Con una fuerte afirmación, Emilio Tenti Fanfani plantea algo que se preguntan todos los padres y encargados de la educación dentro de esta nueva realidad en la extensa nota brindada al diario Clarin: “No creo que se cumplan los protocolos, ¿quién va a controlar a los niños pequeños en las escuelas?”

Pocas voces reúnen tanto la práctica como la reflexión teórica sobre la educación como la del argentino Emilio Tenti Fanfani. Con formación en la Argentina y en Francia, un paso por Unicef, el Conicet y la UBA, ahora es profesor en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Ha publicado unos cuantos libros sobre la escuela, los docentes y la política educativa. Habló con Clarín sobre este momento de la escuela.

– Bueno, la escuela está, los maestros están de distintas formas. Hay un montón de modalidades de existencia de la escuela ahora. Seguramente habrá que dejar pasar un tiempo, porque sabemos que hay una gran diversidad de respuestas que han sido dadas en todo el mundo, tanto desde las autoridades, desde los ministerios, desde las instituciones, o desde los maestros y las familias.

– ¿Y qué es lo más relevante que está viendo?

– Creo que ha habido una revalorización de la figura del docente. Nos hemos dado cuenta de que los docentes son importantes, contra cierta tendencia a denigrarlos, criticarlos. Es cierto que también ésta es una profesión que necesita ser refundada, mejorada, pero muchas veces se llegaba a exagerar. Había un afán destructivo en la crítica. Y ahora nos hemos dado cuenta de que ellos cumplen una función que es irremplazable: que un matrimonio de ingenieros no le puede enseñar Matemática a sus hijos, porque no saben didáctica de la Matemática, porque no tienen tiempo, porque si son ingenieros están implicados los dos en el mercado de trabajo. Advertimos que los maestros son importantes.

Desafío. “Cuando regrese, la escuela tendría que partir del reconocimiento de los aprendizajes que han tenido los chicos en sus casas”, dice Tenti Fanfani. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Desafío. “Cuando regrese, la escuela tendría que partir del reconocimiento de los aprendizajes que han tenido los chicos en sus casas”, dice Tenti Fanfani. Foto Guillermo Rodríguez Adami

También, que la escuela no sólo tiene que ver con el desarrollo de conocimientos poderosos en las personas, sino que también cumple otras funciones, que a veces pasan un poco desapercibidas, o sólo se percibían cuando hay huelga. Y es que la familia no sabe qué hacer con los niños en la casa. Nos hemos dado cuenta de que hay una gran institución en todas las sociedades contemporáneas que se hace cargo del cuidado de los niños.

Un lugar donde no sólo se aprende, sino también se socializa. Los chicos hacen amigos, se juntan con sus iguales. Esto es muy importante también: los niños necesitan estar con niños, y la escuela es un ámbito donde ellos se encuentran entre sus iguales, juegan, se realizan, discuten, pelean, no importa, se socializan. Aprenden a relacionarse con otros que nos son los hermanos o los miembros de la familia. Aquí ahora hay un problema, porque esta es una función que, en las actuales condiciones, no puede hacerse por Zoom.

También nos hemos dado cuenta de que la escuela alimenta. En los sectores populares no sólo cuida, contiene, sino que también da de comer a los chicos, una función social importante.

O sea, hemos descubierto que la escuela es multifuncional.

– Ahora, con el aprendizaje de la educación a distancia que estamos haciendo, ¿va a cambiar la estructura habitual de la escuela o la experiencia quedará en el olvido?

– Hay cosas que estamos aprendiendo. Una obvia, que hay que incorporar nuevos recursos a la tarea de la enseñanza. Los maestros se parecen a los curas, los políticos, los periodistas, los misioneros: la comunicación es fundamental en todas estas actividades. ¿Y cómo no incorporar los nuevos dispositivos? Ahora, nos hemos visto obligados, incluso hasta los adultos mayores, como quien te habla. He conocido Zoom gracias a la pandemia. Quizás, si no hubiera habido pandemia, este recurso me lo perdía.Esto creo que va a llegar para quedarse.

