Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) fue un escritor fuera de la común no sólo por su capacidad para crear pseudónimos sino también por lo variado de su obra. Si bien es más conocido por su poesía, el lusitano ejerció la prosa no con menos tino. El libro del desasosiego, por ejemplo, condensa buena parte de su forma de entender el mundo.

Pero Pessoa es todavía más que esto. En El mendigo y otros cuentos, encontramos un puñado de cuentos que nos descubren la faceta metafísica del portugués.

Bajo la edición de Ana María Freitas, algunos fueron encontrados en libretas o cuadernillos extraviados. Por lo mismo unos están inacabados y a otros les falta una que otra palabra. En la mayoría de los casos esto no afecta el rumbo de las piezas. Fiel a su costumbre los firmó con pseudónimos: David y Lucas Merrcick, Charles Robert Anon, Horace James Farber, Alexander Search, Vicente Guedes y Bernardo Soares, entre ellos.

Los mejores momentos del volumen llevan por nombre El mendigo, En un bar de Londres, El eremita de la Sierra Negra y El filatelista. En cada uno leemos a un narrador que se encuentra con un personaje medio misterioso que en un periodo corto de tiempo le deja una revelación sobre el sentido de la vida.

“Perderemos la conciencia del cuerpo y, al hacerlo, ganaremos la conciencia pura de nuestra alma y de las almas que coexisten con ella”, escribe en El mendigo.

Pessoa usa la imagen del viaje y del recorrido personal para instar a una reflexión que nos lleva a otro estado de conciencia. Así, la anécdota pierde peso ante la atmósfera y la dimensión íntima que intenta tocar. De los relatos se desprenden líneas que sin duda funcionan como aforismos, otro género que siempre interesó al portugués.

El hombre sólo puede ser feliz con inconsciencia e ignorancia. Esta clase de felicidad la encarnan los niños” o “Nuestra fuerza es la inconsciencia de nuestra debilidad. Nuestra valentía es la inconsciencia del peligro”, son enunciados con peso específico propio y que funcionan al margen de cualquier argumento.

A Pessoa hay que leerlo con pausa, en dosis y sin prisa. Sólo así podremos encontrar estas pequeñas joyas y desde luego no caer en la depresión que produce asumir nuestra insignificancia.

Fernando Pessoa. El mendigo y otros cuentos. Acantilado. Traducción: Roser Vilagrassa. 109 pp.

Fuente: Héctor González para https://m.aristeguinoticias.com

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