«(Don Ata saca un paquete de cigarrillos importados. Enciende uno. Alguien que comparte la mesa intenta la ironía: “No me diga, don Ata, que fuma extranjeros”. Y surge, fulmínea, la respuesta: “No se vaya a creer que para ser criollo hay que cortar el bife con las espuelas”).
– ¿Te acordás, Paisano, cuando tocamos juntos en Radio El Mundo “Los Ejes de mi Carreta”? ¡Qué gusto que nos dimos! Sobre todo porque tocando la guitarra vos sos ambidextro… (Troilo)
– ¡Qué voy a ser ambidextro! Soy zurdo… (Yupanqui)
– No, Paisano. Sos ambidextro. Si tenés dos corazones… (Troilo)
– Dos corazones tenía aquel paisanito que escuchó a su amor cantar en la rueda del fogón con tal dulzura, con una voz tan tierna, que cuando terminó se le acercó y le dijo: “Quien pudiera besar esa voz”. ¿Te das cuenta? “Besar esa voz”… (Yupanqui)
– Y hay gente que se cree que hace poesía. Para reflejar en ella al hombre común, como yo siempre digo, es necesario tener pescante. Que es lo que le faltó siempre a Borges cada vez que escribió o habló de tango. Lo único que ve es el cuchillo, el compadrito… (Troilo)
– Yo tuve una fuerte polémica con Borges en un debate, cuando definió lo que, en su interpretación, es ser “un amigo”. Cuando me tocó a mí el turno, yo di una definición cortita y sencilla, que le escuché a mi tío Gabriel, mientras me alcanzaba un mate: “El amigo es uno mismo en el pellejo ajeno”. Borges comentó: “!Qué lindo¡ ¿Y cómo eso no me pasó nunca a mí?” Y yo le retruqué: “Porque Usted es un erudito y no un paisano, paisano es el que lleva al país adentro”… (Yupanqui)»

Fuente: Nota de Bruno Passarelli, publicada en el diario “La Nueva Provincia”, el 9 de Noviembre de 1965. 

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