó también el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro. “Yo no digo español sino castellano. Por más que todos los programas de computación del mundo cambien el vocablo castellano por español, el idioma español nunca existió, no existe, y si su uso se generalizó fue por la sumisión al barbarismo de traducir el vocablo inglés spanish”, planteó el escritor chaqueño y para fundamentar la inexistencia eligió la propia Constitución Española de 1978 que declara que “el castellano es la lengua oficial del Estado”.

Giardinelli aseguró que el concepto “español” empezó a instalarse a partir de traducciones, de intereses económicos y de expansión geopolítica. “Su imposición universal puede pensarse que se inició hace menos de treinta años, cuando los fastos celebratorios del quinto Centenario del desembarco de Cristóbal Colón en América. Y tengo para mí que esa instalación no fue ingenua ni casual, ni inocente”, agregó el autor de Santo Oficio de la Memoria.

“La denominación de nuestra lengua es un tema central de la educación. Los desafíos no los plantea el español sino el neoliberalismo global que hoy predomina en el mundo, y que en materia educativa es especialmente peligroso. Ahora en este país y desde hace mucho en países vecinos observamos el paulatino y peligroso reemplazo de pedagogos y maestros por gerentes e instructores provenientes de dudosas disciplinas”, criticó el escritor chaqueño y puntualizó que la educación no es solamente una cuestión pedagógica, sino política. 

“Educar y cómo hacerlo es una decisión política, como también lo es no hacerlo. Por lo tanto, la precisión y modo de uso de la lengua que habla y en la que lee y se expresa cada sociedad también lo es. La lengua que hablamos es una cuestión política. Este Congreso también es político, porque es una continuidad de una decisión política tomada por las autoridades del Estado Español: la de consagrar a la lengua que ahora llaman español como hegemónica síntesis de todas las lenguas de todos los pueblos que hablan lo que nosotros llamamos castellano”.

El escritor chaqueño, columnista de PáginaI12, afirmó que esa instauración inconsulta le parece un error. “Esta imposición no reconoce y niega la vigencia y vitalidad de las lenguas originarias que se hablan a la par del castellano en lo que hoy son más de 30 naciones americanas. Como tampoco entiende ni parece aceptar el extraordinario aporte de los idiomas de la inmigración que, constituyen también la lengua que verdaderamente hablamos en este continente: el castellano Americano”. 

El escritor y periodista señaló que hay una creciente alarma porque “las políticas educativas que nos formaron como naciones independientes y castellano-hablantes están siendo cambiadas veloz y peligrosamente desde que el fuerte desarrollo europeo asistió a la España posfranquista, muchos de cuyos estamentos parecen haberse autoatribuído la misión de recuperar a sus viejas colonias por medio de un nuevo sistema imperial económico-financiero y cultural, y ahora también educativo y lingüístico”. 

Entonces Giardinelli fue al grano de la cuestión del cambio de paradigmas. “Ahora en la educación argentina la intervención de empresas e instituciones transnacionales empieza a gobernar el sistema. Impone la disminución salarial, sataniza al sindicalismo educativo, recorta las becas y ayudas, desmantela la educación técnica, elimina Institutos de Formación Docente y cancela la educación para adultos y trabajadores. Es coherente con las políticas de desindustrialización, una de cuyas consecuencias es el deterioro de la educación pública en el interior del país, en todos los niveles. Y eso conlleva el abandono tanto pedagógico como edilicio y de formación docente. Lo que en un país con el 60 por ciento de inflación anual y uno de los cinco mayores endeudamientos del planeta, es poco menos que incendiario”, arremetió el autor de La revolución en bicicleta y Luna caliente, entre otras novelas.

Giardinelli detalló que el actual gobierno argentino “ha clausurado prácticamente todos los programas que en lo que va del siglo habían mejorado notablemente el sistema educativo”, como el Plan Nacional de Lectura, la eliminación de decenas de programas educativos complementarios de la educación formal en los niveles inicial, medio y superior, los programas de educación por el arte, educación sexual, prevención de la violencia escolar, las orquestas infantiles y juveniles, además del desfinanciamiento de las 62 universidades nacionales públicas y gratuitas. “Esto es brutal y solamente augura un futuro más que sombrío”, resumió el escritor que interpeló, “con todo respeto”, al ministro Finocchiaro. ¡Bravo, Mempo!, gritó un hombre y se puso de pie para aplaudirlo. 

“Los atentados idiomáticos, como cambiar el habla de un pueblo, e imponerle un nombre que no tiene ni reconoce, son gravísimos para la libertad, la democracia y la literatura”, alertó el escritor chaqueño y se refirió al “proceso de embrutecimiento” alentado por “el gran pervertidor de la lengua y distorsionador de significados, que es el sistema multimediático argentino, enfermo de frivolidad y pésimo lenguaje”. 

“La imposición de una lengua es un modo de la dominación”, subrayó Giardinelli y comentó que “la lengua en que nos entendemos es el castellano americano, que a su vez reconoce peculiaridades que no son dialectales sino verdaderos usos nacionales o regionales, como el castellano andino, el castellano mexicano, el castellano rioplatense que compartimos con Uruguay, el yopará en Paraguay y las decenas de mixturas y combinaciones lingüísticas de la inmensa geografía latinoamericana”. 

Como educador con décadas de expe- riencia docente, el escritor chaqueño confesó finalmente que se siente orgulloso de la lengua que habla, que no se llama español. “El castellano americano es mi patria cuando digo, leo, escribe y enseño”.

 Fuente: Silvina Friera para www.pagina12.com.ar

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