Cómo enseñar y aprender durante la suspensión de clases: pedagogos e investigadores debaten sobre la situación que enfrentan maestros, alumnos y padres. Los especialistas consultados por PáginaI12 destacan la rápida respuesta del Estado y de los docentes para sostener la continuidad pedagógica. También marcan las cuestiones que no se pueden reemplazar sin la educación presencial y los problemas derivados del desmantelamiento del Programa Conectar Igualdad.

Antes de decretar el «aislamiento social», una de las medidas de mayor impacto que tomó el Gobierno para evitar la propagación del coronavirus fue la suspensión de clases para todos los niveles educativos. En diálogo con PáginaI12, docentes y expertos en educación debaten sobre cómo se puede intentar garantizar la continuidad pedagógica a través de herramientas digitales, sus limitaciones, y los efectos sociales que esta decisión podría tener sobre los niños y niñas, en particular en los sectores populares. Los consultados destacan la rápida respuesta institucional y de los maestros, así como marcan las cuestiones que no se pueden reemplazar y los problemas derivados del desmantelamiento, bajo el gobierno anterior, del Programa Conectar Igualdad.

«Resulta muy difícil prever el impacto que tendrá la suspensión de clases porque es una medida muy nueva en todos los sentidos», comienza explicando el doctor en Educación Pablo Pineau. «En primer lugar, porque es una decisión que nunca se formuló a este nivel. Tenemos un recuerdo cercano hace 10 años con la Gripe A, que se dio muy cerca de las vacaciones de invierno, y que quedó en la memoria como un año en el que se perdieron 15 días de clases (algo que lamentablemente en la historia de la educación argentina no es tan raro). Este caso es distinto porque no sabemos cuánto va a durar. En segundo lugar –sigue Pineau, profesor en la Escuela Normal Superior Mariano Acosta–, nos encontramos con que la decisión se da en un contexto de clarísima virtualidad de la enseñanza. Hay un encierro físico que no viene acompañado de un encierro cultural. Esta presencia digital a nivel educativo abre las puertas a ciertas fantasías tecnocráticas que plantean que la enseñanza virtual va a poder dar respuesta absoluta a la cuestión de la suspensión de las clases presenciales», plantea, poniendo en duda la factibilidad de este «reemplazo».

Estrategias virtuales

«Yo no lo pensaría en términos de reemplazo, sino que son herramientas que contribuyen a que buenas decisiones pedagógicas puedan implementarse en espacios remotos», argumenta la politóloga Patricia Ferrante, coordinadora digital de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe), destacando el rol que las herramientas virtuales y tecnológicas pueden cumplir frente a un nuevo contexto de «excepcionalidad de la escolaridad». «La rutina y la cotidianidad se detuvieron, se pusieron entre paréntesis, y nos encontramos en una situación en la que se tiene que aprender este nuevo modo de escolaridad sin presencialidad. Y las escuelas están pensando distintas estrategias: los maestros y maestras están mandando actividades, ya sean tareas enviadas por mail, videos caseros o contenidos que se comparten a través de los campus virtuales».

Las tecnologías virtuales, agrega Ferrante, «ya existían en las escuelas, lo que hay que resolver es el espacio de puesta en común, ese ‘juntos’ que quedó suspendido y que hay que ver cómo sostener. Podemos quejarnos un año entero del chat de mamis y de papis, pero en muchos casos es la principal forma a través de la cual circulan los textos». «Las escuelas están ya pensando estas estrategias, y lo hacen siempre con una decisión institucional detrás que habla muy bien del sistema. No es que cada docente hace lo que quiera, sino que hay mucha presencia del Estado que interviene para pensar cómo sostener estas semanas de cuarentena», explica la politóloga, a la vez que destaca la implementación de programas que ayudan a «dar continuidad a los aprendizajes en este momento de excepción», como el plan Seguimos Educando.

La respuesta institucional

En este sentido, las y los especialistas consultados por PáginaI12 coincidieron en resaltar la rapidez institucional del Ministerio de Educación en particular, y del Estado en general, no sólo a la hora de suspender las clases, sino también al insistir en la continuidad pedagógica y en el «continuar haciendo cosas» a pesar de la cuarentena. «Hubo una rápida respuesta institucional tanto por parte de los maestros como del Estado. Y creo que la rápida respuesta de los primeros tuvo mucho que ver con la rapidez del segundo, porque el Estado no es que se desentendió y dijo ‘vean qué hacen’, sino que les aseguró a los docentes que lo que hicieran iba a estar respaldado por el poder central. Y así uno, como docente, no es que se siente un héroe romántico luchando contra las adversidades, sino que es parte de un proyecto colectivo que intenta hacer algo», afirma Pineau. A su  vez, destaca la decisión de mantener abiertos los comedores de las escuelas para que los chicos y las chicas puedan sostener su alimentación. 

Desigualdades en el acceso

Sin embargo, a pesar de las oportunidades que puedan representar la tecnología para garantizar la continuidad pedagógica, en un país en el cual la mitad de los niños y niñas son pobres, la suspensión de las clases impacta de manera diferente en algunos sectores. «La ‘continuidad pedagógica’ depende de la realidad de la casa en la que se resida. Si el pibe no tiene computadora o acceso a internet, por más que querramos buscar mecanismos de conexión, no los va a conseguir. En algunos casos podrá funcionar, pero esto, como siempre, va a terminar golpeando a los más vulnerables», advierte Luz Ayuso, doctora en Educación y docente de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

«Las realidades de los pibes de nuestro país son muy distintas, tanto tecnológica como cultural y económicamente. En muchos casos, además de no contar con la tecnología que necesitan, las familias no cuentan con el capital cultural que les permita acompañarlos y ayudarlos con la tarea», explica Ayuso. La situación, agrega, se complica en muchos casos por la carencia de recursos básicos, comida o agua potable. 

Para Ayuso, la situación actual sería otra si el gobierno anterior no hubiera discontinuado el Plan Conectar Igualdad: «Ese programa implicaba saber que en cada casa había una computadora a través de la cual los alumnos podrían conectarse con las maestras. Era una presencia muy concreta del Estado en la vida de los pibes que, lamentablemente, fue desmantelada durante los últimos cuatro años. La democratización del conocimiento que proponía el plan Conectar Igualdad, y que podría haber sostenido esta situación, hoy no está porque lo desmantelaron. Hoy tal vez la realidad podría haber sido distinta». 

Fuente: María Cafferata para www.pagina12.com.ar

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