La mejor jugadora del mundo de hockey sobre césped cuenta su viaje hacia la cima y se resignifica en su papel de referente. Confiesa que aprendió a disfrutar, dice no sentir la presión y se ilusiona con recibirse de abogada próximamente.

Jean-Paul Sartre explicó en una frase las razones por las que el “otro” es el fundamento para la existencia del sujeto: “Cada uno es lo que hace con lo que hicieron de él”. Desde el nacimiento, el ser humano no nace con una esencia prefijada, sino que la conformación está condicionada por la herencia familiar, social, cultural y económica. Esa alienación en la construcción de la personalidad que ocupaba al francés está muy presente en la capitana de uno de los seleccionados argentinos más exitosos de todos los tiempos de cualquier deporte: el de hockey sobre césped. Delfina Merino deja entrever todo el tiempo que la otredad fue un artífice para poder llegar tan lejos. Se percibe en el valor de las respuestas que da sobre su familia, sus compañeras –las del inicio y las de ahora–, sus entrenadores, su psicóloga, su club y hasta su universidad.

El símbolo de Las Leonas habla rápido, pero desarrolla. Dice mucho en poco tiempo porque piensa con velocidad. Tiene los conceptos claros, como en la cancha, y por momentos el “se juega como se vive” pasa a ser un “se habla como se juega”. Es dinámica para contar, consigue fluir, mira alternadamente a su interlocutor y al espacio como quien divisa el panorama del terreno, y le da un cierre a cada respuesta, como una delantera definiendo una acción colectiva.

Así se expresa quien desde febrero es la mejor jugadora del mundo, elegida por la Federación Internacional de Hockey. Es el mismo galardón que Luciana Aymar ganó ocho veces entre 2001 y 2013 (“Ahora me vas ganando 8 a 1”, le confió en un mensaje a la rosarina antes de viajar en secreto a Berlín a recibir el premio) y el trofeo que Cecilia Rognoni abrazó en 2002. Pero para llegar a Delfina, primero es mejor hablar de los otros.

–La primera pregunta se la encargamos a tu mamá (Mariana) y nos pidió que te consultemos por “el famoso salto gacela de la primaria”…

–(Risas) Era un ejercicio que teníamos que hacer en el colegio. Tenía una profesora, Misani, que nos enseñaba el salto gacela y fue todo un tema llegar a hacerlo. Era algo medio artístico. Costó un poco, pero lo logramos.

–Tu hermano (Gonzalo, jugador de Los Leones) contó que en el colegio eras tan buena en el fútbol que los varones te elegían primera en el pan y queso. ¿Es cierto?

–Sí, es dato chequeado. Claramente. En los recreos me gustaba jugar. Mis amigas juntaban álbumes de figuritas, jugaban con Barbies y yo iba al pan y queso con los chicos y la verdad que jugaba bien. Ahora perdí la costumbre, parece que era mejor que algunos varones, porque me disputaban en los equipos.

–Hay una consulta más que no fue ideada por Enganche y que es de una compañera tuya de Las Leonas: ¿Qué sensación es mejor que la de festejar un gol?

–(Se ríe con ganas) Ya sé quién hizo la pregunta. Seguro fue Majito Granatto (N.d.R: mejor jugadora Sub 23 del mundo por segundo año consecutivo). Todo eso empezó porque cuando nos toca practicar los córner en los entrenamientos, tenemos que desviar del mismo lado y esperar ahí. Y una de las charlas profundas que tuvimos un día fue sobre qué otra cosa nos daba la misma sensación que meter un gol. Es una sensación de adrenalina, de locura que tenés unos breves segundos. Y llegamos a la conclusión de que no hay mucho, salvo estar en el medio del mar tirada en una colchoneta con un vaso de caipirinha o algo así en la mano. Pero no llega a compararse tampoco.

–¿Qué lugar ocupa tu familia en todos los logros que tuviste y estás teniendo?

–Creo que es fundamental. Tuve la suerte de poder contar con mi familia cerca y cerca del hockey sobre todo. En realidad, la tengo en todos los aspectos de mi vida. Tanto mi hermano como yo somos afortunados de tener los padres que tenemos porque siempre nos acompañan. No sólo en los momentos lindos sino sobre todo en los que cuestan un poco más. Yo tengo el recuerdo desde muy chiquita, cuando dependés mucho más de tus papás, de que te lleven a entrenarte, de que te lleven a los partidos, que te busquen, que te esperen, que te lleven a los entrenamientos de los juveniles cuando ya empezás en los seleccionados… Tuve la suerte de que mis papás me puedan acompañar y no presionando, sino en el disfrute. Y ahora de más grande disfruto muchísimo de eso. Cuando juego con el club (Banco Provincia) siempre van los sábados y ahora que mi papá juega al golf, a veces le coincide con algún partido y le digo “¿No vas a venir a verme?”. Ya se convirtió en un ritual lindo y me encanta verlos afuera en la tribuna y obviamente que con el seleccionado también. Tengo la suerte de que muchas veces hayan podido viajar a los torneos y la verdad es que verlos en la tribuna me llena de felicidad y es una linda compañía.

