La pedagoga argentina, que fue vice-ministra de Educación del actual gobierno en su primer año de gestión, brinda algunas claves de lectura para poder acercarse a la figura del maestro brasileño.

“Una de las mayores virtudes de la obra freireana fue tener la plasticidad necesaria para interpelar a múltiples sujetos y dejar germinar muchas propuestas”, escribe Adriana Puiggrós en el libro De Simón Rodríguez a Paulo Freire: educación para integración iberoamericana (Colihue). La obra es uno de los tantos escritos de esta prestigiosa pedagoga argentina que aborda la figura del educador brasileño.

Doctora en pedagogía de la Universidad Autónoma de México (Unam), exviceministra de Educación nacional y actual asesora presidencial, Puiggrós es la autora del prólogo de la edición argentina de Esa escuela llamada vida (Legasa), un libro que recopila un diálogo sumamente rico entre Freire y Frei Betto, cargado de anécdotas, reflexiones y conceptos claves para entender el rol de la acción educativa en el proceso de liberación de los pueblos. En ese prólogo, la educadora argentina menciona la noción freireana de “inédito viable”, que según cuenta a La Capital, es una categoría que la acompaña todo el tiempo.

La autora de La educación popular en América Latina y actual directora de la revista de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe), menciona algunos textos indispensables para acercarse a la figura de Freire, recomienda inscribirlo en la historia y desglosa algunos conceptos centrales del educador brasileño.

—¿Por qué es importante la figura de Freire para la educación latinoamericana?

—Freire aporta no solo a la educación latinoamericana sino que produce un cambio en el curso de la educación moderna, al introducir la posibilidad de lo que él llama otra pedagogía, una en la cual el alumno tenga protagonismo. Y sobre todo que sea tenida en cuenta la cultura de los alumnos de los sectores populares, de culturas distintas y de migrantes, como una condición para que se establezca el vínculo pedagógico. Este es un punto muy importante porque impacta en las concepciones pedagógicas. Otro aspecto es que Freire ve a la educación profundamente vinculada con la política. No estoy hablando de política partidaria, sino como manera de relacionarse, como un elemento que está presente en todos los vínculos sociales. Y después a lo largo de su carrera despliega una serie de otros conceptos que son sumamente interesantes.

—Durante la pandemia mucho se habló sobre la necesidad del diálogo y la escucha en las escuelas y Freire planteó la categoría de educación dialógica. ¿Qué me podés decir de eso?

—Sí, efectivamente, sobre la base de la consideración de que los alumnos tienen saberes. Esto ha sido bastante desarrollado, la valorización de los saberes que se adquieren fuera de la escuela. Se hizo conocido que Freire alfabetizaba en 45 días grandes cantidades de campesinos del nordeste de Brasil, y los observadores y estudiosos consideraban que había hecho un nuevo método de alfabetización. En realidad ese es un reduccionismo, porque lo de Freire no es un nuevo método, sino que justamente es la condición de establecer un vínculo entre culturas, entre saberes del educador y del educando, para poder llevar adelante el proceso de alfabetización. Dicho de otra manera, que no es posible el educar si no se escucha, no se entienden ni se establecen articulaciones con la lengua, con la cultura, con las costumbres y la historia del educando y del educador. A esta altura uno podría decir que cuando el educador tiene que transmitir elementos culturales que no son suyos, que no tiene incorporados, que no conoce y que en todo caso tiene que aplicar, tampoco se establece el vínculo pedagógico.

«No es posible educar si no se escucha, no se entienden ni se establecen articulaciones con la cultura y la lengua del educando y del educador»

—Dentro del pensamiento de Freire hay otras categorías, como libertad, opresión o educación bancaria. ¿Hay alguna que consideres necesaria recuperar hoy?

—Creo que cada una de esas categorías tiene hoy un sentido muy fuerte. Por ejemplo, empecemos por la educación bancaria: si yo pretendo imponer mis ideas estoy desarrollando lo que llamó educación bancaria, en poner en la mente de los alumnos mis ideas. Y al mismo tiempo no estoy organizando un vínculo pedagógico, sino una vinculación violenta en donde esto también va para los alumnos. El tema es que los alumnos sepan y aprendan a abrirse y a escuchar. Esto para la sociedad argentina me parece particularmente importante. Mencionaste varias categorías muy importantes y una fundamental es el inédito viable. Esta categoría es la que Freire va a desplegar desde el principio. Hay un entrevista maravillosa que tiene con el fraile dominico Frei Betto donde aparece esta categoría, porque Frei Betto escribe un libro que se llama El día de Angelo en donde muestra cómo puede atravesar con la imaginación las paredes de la cárcel, y cómo el tener proyecto y futuro le permite sobrevivir y salir en condiciones de vincularse social y políticamente con la transformación de la realidad. La idea de inédito viable es que hay en la historia, en la vida social, en la política y por supuesto en la educación, posibilidades que son inéditas y que hasta ahora no han sido abordadas. Él lo que dice es que la imaginación de nuevas posibilidades tiene que tener algo de realismo para que sea viable. Entonces abre una línea de pensamiento prospectivo muy interesante para cualquier circunstancia. Incluso en aquellas en las cuáles parece que no hay salida. Cuando parece que no hay salida conviene recordar lo que decía Freire respecto a que hay posibilidades inéditas y que seguramente son viables.

—Recién mencionabas ese libro de Freire y Frei Betto que es “Esa escuela llamada vida”. En el prólogo vos hablás de la dimensión política de la educación para pensar a Freire.

