El equipo ideal para gambetear la cuarentena. ¿Tienen más tiempo libre y extrañan el fútbol? Esta formación no los va a defraudar: once escritores que agarran la pelota y tiran paredes con la literatura.

Sí, ya sé, cuando les pase la formación me van a decir que no entiendo nada y que cualquier equipo más o menos armadito me llenará de goles. Yo ya lo sé. Sin embargo, este momento –sin torneos oficiales de fútbol– es ideal para que jueguen los míos. Incluso, me imagino a los hinchas: todos felices, otra vez llenos de emociones y hasta algunos largando risotadas. Ya los estoy viendo.

Bien, ahora sí. Les cuento lo que armé: son once enganches. Esperen, no se enojen; no son de esos del montón, que no ayudan a los mediocampistas ni generan peligro en ataque. Estos son de jerarquía. Es cierto que no se destacan en la contención, no les voy a mentir, pero les aseguro que con la pelota son cracks. Lo juro.

Quieren los nombres de los jugadores, es lógico. Ya van a ver ustedes… busquen una silla porque se van a caer de culo. Una selección hice. ¡Una selección! Bueno, basta de cháchara, los tiro: Roberto Fontanarrosa, Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano, Eduardo Sacheri, Jorge Valdano (conmigo va de enganche), Rodolfo Braceli, Juan Sasturain, Hernán Casciari, Walter Vargas, Ariel Scher y Dickie Randrup. Sí, es familiar mío; es mi viejo. Si Marcelo Gallardo lo pone a su hijo, ¿por qué yo no puedo poner a mi papá? Además tengo tres motivos. Uno es que se trata de mi viejo, lo admito, pero los otros dos son contundentes: escribió un libro futbolero que es un librazo (por tamaño y calidad) y él me hizo conocer a varios de los integrantes del plantel (es decir, sin este tal Dickie hoy no habría equipo).

Mi charla técnica será básica: «Hagan lo que saben; sigan tirando paredes con la literatura, que los de afuera nos dedicamos a disfrutar». Lo único que elegí desde lo estratégico es un arquero, por si aparece un árbitro y me tira con el reglamento por la cabeza: al arco irá mi viejo; aunque de pibe jugaba de 9, con todas las figuras que tendrá de su lado, no creo que se enoje. Y para demostrar algo de autoridad decidí, sin consultar, quién será el capitán. Con los números no habrá problema porque todos usarán la 10, hasta el arquero. Pero la cinta la llevará el Negro Fontanarrosa. Ahí no negocio.

No vayan a creer que soy un improvisado. Pensé todo. Llevo años construyendo este dream team. Las transmisiones radiales estarán a cargo del programa «Todo con afecto» y el relator será Alejandro Apo (sí, será relator y no comentarista).

Una selección de talentosos (de la escritura)

Como muchos de ustedes tienen más tiempo libre que de costumbre y extrañan el fútbol, les propongo que se hagan hinchas de mi equipo. Pueden seguir a otros, no me ofendo. De hecho, se me ocurre recomendarles a otros jugadores: Cristian Grosso (y se leen una entrevista maravillosa), Roberto Parrotino (y disfrutan una nota profunda que eluda la agenda mediática), Christian Leblebidjian (y aprenden con cualquiera de sus análisis tácticos), Gabriel «el Colo» López (y descubren una historia extraordinaria). Pero les sugiero, además, que observen a este combinado que edifiqué. Un conjunto inaudito, con once habilidosos. ¡Ni un picapiedra convoqué! Son todos ofensivos e incisivos: prometo goles, lujos y un sinfín de paredes entre el fútbol y la literatura.

¿No me creen? ¡Es razonable! A mí también me gustan las estructuras sólidas y los elencos que no marchan ciegos detrás de un imposible. Pero yo, a estos tipos, ya los vi y son buenos de verdad. Cracks de los que no abundan.

Para que lo confirmen ustedes, abajo les dejo el link del mejor partido (texto) que le vi a cada uno y –para los más haraganes– les muestro acá mismo un golazo (fragmento de texto) de cada futbolista.

Entonces, quedamos así. Vean toda esta magia y después me cuentan…

Roberto Fontanarrosa (capitán)

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: La observación de los pájaros.

– Un golazo de ese partido: “Lo que a uno lo destruye es la ansiedad. Dos semanas, tres semanas, cuatro, esperando que llegue el día preanunciado. Séptima fecha de las revanchas. Y lo inapelable de lo indefectible. Esa bola en el estómago que se va formando en los comentarios previos, durante el partido con Vélez, durante el partido con Ferro, durante el partido con Boca, en torno al clásico que se acerca. La fiesta de la ciudad… ¡justamente! Se van a la concha de su madre con la fiesta de la ciudad. Feliz es ese perro que cruza la calle”.