Ahora, cada herramienta tiene una funcionalidad. Zoom sirve más para transmitir información, para instruir, pero quizás no sirve tanto para socializar, para desarrollar sentimientos y las pasiones de los niños. Eso requiere una relación más cuerpo a cuerpo. La mirada y el contacto físico son insustituibles a nivel de lo emocional. Vamos a enriquecer el arsenal de herramientas con que cuenta la escuela para enfrentar estos desafíos múltiples que tiene, sin creer que una herramienta es la solución a todos los problemas.

– Hay muchos chicos que no tuvieron contacto con sus maestros, que se están desconectando de los aprendizajes…

– Tengo la hipótesis de que las catástrofes no crean problemas nuevos, sino que acentúan los problemas estructurales preexistentes. Los que eran perdedores en la vida normal, son los que más pierden. Esto sucede con las inundaciones, los terremotos, las pandemias. Los desiguales ahora serán más desiguales.

Además, los procedimientos escolares (el dispositivo de evaluación, la clase presencial, los sistemas de promoción, todos los chicos juntos aprendiendo al mismo ritmo, al mismo tiempo) se fueron todo por los aires. Hemos tenido que flexibilizar todo. Ya no tenemos los espacios y los horarios, dos dimensiones fundamentales de la institución escolar. Nos hemos dado cuenta de que no es inevitable dividir el tiempo en secciones, en materias, cuarenta minutos para Matemática, cuarenta para Física, cuarenta para Química. Esto que nos parecía algo natural, porque tiene años de historia.

También salta por el aire el currículum: hay que enseñar esto, esto y esto. Nos hemos visto obligados a redefinir tiempo y espacio, pero también los contenidos. Todo el mundo dice “ahora tenemos que buscar qué es lo esencial”, cosa que tendríamos que haber hecho antes, porque los programas curriculares están recontra sobrecargados de cosas que son más interesantes, menos interesantes y algunas te diría que son hasta inútiles.

– ¿Y qué es lo más importante? ¿Cómo lo definiría?

– Los maestros se han visto obligados a seleccionar. Pero lo tenemos que discutir socialmente, en la post pandemia: aprovechar la ocasión para discutir qué es lo esencial en la escuela, una institución que está en crisis desde antes.

Si uno piensa en el sistema escolar de los estados capitalistas cuando surgen, tenían un sentido claro: era construir al ciudadano, había que transformar a los guaraníes, italianos, rusos, en argentinos, para eso se hizo la escuela. Y todos tenían claro a qué nos referíamos: era aprender español, una historia, la conciencia de que formamos parte de un territorio. Por eso, la lengua, la geografía y la historia fueron las tres columnas vertebrales de la escuela. Hoy en día uno se pregunta ¿cuál es el sentido de la escuela? ¿Generar recursos humanos?

– ¿No debiera ser ahora formar ciudadanos globales?

– Obviamente se necesita un debate ciudadano, pero primero hay que discutir el para qué, el fin, los sentidos. Y para eso, tenemos por lo menos que ponernos de acuerdo acerca de cuáles son los grandes temas, problemas, que viven las sociedades contemporáneas. Yo tengo una lista de ocho, nueve temas, pero uno podría decir que un gran tema, por ejemplo, es la concentración de los recursos. A nivel global, cada vez los ricos son más ricos, no solamente en capital económico, en ingresos, dinero, y también en propiedades, en poder, en prestigio y reconocimiento social, y en conocimiento. Esto es un tema.

¿Qué tiene que hacer la escuela? ¿Cómo contribuiría al achicamiento de las brechas, de las desigualdades? Puede ser desarrollando en las personas conocimientos poderosos, combatiendo la ideología de la meritocracia, que es la gran ideología legitimadora de las desigualdades.

Desafío. “Cuando regrese, la escuela tendría que partir del reconocimiento de los aprendizajes que han tenido los chicos en sus casas”, dice Tenti Fanfani. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Desafío. “Cuando regrese, la escuela tendría que partir del reconocimiento de los aprendizajes que han tenido los chicos en sus casas”, dice Tenti Fanfani. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Necesitamos, para poder dialogar, un lenguaje común, probablemente sea el inglés hoy en día. Entendiendo un lenguaje en el sentido amplio, lenguaje, valores. O el chino. Entonces, ¿cómo hago yo para dialogar con un sueco o con un chino, o con un japones, si no tengo nada en común? Necesitamos tener una cultura común para poder interactuar y enriquecernos. Ahora, la tendencia es que hay cultura que tiende a imponer como universal, la cultura occidental anglosajona. Entonces aquí hay una tensión. ¿Cómo hacemos para construir universalismo? ¿Cómo reconocer que todas las grandes culturas de la humanidad tienen algo que aportar a esa cultura universal?