—Fijate que la dimensión política fue introducida desde el comienzo de nuestra historia. Sarmiento tiene un largo texto donde transcribe el artículo de un escritor norteamericano donde argumenta algo que a muchos hoy escandalizaría, porque dice que desde que los niños son pequeños tienen que tener una educación política. En las obras completas está en el tomo de los escritos sobre la educación en los Estados Unidos. Estamos hablando de un Estados Unidos a fines del siglo XIX, en una época democrática y de mucho trabajo comunitario, donde Sarmiento había ido al lugar donde se estaba haciendo una experiencia muy avanzada, como era la del pedagogo Horace Mann, de donde Sarmiento construyó la categoría de educación común. Es su costado liberal democrático. La educación del ciudadano ha estado siempre en la historia de la educación argentina y creo que es absolutamente fundamental porque la política cruza toda la vida social y familiar. No necesariamente como política partidaria, sino como forma de vinculación. Entonces, hay que enseñar y aprender formas de vinculación que permitan el diálogo, el debate y la confrontación de posturas.

—Con Freire, al igual que con otras personalidades importantes de la historia latinoamericana, se ha construido una figura mítica. ¿Es necesario bajarlo de ese lugar?

—No creo que sea necesario bajarlo, sino inscribirlo en la historia de la educación. La mitificación de las figuras, igual que la de Simón Rodríguez, que se transformo en un mito, hace que no se lo entienda en medio de su historia. Si uno pone a Freire en el cauce de la historia de su vida va a encontrar que empezó trabajando en la Alianza para el Progreso. Ese fue su primer trabajo como educador y fue funcionario en esa época. También tener en cuenta que Freire trabajó en alfabetización, en el 64 se tuvo que ir y fue a colaborar con el gobierno boliviano, luego con el peruano y después con el chileno. Luego fue a Ginebra, donde el Consejo Mundial de Iglesias afortunadamente le dio un espacio y desde allí él pudo escribir y difundir su obra. Ese es el tránsito de Freire y entre las influencias que tuvo está la corriente de la Escuela Activa, que en Brasil publicó en 1931 un maravilloso manifiesto —el Manifesto dos Pioneiros da Educaç o Nova— que es quizás uno de los mas importantes documentos que hay en América Latina, que hace confluir las ideas de toda la corriente de la Escuela Activa, la de Decroly, Montessori, etcétera. Habría mucho para hablar de ese manifiesto y de esa corriente, la de Lourenço Filho. También eso tuvo influencia en Freire, no fue solamente la teología de la liberación —que sí fue fundamental—, el existencialismo católico de Maritain o el personalismo de Mournier.

—¿Qué pistas de lectura darías a estudiantes o maestros para acercarse a la figura de Freire?

—Creo que tienen que leer Pedagogía del oprimidoLa educación como practica de la libertad y Pedagogía de la esperanza. Pero leerlos, porque el otro elemento que hace a esta mitificación es que no se lo lee. Si ves cuántas personas realmente se detuvieron a leer un libro entero de Freire vas a encontrar que no son tantos. Hay muchos más libros que escribió Freire, pero esos tres tienen que leerlos los educadores. Después hay muchas obras escritas sobre Freire. Por ejemplo el libro de Lidia Eugenia Rodríguez que es Paulo Freire: una biografía intelectual, o los libros de Carlos Alberto Torres, un educador argentino que vive en los Estados Unidos que le hizo la primera entrevista a Freire. También Moacir Gadotti, que fue la mano derecha de Freire, ha escrito mucho sobre él. Pero me parece que lo importante es leer a Freire. El diálogo con Frei Betto o la polémica con Iván Illich, el educador austríaco que fundó una institución en México, que sostenía la desescolarización y que estaba en contra de las instituciones porque reproducían la ideología dominante. Él tuvo una polémica muy fuerte con Freire, que defendió al maestro y a la escuela. Más que defendió, argumentó la necesidad de la transmisión formal, ordenada y sistemática de la cultura. Esa es una polémica muy interesante para leer.

«Cuando parece que no hay salida conviene recordar lo que decía Freire, que hay posibilidades inéditas que seguro son viables»

—De hecho siempre hubo una reivindicación de Freire de la figura del educador.

—Exacto. Otro libro de Freire, que es La importancia de leer, muestra esa reivindicación, pero lo que pasa es que en los años 90 hubo una lectura de Freire en donde se entendía que borraba la figura del educador y no es así. Freire se enojaba mucho con eso, incluso cuando se lo preguntaban. De hecho no solo defendió la escuela sino que aceptó el cargo de secretario de Educación de la ciudad de San Pablo. Cosa que le costó un gran dolor de cabeza, por la enorme dificultad de trabajar con un sistema consolidado y tratar de difundir la educación dialógica. Pero lo afrontó y siguió pensando, como digo yo, a la escuela como plataforma de la patria, que es la necesidad de defender a la escuela frente al avance de las grandes corporaciones y de un mercado al cual le interesa que la escuela permee sus fronteras y se debilite. Porque parte de ese mercado consiste en sustituir con sus productos funciones de la escuela, producir paquetes de contenidos y vender formación docente. Iván Illich decía a fines de los 60, en pleno auge de la crítica total a la escuela, que lo que más le preocupaba es que si se desescolariza todo va a avanzar el mercado.

—¿En todos tus años como educadora hay alguna frase de Freire que te haya acompañado?

—El inédito viable es la categoría que me acompaña todo el tiempo. La pedagogía de la esperanza y el inédito viable. La historia ha tenido momentos muy complicados, muchos momentos en donde la humanidad pudo haber desaparecido pero finalmente se encontraron caminos a través de los cuales la historia siguió. En algunas cuestiones sigue habiendo huecos profundos que hay que superar, pero creo en la historia y en el futuro.

Fuente:Matías Loja para https://www.lacapital.com.ar

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor deje su comentario
Por favor ingrese su nombre

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.