–¿Y tus compañeras qué lugar ocupan? Te tocó entrar en Las Leonas en una época de muchas referentes. ¿Cómo dimensionás el rol de líder que tenés en esta etapa de renovación?

–Creo que lo lindo de haber estado en el seleccionado desde muy chica es que me tocó pasar por distintas etapas, con muchas jugadoras distintas y sobre todo cumpliendo roles diferentes. Cuando entré, como vos decías, el equipo ya estaba recontra armado. Había grandes figuras como el caso de Lucha Aymar, Sole García, Claudia Burkart, Mariné Russo. Había grandes jugadoras y la verdad es que me tocó entrar desde chiquita y me sentí híper cómoda desde el primer momento y mucho se lo debo a las chicas por la forma en la que me incluyeron y me cuidaron, por así decirlo. Creo que naturalmente, a medida que uno va creciendo en el seleccionado va teniendo más responsabilidades, van cambiando los roles, como en la vida. Hoy me toca, no ser de las más “viejas” porque tengo 28 años y la verdad es que sueño con poder jugar unos años más en la selección y al hockey, pero sí es otro rol. Subió una camada de Leoncitas de 20, 21, 22 años y con mi camada, que tiene más experiencia, estamos paradas desde otro lugar, tratando de transmitir no sólo con la palabra sino con el ejemplo que es lo más importante y lo que más deja. Así que es un desafío, uno lindo que va mutando con el transcurso de los años. Hoy el rol que tenemos es… (piensa) más de educar, de bajar un mensaje para que el día de mañana las más chiquitas puedan hacer lo que nosotros estamos haciendo.

Es jueves post mediodía en el CeNARD y acaba de terminar el entrenamiento de Los Leones, los campeones olímpicos. La  intención es entrevistar a Delfina dentro de la cancha, pero está por comenzar la práctica de Las Leoncitas. “Esperen que pido permiso”, avisa Merino antes de poner un pie en el césped sintético recién humedecido. “¿Podremos pasar a hacer una nota? Son unos minutos”, le pregunta al cuerpo técnico del seleccionado Junior. “Sí, donde quieras. Igual ahora van a hacer la entrada en calor”, le dicen. “Donde menos joda”, contesta. Así predica la mejor del mundo.

–¿Qué cambia y qué no cambia de ser la mejor del mundo?

–La verdad es que no sé si hay algo que cambia o que tendría que cambiar. Sí es un orgullo y me pone muy feliz el reconocimiento. Había estado nominada en 2015 y no lo gané. Y ahora con la elección que mi nombre esté cerca del de Lucha, que lo ganó ocho veces, o el de Ceci Rognoni siento es algo que va a quedar en la historia. Para mí tiene mucho prestigio y le doy mucho valor, pero en el día a día no me cambia nada. Sigo disfrutando del hockey de la misma forma, sigo entrenando de la misma manera y hasta a veces me genera más exigencia. El premio no me llega a los 20 años ni en el retiro sino a mitad de carrera, por así decirlo, y creo que es re lindo poder agarrarme de eso para motivarme a seguir creciendo en un montón de cosas que creo que puedo seguir mejorando y dando una mejor versión cada día.

–En una de las notas que diste en el último tiempo dijiste que el año pasado te enfocaste más en disfrutar que en cómo jugar. ¿Se puede lograr eso en el alto rendimiento?

–Sí, yo creo que se puede hacer en todos los aspectos de la vida si uno hace lo que le gusta. Es muy difícil decir “quiero disfrutar de algo” si ese algo no te da disfrute. A mí el hockey siempre me dio eso y quizás con más experiencia uno puede disfrutar más porque cuando uno es más chico tiene menos minutos en la cancha y está pensando que quiere hacer bien las cosas y seguir revalidando esos minutos. A medida que uno va creciendo empieza a tener otra experiencia, otro lugar en el equipo y por ahí, el año pasado logré dedicarme a disfrutar al cien por ciento. Sobre todo porque la cabeza en el alto rendimiento es un arma de doble filo porque uno no tiene sólo cosas del deporte sino de la vida cotidiana y creo que cuando se logra enfocar todas las energías en el momento, en el lugar y, en mi caso, en haber podido disfrutar de ese momento, es cuando mejor fluye.

–Hablaste de la cabeza y las exigencias. Por lo que cuentan, en el seleccionado están trabajando muy bien la parte psicológica con Nelly Giscafré. ¿Qué valor le das a lo mental en un equipo tan exigente como el de ustedes?