Es un dilema, ¿cómo resolvemos lo nacional, lo territorial, las identidades locales con la identidad universal? No me gusta la idea de cosmopolita, porque somos de un lugar. Nosotros somos argentinos, nos gusta el mate, el futbol, tenemos una concepción de la amistad distinta de la que tienen los japoneses, estas cosas hay que preservarlas, esto es un gran tema. La escuela, ¿qué contribución puede hacer a estas cuestiones?

-Muchos, cuando escuchan este tipo de planteos, dicen “está bien todo esto, pero yo me conformaría con que la escuela por lo menos enseñe a leer, a hacer operaciones matemáticas básicas”, porque ni siquiera eso está logrando ahora…

– Pero para hacer todo esto que te estoy diciendo, para discutir estas cosas, necesitamos lengua, y necesitamos cálculo. Porque no hay historia, no hay filosofía, no hay discusión de modelos económicos, si no tenemos lenguaje ni cálculo. No entendemos ni el mundo natural, ni el mundo social que vivimos sin esas dos grandes herramientas fundamentales.

Hace años que vengo insistiendo contra la proliferación del currículum, que está lleno de contenido, y cada vez se le agrega más. Los docentes se desesperan, aceleran, porque no logran completar el cronograma escolar, y después nos perdemos en el bosque, no sabemos qué es lo fundamental, el chico no sabe leer y escribir.

Por eso digo que hay que volver a preguntarse qué es lo esencial, y la pandemia les ha obligado a muchos docentes a preguntarse qué es lo esencial que necesita el alumno. Qué conocimientos debe llevarse en su mochila un chico argentino cuando termine su escolaridad básica obligatoria.

Siempre pongo primero el lenguaje, en sentido amplio, la capacidad de ponerle forma a tus pensamientos, de comprender los mensajes de los otros, orales, escritos, visuales, a través del cuerpo, la danza, el arte. Es una competencia fundamental, estructural. Y la otra es el cálculo. Si no tenés ni lengua ni calculo, no aprendés nada.

Entonces, cuando te hablo de los grandes dilemas, supone necesariamente el desarrollo del lenguaje y el cálculo. Si te digo “la distribución del ingreso”, tengo que saber interpretar un cuadro de distribución, qué es la proporción, una tendencia, el concepto de probabilidad. Partiría de los grandes dilemas y después diría, bueno, ahora, de todos los contenidos de las materias… Achiquemos, concentremos, hay que buscar principios articuladores de todo.

No me gustan las disciplinas, porque si yo parto de los problemas, son todos interdisciplinarios, entonces, ¿por qué no hacemos la división del trabajo pedagógico en base a esos problemas?

– Ya no más materias.

– Claro, con equipos colaborativos de docentes. Otra cosa interesante, ahora los docentes se han visto obligados a colaborar entre ellos, porque cada uno les mandaba tarea a los alumnos y después se pusieron de acuerdo y dijeron “che, pará, los estamos atiborrando de tareas, ¿por qué no nos juntamos? Trabajemos juntos, articulemos, hagamos un plan integral”. A muchas de las utopías pedagógicas se las está ensayando así, improvisándolas. Es una buena ocasión para reflexionar, decir, bueno, esto no es una solución de emergencia, podría ser la solución para definir el formato de la escuela.

– Pero más allá del trabajo que está haciendo cada docente ante la urgencia ¿esto se esté discutiendo a nivel de políticas públicas? ¿Es una preocupación de los estados?

– No se ve en Argentina. La urgencia, desgraciadamente, obliga a concentrarse en los medios, ¿cómo hacemos para darle algo a los chicos? Son todas soluciones que aparecen en la emergencia, pero en realidad es como una especie de ensayo experimental de lo que podría ser una educación al futuro.

