Las carreras vinculadas con la música y el sonido están marcadas por las nuevas tecnologías. Las búsquedas de vanguardia ganan cada vez más espacios académicos, aunque las composiciones tradicionales conservan su vigencia. La cantidad de alumnos que se inclina por estas disciplinas en su conjunto se duplicó con el nuevo siglo.

La exploración del potencial de las herramientas digitales como instrumento musical y el amplio universo de creación artística que ofrece el sonido encuentran cada vez más espacio en el mundo académico. Las carreras de música con fuerte presencia de las nuevas tecnologías y las especializadas en arte sonoro se afianzan en las universidades públicas y ofrecen una alternativa de relieve a los estudios más tradicionales. Abren nuevos ámbitos de inserción laboral, reciben reconocimientos internacionales y experimentan permanentemente con las no-fronteras de las expresiones artísticas.

Las licenciaturas en Música y Tecnología (MyT) y en Composición con Medios Electroacústicos (CCME) de la Universidad de Quilmes están enfocadas a la formación de estudiantes dentro del campo musical tecnológico y cada una en su área tiene la base de la otra. “Es fundamental para nosotres que un compositor entienda el trabajo que hace un técnico o un diseñador de sonido y que un músico-tecnólogo pueda entender de qué forma puede mejorar la experiencia musical al amplificar ciertos instrumentos o diseñar una nueva interface para hacer música”, explica Esteban Calcagno.

Como director de una carrera que prepara técnicos con una formación musical profunda, Calcagno dice que “dentro de MyT es primordial para nosotres que les estudiantes puedan manejar tecnologías en varios niveles, con el fin de poner al servicio del espectáculo musical, lo mejor”, porque “la tecnología lo atraviesa todo y nosotros formamos estudiantes que piensan cada día en cómo la tecnología puede atravesar todos los aspectos de la música y cómo ser innovadores y no ser prejuiciosos a la hora de aprender y aplicar conocimientos”.

En la carrera sobresalen tres perfiles: los que tienen interés en la producción musical, donde se entremezclan músicos, compositores, técnicos que cubren un amplio espectro dentro de la estética musical; aquellos que se inclinan hacia proyectos de investigación con la música y el sonido como eje de estudio (generando incluso patentes y transferencia de conocimientos hacia la sociedad) y el artista sonoro. “Seguramente en los próximos años aparezcan nuevos perfiles, quizás asociados al trabajo en campos como la inteligencia artificial, el machine learning y el uso de sonido en las redes”, pronostica Calcagno.

También el fuerte interés por bucear las posibilidades que la tecnología aporta hoy a la experiencia musical sobresale en quienes eligen la carrera de Composición con Medios Electroacústicos o la de Sonorización y Grabación de la Universidad del Litoral. Muchos estudiantes ya están vinculados a la música electrónica o interesados en tener un home studio para crear y grabar música, e incluso algunos provienen de una práctica instrumental convencional para ampliar horizontes.

“La principal diferencia entre una carrera de composición tradicional dirigida a instrumentos y voces con respecto a una de composición con medios electroacústicos es el material sonoro. Las ideas compositivas son dirigidas y fundamentadas en la manipulación directa de la materia sonora. En este caso hablamos de una situación virtualmente ilimitada ya que todo sonido es potencialmente material para componer y todo sonido puede ser transformado hasta convertirlo en algo irreconocible”, destaca el profesor Hugo Druetta.

“Para mí en esto radica el verdadero aporte de la composición con los medios electroacústicos. O sea, sondear ese universo sonoro propio en el cual no solamente el material juega un papel importante sino también la estética y los diversos caminos estilísticos que se abren a partir de esta tarea”, agrega. Y en ese campo, la tecnología “ocupa un lugar importantísimo por cuanto es el medio utilizado para generar los sonidos (mediante síntesis y mediante procesamiento) que darán vida a la composición musical”. También puede funcionar como asistente para el compositor porque imita la sonoridad de instrumentos tradicionales o en procesos de composición automática mediante algoritmos y código de programación. “No deja de ser una manera novedosa de emprender el trabajo creativo en el campo de la composición musical”, considera Druetta.

En la Universidad de Tres de Febrero aprovechan las nuevas tecnologías para hacer un camino de regreso a lo originario. “La Maestría en Creación Musical, Nuevas Tecnologías y Artes Tradicionales así como la Licenciatura en Música Autóctona, Clásica y Popular de América conciben al artista como una entidad integral, que aúna las competencias del creador, el investigador, el tecnólogo y el teórico. Su marco interdisciplinario se inscribe en la búsqueda de un ‘retorno a las fuentes’ de la universidad primigenia en lo que respecta a la música”, sostiene Alejandro Iglesias Rossi, director de ambas carreras. Una visión integral del conocimiento en contraposición a la compartimentación de las disciplinas.