–Mirá, para mí el entrenamiento mental es tan importante como el físico, el técnico y el táctico. Es una pata más de lo que hace un deportista de la élite y la verdad es que este último tiempo Nelly Giscafré cumple un lugar importante en el equipo, no sólo porque tenemos que construirlo y porque es una de las psicólogas deportivas más experimentadas en lo que hace, sino también individualmente. Con Nelly trabajo hace unos dos o tres años y también fue importante contar con ella este último tiempo para superarme, hablar y sacar cosas. La cabeza de un deportista tiene muchas cosas a veces y cuanto más relajada y mejor pueda fluir, mejor será a la hora de entrar a jugar. Creo que desde lo grupal y desde lo personal es un plus y un valor agregado súper importante que estamos sumando al equipo.

–En lo estrictamente deportivo, ¿en qué momento las encuentra la previa del Mundial y para qué están en Londres?

–Estamos en un momento muy duro de la preparación. Arrancamos el 15 de enero a entrenarnos. El año empezó ya hace mucho para nosotras y la verdad es que está siendo muy intenso. Entre febrero y principios de marzo tuvimos 16 partidos internacionales, donde jugamos contra Bélgica, Nueva Zelanda e Inglaterra y fue intenso, sobre todo para las más chicas que son las que necesitaban tener ese roce. Además, hicimos muchos entrenamientos en el CeNARD, de lunes a viernes con mayoría de doble turno. Pero es el camino, es lo que necesitamos hoy. Sabemos que no tenemos mucha ventaja para dar y queremos tener el claro el lugar en el que estamos, por lo que estamos luchando cada día para ser mejores y poder llegar de la mejor forma al Mundial. Sabemos que es una competencia muy exigente y que todos los equipos se preparan para esto de una manera muy especial porque es un torneo que se juega cada cuatro años. Pero definitivamente no vamos a ir a participar como todos los torneos, Las Leonas queremos ser protagonistas y vamos a dar lo mejor para llegar lejos.

El hockey no es la única actividad que Delfina realiza con esfuerzo y asiduidad. Se encuentra en el tramo final de la carrera de abogacía en la Facultad de Derecho de la UBA y pese a haber vivido dos veces en el exterior, a los viajes y a los entrenamientos en doble turno, jamás declinó la posibilidad de estudiar. Justamente en Holanda, sede del Tribunal Internacional de La Haya, Merino ya sentó jurisprudencia. Jugó en dos pasajes de su carrera en el SCHC de Bilthoven y sumó experiencia académica. Ahora, hay muchas chances de que se concrete una tercera etapa en ese país.

–¿Te vas a Holanda después del Mundial?

–No lo tengo definido. Tengo bastantes posibilidades, pero voy paso a paso. Disfruto mucho del hockey de Holanda, del hockey europeo y tengo ofertas, así que estaré analizando qué hago después del Mundial.

–Allá trabajaste un poco en Derecho Deportivo, que es a lo que te querés dedicar cuando te recibas. ¿Qué te gustaría hacer puntualmente?

–Justo ahora estoy cursando una materia de puntos que es Derecho Deportivo y no sé exactamente para qué lado. Sé que me gusta el derecho por un lado y me gusta mucho el deporte por el otro, así que pensé que complementando esas dos cosas podía encontrar mi lugar fuera de la cancha de hockey. Pero no lo tengo definido. Mi vida está relacionada ahora y por un par de años más a lo que es el hockey y de por sí es muy difícil combinar el trabajo con el hockey del alto rendimiento, ya que prácticamente estamos entrenando todo el tiempo. Pero sí, definitivamente después de que termine esta etapa quiero realizar algo laboral y no estaría mal hacer algo de derecho deportivo. Así que estaré abierta a escuchar propuestas y oportunidades que surjan en ese momento.

–¿Estudiar te hace mejor como jugadora, como deportista?

–Creo que estudiar te vuelve mejor persona. Te abre mucho más la cabeza, desde ese lado. No sólo en el deporte. Te da distintas herramientas para la vida. El hockey es mucho en mi vida, pero no es lo único y creo que el estudio te da herramientas para la vida en general. En mi caso, complementar el hockey con el estudio es un cable a tierra que tengo, quizás sobre todo yendo a la UBA, que no es una facultad privada y quizás uno es más un número de documento que un nombre. Y eso me gusta un poco. Hay un mix de bajar a la tierra que me gusta cómo se complementa y creo que es más para la vida que sólo para el deporte.

–En la actualidad hay sólo dos argentinos que son los mejores del mundo en un deporte de conjunto: Messi y vos. ¿Lo pensaste?

-(Sorprendida) No, no lo había pensado. Es una locura.

Por Carlos Arasaki

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