Coronavirus: «hay riesgo de cierre», advierten los colegios privados. El retraso  en las cuotas atenta contra la continuidad de las instituciones, según algunos directivos de esos establecimientos.

«Los colegios tuvimos en abril un nivel de morosidad que va del 40 al 60 por ciento y para mayo se espera un escenario más preocupante, las familias estuvieron acercándose todo el mes para explicar que no pueden afrontar el pago de aranceles. Si esta situación se acentúa habrá peligro en el pago de los salarios docentes y no docentes, y hasta el riesgo de cierre de escuelas».

Quien habla es Daniel Izzo , integrante de la Red de Escuelas Públicas de Gestión Privada, un conjunto de 250 instituciones que en total representan el 50 por ciento de la necesidad de matrícula educativa de la Ciudad de Buenos Aires y no reciben ningún tipo de subvención estatal. «Elegimos como postura no contar con aportes del Estado, pero en este contexto agobiante de coronavirus no vemos otra alternativa que acudir a algún tipo de ayuda», reflexiona.

El universo de los colegios privados es bien heterogéneo, no obstante la mayoría de las instituciones atraviesa una situación delicada. Algunas reciben un aporte estatal para pagar los sueldos docentes (que puede ser del 40 o hasta del 100 por ciento) mientras que otras se manejan exclusivamente con lo que recaudan por cuotas. Si bien aún no se han materializado ayudas, el ministro de Educación Nicolás Trotta adelantó que se estudia otorgar a las escuelas privadas los beneficios de la asistencia a empresas para que puedan pagar salarios.

«Abril más o menos se ha podido cobrar. El problema se espera para mayo: están llamando las familias para decir que ya no pueden pagar», relata el secretario ejecutivo de la CORDIEP (Junta coordinadora de Asociaciones de la Enseñanza Privada de la República Argentina), Norberto Baloira, y dice que la forma en la que los colegios enfrentan el problema «se parece a 2001», esto es: familia por familia. «Se prorrogan cobros, no se cobran punitorios, se hacen descuentos, se va buscando la fórmula», explica aunque aclara que estas respuestas van de la mano con la capacidad de cada institución, ya que algunos cobran cuotas de 2000 y otros de hasta 40.000 pesos o más.

Más que nunca, la solidaridad

Mientras tanto, muchos grupos de Whatsapp de padres arden. Y las aguas aparecen divididas: están los que dicen que hay que hacer un esfuerzo y pagar, otros reclaman que los colegios empiecen a otorgar descuentos ya que, sugieren, «sus gastos deben de haber bajado en forma considerable». Al respecto las instituciones son claras: subrayan que más de un 80 por ciento de lo recaudado se va en el pago de salarios, y el resto en servicios que como en el caso del alquiler, la asistencia médica o la seguridad corresponden a contratos anuales que no se pueden bajar. «La disminución de costos por no habitar el edificio, como insumos de limpieza, o facturas de gas y luz, no llega a un 2,5 por ciento de la cuota», precisa Izzo. Sí están (por lo general y en línea con lo recomendado por la cartera de Educación ) descontándose ítems como el comedor, los materiales o el traslado al campo de deportes.

La Goethe-Schule -colegio alemán de San Isidro- hizo en abril un descuento del 5 por ciento en la cuota de todos los niveles y planifica para mayo una reducción más significativa para los más chicos. «El colegio tiene recursos por haber acumulado a lo largo de los años un capital que estaba reservado a obras de infraestructura, y además contamos con el apoyo de Alemania, de hecho ya se hizo un pedido especial para aumentar los subsidios a los colegios alemanes en el extranjero», señala el presidente de la comisión directiva, Andrés de la Cruz.

«Muchas veces se dice que los colegios estamos enfrentados con los padres, pero lo cierto es que una familia que manda a sus chicos a una escuela privada suele tener afinidad con ella», destaca Baloira. Izzo plantea que no todos tienen la misma realidad. «Los que seguimos cobrando nuestros sueldos debemos acompañar a las instituciones en las que creemos, por solidaridad con sus trabajadores y con los pares que están en otra situación», sostiene.

La «continuidad pedagógica»

Con variados esquemas las escuelas siguen funcionando en forma virtual, tema que también enfrenta a los padres entre los que valoran esta continuidad y los que se quejan de la cantidad de tareas, o alegan que la catarata de trabajos prácticos y clases virtuales solo tiene que ver con la necesidad de justificar la cuota.

«La sensación generalizada es que los docentes estamos trabajando más ahora que antes», marca Gonzalo Udaquiola, coordinador del equipo de orientación y profesor de cuarto año del colegio San Juan El Precursor. El docente reconoce que al principio se dieron demasiadas tareas «aunque más como un manotazo de ahogado para que no se pierdan clases, tal vez por no medir la situación. Pero ahora se están dando respuestas más flexibles y empáticas. Esto se alarga y las complejidades van cambiando».

De la Cruz hace foco en la desafiante tarea de los docentes a los que ahora les toca entrar a las casas. «Hay casos en los que los padres se meten en las clases. Con los medios digitales la relación escuela-familia está arbitrada de una manera completamente diferente», dice y señala que esto puede ser positivo, ya que ahora los padres tienen más cercanía y visibilidad del proceso de aprendizaje de sus hijos, con lo cual vendrán en el futuro con demandas más calibradas.

«Hay escuelas que a esto que se dio en llamar ‘continuidad pedagógica’ le dieron un sentido de seguir dando clases como si nada hubiera pasado. Pero no es que por contar con una plataforma digital todo fluye: primero hay que hablar con cada chico, ver cómo se puede conectar y cuál es la disponibilidad de los papás. Es un armado súper artesanal», explica María Marta Larramendy, directora del colegio Integral Nuevos Ayres, en el barrio porteño de Monte Castro.

«El sostén a los pibes es una de las cuestiones centrales que tenemos que encarar como escuela -concluye-. Claro que debemos acercarles amorosamente los objetos de conocimiento, pero sin la locura de evaluaciones y plazos, corriendo las presiones de cara a que ellos mismos sean capaces de armar los recursos para afrontar este momento excepcional».

Fuente: Verónica Ocvirk para www.lanacion.com.ar

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