DUBAI. Lo dijo así, a secas. Aunque la primera vez enganchó por la positiva. «Si estudian, van a poder jugar». Con esa frase arrancó Juan Sebastián Verón la charla deportiva con un pequeño grupo de adolescentes. Fue hace unos cuatro años, y en lo único que pensaban los pibes que habían llego al club y escuchaban a La Brujita Verón como a un semi Dios de otro planeta, era en convertirse en jugadores profesionales. Pero además de la pelota había que agarrar los libros. Y no patearlos. 

Entrenamiento por la mañana, de ocho a doce. Después, almuerzo y allí mismo, dentro del predio del club, la formación sigue en la Escuela Rubén «Pelusa» Bedogni. «El chico entra al club para jugar al futbol y no quiere hacer otra cosa. La escuela pasa a un segundo plano, y la familia trata de acompañar, pero por experiencia te digo que en la mayoría de los casos todos están más preocupados porque el pibe cumpla su sueño. Que termine la no importa tanto», cuenta a La Nación el ex futbolista y presidente del club Estudiantes de la Plata, que llegó a Dubai para participar del Global Education & Skills Forum, que organiza la Fundación Varkey con el objetivo de prestigiar el trabajo docente y promover la innovación educativa.

Hoy se conocerá al ganador del Global Teacher Prize 2019 al mejor maestro del mundo, y entre los diez finalistas está Martín Salvetti, de 45 años, que comparte la candidatura con maestros de Asia, Europa y África. Es el primer docente argentino en llegar a esta última instancia.También es fanático del Club Atlético Temperleyl, y cuando Verón se acercó a felicitarlo, Salvetti le devolvía todos los centros. Verón quería interiorizarse sobre los distintos proyectos de cada uno de los maestros para ver si podían sumar algo a la escuela, «replicar algunas de las propuestas» que tuvieron buenos resultados en los procesos de enseñanza. La de martín le pareció muy buena. «De hecho, nosotros tenemos un taller de radio -cuenta Verón-, y charlábamos con Martín sobre la necesidad de que los chicos no se aburran en el aula para que sigan motivados». ¿Cómo hacer para que eso no suceda?: «A mí no me gustaba ir a la escuela», reconoce La Brujita, que también confiesa una cuenta pendiente. «No terminé el secundario, pero tampoco tuve un lugar como el que los chicos tienen hoy en el club, donde todo está pensado según las necesidades, los horarios y la demanda que tiene un deportista de alto rendimiento. Nosotros no queremos que la escuela sea un obstáculo. La idea es que la formación sea integral», dice el impulsor del primer bachillerato obligatorio para jugadores juveniles.

El 80 % abandona los estudios

Los datos que aportan desde la institución refuerzan una tendencia que Verón quiere revertir: 8 de cada 10 adolescentes que eligen el fútbol como su futuro profesional abandona la escuela. «Pero después, apenas el 20 % de esos chicos finalmente firmará un contrato -agrega con el ceño fruncido-. El fútbol es frustrante, es un camino largo y de mucho esfuerzo. Y el objetivo es que el estudio no se convierta en una frustración más».

¿Cómo surgió la idea del bachillerato? Hay una anécdota detrás de la historia, y que lleva el nombre de la escuela. Pelusa Bedogni es un jugador de la camada de los ’60, amigo del papá de Juan Sebastián, Juan Ramón Verón. «Pelusa», de a poco y casi sin darse cuenta, se puso al hombro la tarea de controlar a todos los pibes a ver cómo iban en los estudios. «Uno de ellos era mi hermano, pero los llevaba a todos a la escuela y los iba a buscar. Hacía mil viajes por día con su Ford K, y una de las últimas veces que yo volvía Europa me dijo: ´Cuando vos seas dirigente o presidente del club, te pido un favor. Quiero que armes un colegio adentro del club’. Y ahí arrancamos con esta historia».

El bachillerato de Estudiantes de La Plata es intensificado en preparación física, con una duración de cuatro años, y Verón menciona que en el plantel académico trabajan cerca de 40 docentes. También que en esa escuela el secundario su hijo, que venía de un colegio privado pero que cuando arrancó a jugar en el club «decidió cambiarse».

De la mega cumbre de la educación, que termina hoy en el salón de convenciones del Hotel Atlántis, en la isla artificial Palm Jumeirah, Verón se lleva ideas y la experiencia «enriquecedora» de haber charlado con expertos en educación y con gente que no pertenece al ámbito del fútbol. «Otra amplitud. Para todos no es tan importante que haya una cancha, dos arcos y 22 tipos corriendo detrás de la pelota», desliza. En lo inmediato,quiere seguir profundizando en el modelo del bachillerato y reforzar los métodos de aprendizaje «para que los chicos no se aburran en la escuela».

Con la mirada más lejos, apunta a construir una universidad deportiva. «A veces los chicos quieren seguir una carrera universitaria y les resulta muy difícil acomodar los horarios. Es un sueño grande». Pero de soñar él sabe. Tres veces jugador de la Copa del Mundo y ganador de múltiples campeonatos en Italia, Inglaterra y Argentina, hoy es el presidente de «su» club, en el que a los directivos les costó comulgar con la obligatoriedad del bachillerato. Al principio, muchos de los mejores jugadores se saltaban las clases creyendo que sus habilidades suplirían las faltas. Verón, inflexible. «No tenían permitido jugar si no iban a clases».

Revertir una tendencia. Es el objetivo de máxima. Desde que comenzó el programa, cinco jugadores en la primera división completaron el secundario, «y más de cien que no llegaron al nivel profesional al que aspiraban hoy tienen una herramienta más seguir y considerar otras opciones», insiste Verón. En la escuela hoy cursan casi 150 estudiantes, y el club planea que en los próximo cinco años la mitad del plantel de profesional haya obtenido su título.Fuente: Soledad Vallejos para www.lanacion.com.ar

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