Rossi remarca que las dos propuestas “asumen a las nuevas tecnologías como una herramienta fundamental en el proceso creativo. En su currícula, proponen a la computadora como instrumento musical de gran potencial enfatizando las sonoridades de los instrumentos autóctonos y expandiendo los límites de la acústica instrumental a través de la creación de paletas sonoras originales (que incluyen sonidos electrónicos y acústicos) fomentando las capacidades de exploración de nuevas sonoridades enraizadas en la diversidad cultural de nuestro continente”.

Los ingresantes de ambas carreras encuentran salidas laborales en diversos ámbitos, que van desde la luthería de instrumentos precolombinos hasta proyectos musicales y tecnológicos autogestionados o la docencia y la investigación universitaria. Muchos egresados de la maestría tienen una estrecha relación con la Orquesta de Instrumento Autóctonos y Nuevas Tecnologías de la UNTREF, que ha realizado conciertos en los cinco continentes y fue reconocida con el Musical Rights Awards del International Music Council y declarada de Interés Cultural por el Parlasur.

Otra experiencia particular es la que propone la Diplomatura en Música Expandida, donde se trabaja con el precepto de que la tecnología como aliada de las prácticas sonoras amplía la paleta de recursos para la composición, la interpretación y la producción. “Incorporamos a la dimensión musical y sonora el gesto performático, las nociones técnicas, el diálogo entre interface, artista, obra y público. Proponemos un hackeo de las herramientas y técnicas pre-existentes y buscamos extender el alcance del acto interpretativo en un gesto de hibridación con otras disciplinas, que es propio de un estado general de las artes. Pensamos a la música y el sonido como objetos desplazados de sus campos tradicionales, y buscamos la interferencia de la música y el sonido con diferentes espacios, actores y sentidos”, sostiene Sebastián Verea, director de la carrera.

La propuesta despierta interés especialmente en artistas que buscan incorporar nuevos recursos a su formación. “Proponemos una especie de mapa artístico-técnico como guía hacia encontrar una voz propia o expandir los límites de la que ya tenemos. Las herramientas, puestas a disposición de la experimentación y la producción artística, funcionan en el pensamiento (procesos creativos y compositivos), en la práctica (en el vivo, la performance y la ejecución) y en el espacio (todo el dominio escénico de la música, el sonido o las instalaciones)”, destaca Verea.

En la Universidad de Rosario, hace cinco años abrieron la Licenciatura en Tecnologías Aplicadas al Arte Sonoro. Gabriel Data, uno de sus creadores, destaca que “el arte sonoro engloba una serie de manifestaciones artísticas que abarcan tanto a la música electrónica hasta la llamada música electroacústica pasando por el arte radiofónico, el paisaje sonoro, los medios mixtos en los cuales se aúnan en una obra instrumentos tradicionales con sonidos electrónicos, etc. Pero fundamentalmente lo que caracteriza al arte sonoro es la creación musical a partir del sonido concebido como un hecho integral, mucho más abarcativo, donde todos sus parámetros son factibles de ser organizados”. Aquí la tecnología no es usada como un auxiliar de la obra sino como un instrumento musical en sí mismo.

“La relación del artista con el material sonoro es similar a la necesidad que tuvieron en su momento los pintores impresionistas en conocer y saber qué era la luz y los llevó a estudiar óptica, por ejemplo, para saber cómo se producían las reflexiones y todos los fenómenos asociados a la luz. Entonces, las tecnologías de audio ofrecen ese acercamiento al sonido y también ponen de relieve aspectos del sonido que no son tenidos en cuenta o que no son organizados en otras manifestaciones musicales, como rugosidad, brillo, peso, densidades”, explica Data. Una alumna, por ejemplo, aplica la creación sonora en la industria de los videojuegos, un campo laboral que para el profesor tiene mucho futuro.

El fenómeno sonoro también es parte importante del plan de estudio de la Licenciatura de Audiovisión de la Universidad de Lanús. “Nuestro objetivo es formar profesionales que puedan desempeñarse en el marco de las industrias audiovisuales que, en sentido amplio, abarcan actividades muy variadas, desde la producción discográfica hasta el diseño de la banda sonora para un audiovisual. Por eso, lxs estudiantes que eligen la orientación de sonido reciben una formación muy diversa que lxs acerca al reconocimiento de diversos estilos musicales y al manejo de la tecnología disponible para el registro y manipulación del audio”, sostiene Juan Manuel Cáseres, director de la carrera.

Los campos de interés y de desarrollo profesional son muy variados: la creación y el arte sonoro, la producción musical, el diseño y operación de sistemas de sonido para espectáculos, la postproducción de sonido o el diseño de bandas de sonido para audiovisuales. “Muchxs estudiantes y graduadxs de Audiovisión generan sus propias productoras para ofrecer la realización de videoclips o registros audiovisuales de espectáculos musicales o bien se inclinan a la docencia y a la investigación científica y tecnológica”, añade Cáseres.

Las experiencias innovadoras en el ámbito académico muestran que las búsquedas musicales siguen siendo vigorosas. Euterpe acompaña siempre.

Fuente: Silvina Alonso para www.pagina12.com.ar

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