Sería bueno que los ministerios los concentraran parte de las energías y de los recursos también en la discusión de estos grandes temas. Quizás las academias, las universidades podrían hacerlo, a través de redes, grupos, congresos, seminarios, pero no he visto nada. Todos están discutiendo la pandemia, y cómo hacemos con la post pandemia, y cuántas horas va a haber presencial, si van a ir con barbijo, que sin barbijo, todavía están con esas cosas.

Es comprensible, pero… ¿por qué no aprovechamos para discutir las cosas esenciales? La escuela es una institución cultural, forma parte de un sistema mucho más amplio, veamos cuáles son los grandes problemas que tiene la sociedad y pensemos qué contribución puede hacer la escuela.

Por ejemplo, hay ciertas hipótesis del iluminismo que deberían ser retomadas para combatir los irracionalismos. A mí es algo que me preocupa, ¿cómo puede ser que haya gente terraplanista?

– Esto pasa en todo el mundo…

-Sí, se han fortalecido los viejos integrismos religiosos, sectas totalmente arbitrarias e irracionales. En Francia hay una proliferación de la creencia en los horóscopos, gente con alto capital cultural que cree en los horóscopos, o cree en los fundamentalismos, varios, hay de distinto tipo. La escuela podría contribuir a proveer a los ciudadanos de una serie de armas, de defensa contra los fundamentalismos. Por eso, ¿qué significaría hoy en día la educación ciudadana, la educación democrática? Por lo menos habría que discutir estos temas.

– ¿Se pueden aprovechar los aprendizajes que están haciendo los chicos en sus casas, en el confinamiento?

-Hay muchos chicos que han aprendido cosas, yo mismo he aprendido a cocinar, por ejemplo, a usar el lavarropas… (risas) En serio, parece una pavada, pero hay que hacer sociología de la vida cotidiana. La idea es que partamos de las experiencias de los chicos, de los aprendizajes que tuvieron, no consideremos que son tabula rasa. Los chicos tienen angustias, vivieron experiencias, aprendieron muchas cosas. El miedo, el dolor educan, el haber perdido a un ser querido también. La escuela tendría que partir, cuando recomience, del reconocimiento de estos aprendizajes que han tenido los chicos.

-Ahora los chicos tienen que volver con barbijos y muchas reglas. ¿Qué puede surgir de una escuela tan protocolizada?

– Tengo la impresión que no se va a cumplir. ¿Quién va a controlar que esos protocolos se cumplan en las escuelas con niños pequeños? La distancia, por ejemplo: los maestros se tendían que dedicar a separar niños en el patio, es imposible. Lo veo un poco utópico. En Europa se están cuestionando estos protocolos. Creo que van a ser algo muy formal, imposible de cumplir.

-Todos coinciden en que se va a profundizar la desigualdad. ¿Qué recomendaría hacer desde el estado, para revertirlo?

-Tendría que haber tres áreas de inversión prioritaria. Una, la salud, que es lo que están haciendo en Europa, grandes programas de inversión en salud pública. Segundo, saneamiento y vivienda, que de paso sería una manera también de movilizar, incorporar la fuerza de trabajo, la mano de obra, crear empleo. Y tercero la escuela. Hay que invertir en la escuela, que no es solamente ladrillo, porque si los alumnos van a ir, aunque sea una semana cada tres, tienen que ir a una escuela saludable, que sea bonita, limpia, con baños que funcionen.

No puede ser que este país todavía no tenga un plan de inversiones, que no haya definido un piso mínimo para la escuela. Hay escuelas que dan pena. Si va a haber una especie de plan Marshall, que parte de ese plan vaya a un fuerte programa de inversión en infraestructura física y tecnológica de las escuelas.

Señas particulares

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Cuyo (Mendoza), Emilio Tenti Fanfani tiene un doctorado de la Fundación Nacional de Ciencias Políticas de París. Ahora es profesor e investigador de la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE) y profesor consulto en la Universidad Nacional de Cuyo.

Fue profesor en la UBA, en la UNAM, y en la Universidad Pedagógica Nacional (México), entre otras universidades y asesor de Unicef Argentina.

Fuente: Ricardo Braginski para Clarin

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