• Osvaldo, vos tenés razón pero no puedo mandar un cable que dice “el reo Videla”, porque vos sabés que vamos a tener quilombo. Y menos si dice “el reo de aberrantes delitos”.
  • Mirá Pendejo, buscá en el diccionario lo que significa reo y vas a ver que está correcto. Así que, no me jodás!
  • Vos sabés Ciego, que poner esto es para tener quilombo, que nos llamen los editores, los abogados, nos presionen los milicos. Y entonces va a ser peor, porque van a leer el despacho con lupa y van a romper las bolas por cada párrafo.
    -Vos sos el editor, Pendejo, así que si querés poné excelentísimo general o lo que quieras, pero borrá mis iniciales.
  • Mirá, yo seré pendejo en la calle, pero acá soy el jefe de turno y me vas a respetar, viejo de mierda, o vamos afuera y nos agarramos a trompadas.
  • Pará boludo, no te calentés, lo de Pendejo es con cariño. Mandá el cable y vayamos a jugar una partida de pool; yo te invitó con milanesa picada. Y vos pagás los vermús.
  • Bueno, partamos por el medio: ni reo ni general, ponemos ex dictador y a la mierda.
    DICEN QUE MURIÓ OSVALDO MARIO GAZZOLA, alias “El Ciego”, un periodista de cuando la profesión era un trabajo de élite, un post-grado, una súper especialización o, más bien, como ser “comando” de fuerzas especiales pero sin armas convencionales (aunque con otras más certeras y ofensivas basadas en conocimiento + inteligencia + búsqueda de la verdal + ética + valentía).
    Estas líneas son un réquiem agnóstico para quien era ateo pero profesaba hasta la ingenuidad de creer que la verdad siempre podía vencer a la mentira y la justicia castigar al malvado.
    Escribo con la alegría de saber que estoy honrando a un meritorio y celebrando el ascenso de un amigo y colega de bien, con quien teníamos diferencias ideológicas que de ninguna manera impedían nuestras coincidencias humanas, morales, profesionales, republicanas, patrióticas, de honestidad intelectual y de honestidad a secas. Y pensar distinto o en contrario sobre religión, política o economía no era obstáculo para compartir un fulbito, un café con chistes o chismes jocosos, una mesa de billar…
    Aprovecho esta misa laica in memoriam para que aquellos que lean este modesto obituario sepan lo qué era un periodista cuando el periodismo se respetaba a sí mismo y estaba muy lejos del show, el vedetismo, la reventa de pescado podrido envuelto para regalo y otros rebusques ilegítimos.
    Osvaldo fue uno de esos héroes, como los de Malvinas, de quienes no se van a encontrar fotos ni imágenes en las redes sociales. Los verdaderos soldados valientes no salen en la TV. Habrá quienes crean que un periodista es esa cosa o coso que aparece en una pantalla con entretejido o tetas compradas, pilchas de canje, sonrisa impostada y cara de sabelotodo/a. Esos que se atreven a afirmar, aseverar, sostener y/o enfatizar respecto de lo que no saben, ni entienden y solo acaban de enterarse porque alguien se los dijo o en algún lado apareció escrito. (Los que saben de verdad no hacen alarde, dudan de sus propios conocimientos y descreen de sus propias creencias).
    Y ahora que todos se hacen los cojonudos en público, porque es fácil escupir cadáveres putrefactos de falsos dioses desposeídos y caídos. Ahora que cualquier tipito, tipita o tipite bravuconea desde un micrófono o un teclado, aprovecho este saludo póstumo al colega y amigo fallecido para contarles a los que no lo saben que eso de ahora no es periodismo. Es otra forma de expresión, nada profesional.
    Periodismo era el que hacía Osvaldo, que era un hombre de convicciones y un ciudadano militante de sus ideales de izquierdas, que sabía que los hechos son sagrados y no se pueden modificar a gusto de la ideología o creencia del relator u escribiente.
    El Ciego era de esos que denunciaban (denunciábamos, me atrevo a acotar con sincera modestia) las violaciones a los derechos humanos cuando era una osadía con riesgo de lesa vida. De los que cubrían los cónclaves políticos y las asambleas gremiales prohibidas. Un auténtico avatar u ariete de la resistencia. Y también era una pluma que dibujaba prosa prolija y amena, informada, con mucha data chequeada, sintaxis, ortografía. En fin… lo que debería ser: un panadero que sepa hacer el pan.
    Y era un buen tipo, un real compañero, que no hizo más carrera porque nunca aceptó ser jefe para no tener que ejercer el mando sobre otro (le avergonzaba escalar) y, a la vez, para no perder su libre juego de periodista líbero que podía irse al ataque cuando quisiera o tirar un caño dentro de su propia área, sin responsabilidades ni compromisos jerárquicos o patronales.
    Fue el mejor y más informado de todos quienes cubrieron el histórico juicio a las juntas militares y sus conocimientos del tema eran un archivo histórico viviente (hasta ahora). Él bancaba con sus textos periodísticos a solitarios gladiadores como Strassera y Moreno Ocampo o a fiscales poco conocidos que vivían el estrés y la amenaza cotidianos, o apoyaba a Madres y Abuelas cuando estaban sometidas al asedio y muy lejos de la soberbia sectaria que exhiben hoy.
    Pero también era Osvaldo un destacado en el selecto grupo de los periodistas auténticamente valientes que le arrojaban un salvavidas mediático a perseguidos, acusados, censurados, desaparecidos, acallados. Y de los que mantenían viva la llama de la democracia proscripta y la república secuestrada. Con otros pocos colegas, le daban oxígeno a una Multipartidaria que, si fuera por los políticos, se ahogaba en medio vaso de agua o se ahorcaba con un hilo de coser.
    Y él sabía que el general Vilas era “Adel” y no “Acdel” y que Massera era Emilio Eduardo y no Eduardo Emilio… que a fojas tanto de la instrucción, tal testigo dijo tal cosa que luego contradijo en su ampliación indagatoria y consta en fojas tanto. Es decir, un profesional riguroso escondido en la simpleza de un tipo común y una prosa sencilla.
    Por supuesto, no alcanzó ni buscó fama mediática, ni hizo guita ni usufructuó sus múltiples contactos políticos. Tampoco salió a pregonar “yo luche contra la dictadura”, porque ese alarde muchas veces mentiroso es propio de quienes se vanaglorian como los hipócritas que profanaban el templo en tiempos de Jesús.
    Querido Ciego, que tu alma descanse en paz. Ya vas a ver en el Cielo que es mentira que Dios sea de derechas y amigo de la represión. Para mí que es humilde y buen tipo como vos, con sentido del humor, pluralista, pero con responsabilidad. Igual que acá abajo, el problema son los alcahuetes que tiene alrededor, pero de eso vos sabés por experiencia más que yo.
    Espero que tengas buen viaje y feliz estadía. Cuando te vaya a visitar esperame con una milanesita picada y un vaso de tinto. Abrazo, Ciego. (vos decías que “no hay peor ciego que el que no quiere oír”).

Fuente: Hilario Mollar para https://www.facebook.com/100003958249297/posts/1901039433371313/?sfnsn=scws

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