En el intenso ahora (no intenso agora, Brasil, 2017). Dirección y guion: João Moreira Salles. Edición: Eduardo Escorel, Lais Lifschitz. Música: Rodrigo Leão. Duración: 127 minutos. Calificación: Apta para todo público. En el Malba, Sala Lugones del teatro san martín, y Arte Multiplex Belgrano. Nuestra opinión: excelente

Una de las películas más singulares de lo que va del siglo XXI, En el intenso ahora es un ensayo cinematográfico sobre política hecho a partir de imágenes de fines de los 60, especialmente de las intensidades de 1968. También es un ensayo político sobre cine y sobre la imagen y el sonido en general: el director, narrador e interpretador João Moreira Salles nos dice, por ejemplo, que a los once minutos de estar en televisión, Daniel Cohn-Bendit dominaba la escena y las cámaras así lo revelaban. En el intenso ahora es un ensayo de un autor brasileño sobre política global y ciertas formas de la memoria colectiva e individual que actúan sobre el presente.

Es una película de 2017, tan singular como para haberse estrenado a 49 y no a 50 años de 1968, realizada por el director de la también extremadamente singular Santiago(2007), tan anómala como para merecer la conexión con esa anomalía de anomalías, la obra maestra El desencanto (1976) de Jaime Chávarri. Santiago era el mayordomo de la familia de João Moreira Salles, hermano del también director Walter (el de Estación central)En el intenso ahora parte también de la familia, de películas familiares: uno de sus ejes son filmaciones realizadas por la madre de Salles en la primera etapa de la Revolución Cultural china. Pero ese no es el origen de la puesta en movimiento de la reflexión, el detonante: cuando uno vuelve a ver En el intenso ahora nota que al empezar la narración, el realizador comenta y se pregunta acerca de la felicidad, si la gente se veía feliz, si su madre lo era; el ahora puede intensificarse al volver a empezar -que nunca es igual- y no necesariamente desgastarse.

Las ideas y las observaciones puestas en juego y en escena por Salles se disparan desde y hacia la política, las convulsiones sociales y las historias de Francia, Checoslovaquia, China y Brasil, pero sobre todo parten de observaciones acerca de la imagen, de todo lo que dicen -y les dicen y así nos dicen, en una película que tiene a la comunicación como programa y deseo- esas imágenes de archivo, que no solamente son buscadas, encontradas y rescatadas sino además enriquecidas, relacionadas, aprovechadas con un poder de observación y una lucidez notables. Y como si todo esto fuera poco, el documental nos lleva a emociones inusuales, conseguidas mediante una nobleza artística de extrema singularidad para entender, mediante la reflexión no apresurada, qué fue de toda esa energía desplegada y dónde ha ido a parar en este también intenso y -borgeanamente- difícil “ahora”.

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