La gran dramaturga argentina cumple 93 años. En esta nota se hace un breve repaso por su carrera magistral y compartimos un texto de Mauricio Kartun, escrito especialmente para homenajearla.

El 28 de julio de 1928 nació, en el barrio de La Boca, Buenos Aires, Griselda Gambaro, una de las figuras clave del teatro argentino de todos los tiempos.

Pionera entre las dramaturgas de nuestro país, inició su carrera como autora de cuentos y novelas cortas. Su primera publicación, Madrigal en ciudad (1963), ganó una distinción del Fondo Nacional de las Artes (FNA). Dos años después, El desatino, otra colección de cuentos y narrativas cortas, obtuvo el premio Emecé.


Fue precisamente la adaptación de uno de esos relatos su primer estreno teatral en el vanguardista Instituto Di Tella, en 1965. En su ópera prima El desatino, sobre un hombre que se despierta con un aparato extraño en la pierna del cual no se puede liberar, se pueden vislumbrar los temas que le interesarán toda la vida: la opresión, la violencia y la imposibilidad de la comunicación se desenvolverán en su trabajo en clave de revelación grotesca sobre la condición humana.

«El tempo dramático es muy misterioso –afirmó en una entrevista-, ni sé cómo o por qué advierto la duración correcta de una escena o definir el vínculo entre los personajes. Todo eso surge como totalidad».

Aun así, su producción navega entre la literatura y la puesta en escena. En 1964, el FNA y la Asociación de Teatros reconocieron la pieza Las paredes, y en 1967, el Instituto Nacional de Cinematografía premió el guión de La infancia de Petra, sobre un relato de su primer libro también.

Escritora de ensayos, definió en uno de ellos: “La ambivalencia del texto dramático se refiere a su doble función: texto que es una hipótesis para el escenario, texto que debe mantenerse como literatura fuera de él”.

Casada desde 1955 con el escultor Juan Carlos Distéfano -también parte del movimiento del Di Tella- decidieron exiliarse en 1969 ante el clima represivo de la dictadura comandada por el militar Juan Carlos Onganía. Es este clima lo que la impulsó a escribir una de sus obras más vigentes, El campo (1968), sobre las vicisitudes de un argentino que despierta en un campo de concentración nazi.

“Cuando se estrenó, se la leyó como una pieza que respondía a una realidad foránea, pero la obra tiene que ver con esa amenaza, esa presión que se sentía bajo la dictadura de Onganía. Después, se convirtió en una especie de premonición de la Dictadura Militar de 1976. Eso se vio perfectamente cuando la re estrenó Alberto Ure en el Teatro Cervantes en 1984”.

Así, sus libros hablan también sobre la realidad social en la que estamos inmersos aun antes de que lo notemos y no siempre como tema excluyente. En 1977, publicó su novela Ganarse la muerte, que fue censurada por la dictadura con la firma de un decreto de Albano Harguindeguy. La resolución, amparada en la defensa de la “moral cristiana y nacional”, acusaba al texto de tener “una posición nihilista frente a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”. Los ejemplares fueron secuestrados y Griselda otra vez fue obligada a exiliarse hasta su regreso en 1980.

En 1981, su obra Decir que sí se estrenó en el mítico ciclo “Teatro Abierto” como un desafío al régimen militar. Allí, a través de un diálogo absurdo entre un peluquero y un hombre, se revela la violencia que puede generar el silencio y la pasividad que infunde el miedo.

Para Gambaro, aquel ciclo fue “un hermoso fenómeno de solidaridad entre la gente de teatro y el público”, pero no implicó una revolución estética. “Recuperó al público, destruyó la atomización, ese aislamiento que había impuesto la dictadura. Pero en el aspecto teatral, no innovó mayormente”.

Su extensa producción incluye también Cuatro ejercicios para actrices (1970), Nada que ver (1972), Información para extranjeros (1978), Dios no nos quiere contentos (1979), La mala sangre (1982), Antígona colérica (1986), La casa sin sosiego (1992), Es necesario entender un poco (1995). Dar la vuelta (1999), Lo que va dictando el sueño (2002) y La señora Macbeth (2003), entre muchas otras.
Fue además la primera autora mujer en inaugurar la Feria del Libro de Buenos Aires y la internacional de Frankfurt con Argentina como invitada de honor. Sus textos fueron traducidos a varios idiomas y publicados en Estados Unidos, Polonia, Alemania, Inglaterra, Francia y Brasil. Entre otras importantes distinciones obtuvo el Premio Konex, Premio Nacional y Municipal de Teatro, Doctora Honoris Causa (IUNA), Premio Universitario de Cultura (UNC) y Premio Atahualpa del Cioppo (España).

Desde su casa en Don Bosco, en el conurbano bonaerense, donde vive desde su regreso al país, sigue abogando por un arte que se rebele ante la injusticia y la opresión. “Cuando el teatro rompe esquemas y proporciona al espectador datos tremendos sobre su condición humana, ‘le mueve el piso’ o trata de integrarlo a un mundo que no le ofrece ya seguridad. La actitud lógica, entonces, es de rechazo. Salvo que uno sea bastante joven como para sentirse capaz de modificar ese mundo».

Gambaro por Kartun: “Las obras de Griselda son resplandores en medio de la oscuridad”

Las obras de Griselda me han sorprendido siempre por su extraña singularidad. Una originalidad espontánea. Distinta y a la vez familiar. Y siempre revulsiva. Sin rastro alguno de esa provocación exhibicionista que ha consumido tantas veces la energía de las vanguardias. Capaz de crear en el espectador una nueva forma de recepción, una nueva mirada sobre el mundo. Universal y nacional. Pinter apareado con Discépolo. Una mixtura extraordinaria.

No me cabe duda: todos nosotros, autores de las últimas cinco décadas, tenemos algo de Griselda.
Si experimentar es irse del perímetro, -del círculo en el que convive lo transitado, lo correcto, lo conformista-, cada artista que avanza más allá de los límites tradicionales, agranda ese círculo, renueva el espacio y le permite luego a otro transitar esa tierra ganada. Griselda ha sido y es una conquistadora notable. Y generosa. A sus zonas de experimentación las hemos ido poblando después cada uno de nosotros, incluso algunos que podrían pensarse en sus antípodas. Me reconozco cada tanto en alguno de sus procedimientos. Es difícil leer sus obras y no quedar influenciado por esa atmósfera, por cierta música interna que te pasa a la mano ritmo y forma. Las obras de Griselda son así. Resplandores en medio de la oscuridad que revelan paisajes insospechados. Me pasó alguna vez con El campo, esa pieza notable, raro clásico; de una matriz contemporánea eterna. O con La malasangre. O con Puesta en claro.

Hora de agradecerle a Griselda esos fogonazos.

Una verdadera iluminadora.

* Mauricio Kartun es una de las figuras más reconocidas de las artes teatrales en la Argentina. Tiene más de treinta obras de teatro estrenadas, una veintena de textos publicados, más de dos décadas como formador de dramaturgos, y una gran cantidad de premios y distinciones.

Fuentes: Alternativa teatralDiario Río NegroLa izquierda diario, Centro Cultural de la Cooperación, libro Teatro breve contemporáneo argentino III: antología, Volumen3, de Ediciones Colihe, texto «El primer teatro de Griselda Gambaro: El desatino», de Ana Lúcia Vieira de Andrade, programa «Otra trama» en la TV Pública y https://www.cultura.gob.ar

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