Eduardo Galeano

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: El ídolo.

– Un golazo de ese partido: “La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita. En el pecho de su pie, ella descansa y se hamaca. Él le saca lustre y la hace hablar, y en esa charla de dos conversan millones de mudos. Los nadies, los condenados a ser por siempre nadies, pueden sentirse álguienes por un rato, por obra y gracia de esos pases devueltos al toque, esas gambetas que dibujan zetas en el césped, esos golazos de taquito o de chilena: cuando juega él, el cuadro tiene doce jugadores”.

Osvaldo Soriano

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: El penal más largo del mundo.

– Un golazo de ese partido: “Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado”.

Eduardo Sacheri

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Me van a tener que disculpar.

– Un golazo de ese partido: “Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndose al calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden”.

Jorge Valdano

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Creo, vieja, que tu hijo la cagó

 Un golazo de ese partido: “Era su sueño favorito, su fantasía recurrente: 0-0 faltando un minuto y penal en contra; silencio expectante, miradas de ojos grandes, intuición exacta y él en el aire abrazado a la pelota y otra vez él en el suelo sintiéndose dueño de los aplausos, responsable de la catástrofe diminuta que sufrían las emociones de cientos de aficionados; 0-0 final”.

Rodolfo Braceli

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Señor Labruna. 

– Un golazo de ese partido: “Señor Labruna, no vaya a tomar a mal lo que ahora paso a contarle: yo soy hincha de Boca, lo soy desde que tengo uso de razón y uso de pasión. Pero eso no me impide tener por usted mi más alta estima y admiración. Yo sé que usted es de River y jugará en River hasta el último minuto del último partido de su vida —quiera Dios que sea bien pasados los cuarenta años de su edad—. Pero debo confesarle que soy un convencido que usted tiene todas las características de un jugador típicamente boquense”.

Juan Sasturain

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: La larga carrera de Burruchaga contra la muerte.

– Un golazo de ese partido: “Nunca he contado los segundos interminables de la larga carrera del Burru con la pelota al pie, pero todo cabe en esa agonía. Si Diego contra los ingleses hizo ese mismo camino y mucho más largo y acompañado/acosado por camisetas blancas con todos los números, era Diego. Fue y lo inventó, lo hizo cagándose en todo. Pero Burruchaga no, Burru soy yo, es cualquiera de nosotros”.

Hernán Casciari

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Messi es un perro.

– Un golazo de ese partido: “Inhabilitado para decir dos frases seguidas, visiblemente antisocial, incapaz de casi todo lo relacionado con la picaresca humana. Pero con un talento asombroso para mantener en su poder algo redondo e inflado y llevarlo hasta un tejido de red al final de una llanura verde. Si lo dejaran, no haría otra cosa. Llevar esa esfera blanca a los tres palos todo el tiempo, como Sísifo. Una y otra vez”.

Walter Vargas

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Del diario íntimo de un chico rubio

– Un golazo de ese partido: “Cuando puso la tasa sobre la mesa y un pedazo de pan, me dijo: ‘Quedate tranquilo, Banana, el partido no te lo vas a perder’. Me gusta que papá me llame Banana. Cuando pasa eso lo siento más cerca, descubro que quiere confortarme y una de sus maneras de confortarme es llamarme Banana, porque sabe que me gusta. ‘A eso de las ocho vamos a hervir las pilas’, prometió papá. Lo abracé y sentí en él una mezcla de incomodidad y emoción”.

Ariel Scher

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: Es hoy.

– Un golazo de ese partido: “Mi sobrinito me transmitió el entusiasmo intacto de los que todavía no se enteraron de que la existencia está llena de miedos, me recitó los apellidos de los jugadores nuestros que él sentía próceres nuestros, me preguntó qué estaba haciendo Mostaza en ese momento, y me dijo: ‘Es hoy’”.

Dickie Randrup

– El mejor partido (texto) que le vi jugar: 3 de agosto de 1967.

– Un golazo de ese partido: “Madero se para frente a la pelota, inmóvil. Suena el silbato de Coerezza… pasa un año o quizás dos o tres… ¡la vida entera pasa, y Madero no se mueve! Hasta que de pronto inicia un trote corto, suave, como flotando sobre el césped mudo de la Bombonera, llega hasta el punto del penal y con su zurda magistral acaricia dulcemente la pelota que, obedeciendo a un mandato irrefutable e irreversible, inicia una trayectoria tersa, sedosa, exquisita, fatal”.

  Fuente: Máximo Randrup para http://centrofobal.com

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