Alumnos superdotados y con altas capacidades: más de 130.000 estudiantes no reciben la educación que necesitan. Los datos ponen de manifiesto un probable aumento del fracaso escolar.

Un pequeño porcentaje de los jóvenes españoles posee capacidades diferentes de aprendizaje en comparación con el resto de sus compañeros. La lectura la dominan más rápido que la media, tienen facilidad con los números, son exigentes con ellos mismos, imaginativos, hiperactivos mentales, etc. El sistema educativo español está planificado para que los alumnos con el mismo rango de edad aprendan de forma conjunta, pero, ¿qué pasa con aquellos que van a un ritmo superior?

Los estudiantes de altas capacidades intelectuales tienen una competencia de aprendizaje muy superior a la media y una forma de aprender radicalmente distinta que los diferencia del resto de alumnos de su edad y que, por tanto, exige un tratamiento educativo diferenciado. Según las estadísticas del Ministerio de Educación y Formación Profesional a finales del curso 2016/2017 solo había identificados 27.133 alumnos de altas capacidades, de los 8.135.876 estudiantes escolarizados en este país, lo que representa un porcentaje de 0,33% del total. Existen 135.584 alumnos superdotados que están escolarizados pero que no reciben una educación específica. Estos datos ponen de manifiesto el peligro de que posiblemente un 50% de estos jóvenes se incluya en el llamado fracaso escolar.

La escuela, siguiendo la Ley, debe identificar a los alumnos con necesidades educativas especiales y aquellos con altas capacidades intelectuales. Además, deberá valorar las carencias de dichos jóvenes y poner en marcha medidas que permitan el máximo desarrollo de las capacidades de los estudiantes, como: aceleraciones de curso, programas de agrupamiento o enriquecimiento extracurricular, adaptaciones curriculares individuales o la creación de Centros Específicos para Altas Capacidades que existen en algunos países.

No es lo mismo hablar de superdotados y de alumnado con altas capacidades. La primera cuestión tiene una relación directa con el cociente intelectual, según la Organización Mundial de la Salud. Los superdotados tienen un cociente intelectual de 130 o superior, que corresponde con el 2% de la población educativa con mayor inteligencia. Este perfil necesita una educación especial porque cuentan con el riesgo de sufrir fracaso escolar y graves problemas de adaptación. Por su parte, aquellos que tienen altas capacidades intelectuales son alumnos más capaces, aunque con diferente definición según la región. La forma de aprender es diferente y por lo tanto, los métodos de enseñanza actuales no son los más adecuados para ellos. Su elevada capacidad cognitiva hace que aprendan las cosas a la primera y no necesitan repetir el ejercicio a diferencia de sus compañeros. 

Subir un curso, una de las opciones que se barajan

Carmen Sanz Chacón es Psicóloga Clínica con Habilitación Sanitaria experta en Inteligencia Humana, Superdotación y Altas Capacidades. Desde hace más de catorce años dirige El Mundo del Superdotado, organización cuya misión es desarrollar al máximo el potencial humano de los niños, jóvenes y adultos superdotados y de altas capacidades, tanto desde la propia identificación realizando evaluaciones, como apoyándoles en su desarrollo emocional. Según su punto de vista: «Los niños con un cociente intelectual a partir de 120 deberían tener educación especial, al menos la oportunidad de que se les pueda subir de curso, porque un niño con un CI de 120 y 10 años tiene una edad mental de 12 y puede tener problemas de adaptación en la clase normal».

En cuanto a la distribución de la puntuación del cociente intelectual de la población, la gran mayoría se encuentra en el medio, entre 90 y 110. Simula a una curva en forma de campana de Gauss, situando un 2% de personas con un CI hasta 70, que serían los discapacitados intelectuales y solo un 2% con un CI a partir de 130, los superdotados.

La falta de criterios para la identificación de un niño superdotado o de altas capacidades hace que sea muy complicado reconocerlos. Entre los criterios de identificación más señalados se encuentra la teoría de los Tres Anillos de Renzulli, mediante la que se exige a los estudiantes una alta capacidad intelectual, gran creatividad y alto rendimiento, dejando fuera a miles de alumnos superdotados porque están desmotivados. Este reconocimiento se suele realizar a partir de los 12-13 años, pero la decisión de evaluarlos queda en manos del tutor que en la mayoría de los casos no tiene una formación específica y confunde superdotación con alto rendimiento. Carmen Sanz apunta: «En cada centro escolar tenemos al menos un 2% de alumnos superdotados y cerca del 10% de alumnos con altas capacidades intelectuales, que deben tener la oportunidad de conocerse entre ellos y desarrollar actividades de enriquecimiento en las áreas que les interesen». En cuanto a la identificación, la psicóloga Sanz indica que por lo general: «Son alumnos más maduros que sus compañeros en el ámbito intelectual, aprenden más rápido, razonan mejor, tienen buena memoria, etc».

En España, las leyes reconocen la necesidad de flexibilizar la duración del currículum para estos alumnos. Alicia Rodríguez, presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), afirma que con su experiencia ha constatado que la medida que mejor resultados da en la educación de estos niños es la flexibilización de curso, lo que supone adelantar al alumno al curso siguiente. La psicóloga Carmen Sanz también opta por esta medida: «Nosotros recomendamos la aceleración de curso, al menos dos años en su etapa escolar que puede llegar hasta los tres años según la legislación y facilitarles el ingreso temprano en la universidad». En este sentido, añade que es necesario que los colegios cuenten con Aulas Abiertas de Altas Capacidades para facilitar actividades de enriquecimiento educativo a estos alumnos.

Formación de los docentes

El sistema educativo no contempla para estos estudiantes un Plan Individual, como sí lo hace para los alumnos con discapacidad o trastornos de salud mental. Los docentes en ocasiones no saben cómo actuar porque su aprendizaje en este campo es bastante pobre. Una buena formación en las carreras de Magisterio y Pedagogía les debería capacitar para hacer detecciones precoces y poder orientar y trabajar conjuntamente con los estudiantes y las familias. Todavía existen muchos profesores que piensan que un niño con altas capacidades es el que siempre obtiene resultados extraordinarios, sin embargo, no siempre es así. Según Carmen Sanz: «Si los profesores están formados pueden orientar a los padres para que soliciten una valoración, o externa o en el propio centro escolar y así prevenir el fracaso escolar». Indica que: «La falta de formación del profesorado y la falta de responsabilidad de los directores de los centros escolares nos ha llevado a que menos de 30.000 alumnos superdotados estén identificados».

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