Día cuarenta y seis de la cuarentena.

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo terminará la pandemia. Se esgrimen respuestas que suenan desde lógicas a distópicas. Lo que prevalece es el cansancio y el deseo de un límite que, por ahora, no aparece. Que por ahora no nos declare vencidos. En tanto, las cifras escalan: suman más de dos millones los infectados y más de 240 mil muertos en el mundo. Los Estados Unidos llevan la delantera en las cifras luctuosas. Mister Trump asiste a que bajo su gobierno de “sociópata”, como señaló Noam Chomsky, haya más del 50 por ciento de los infectados en el mundo –1.200.000 ya– y cerca de 68.000 muertos. Les costó a los estadounidenses más pérdidas en vidas que la maldita guerra de Vietnam, donde murieron cerca de 58 mil soldados. Claro que más les costó a Vietnam del Norte y del Sur, donde murieron más de dos millones de vietnamitas. ¿Acaso en la mente de esa especie de Nerón de la modernidad se trata de un Excel previsible y admisible? Su par de Brasil, Jair Mesías Bolsonaro, un “patotero y psicópata de opereta”, como lo definieron no pocos intelectuales, compite con él. En el mismo período, sumó cien mil contagiados y cerca de 6.500 muertos. Y, además, se mofó cuando le exigieron cordura en la conducción del gobierno: “¿Qué quieren que haga? Soy Mesías, pero no hago milagros”. Si las cifras pudieran marcar el triunfo del humanismo, como dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Argentina, gobernada por la biopolítica del peronismo del presidente Alberto Fernández, se llevaría los elogios. En el mismo período, hubo poco más de 4.600 infectados y 237 muertos. Los EE.UU. tienen una población cuatro veces mayor a la de la Argentina. No deberían tener más de mil muertos. Porque si la asistencia en la Argentina por la pandemia es superior a la de varios países de mayor desarrollo, como señaló la OMS, ya que el paquete de ayuda comprometido por el Estado nacional, en torno al 5,6 por ciento del PBI durante el trimestre abril-junio, refleja que la respuesta argentina para enfrentar los efectos económicos de la pandemia de coronavirus se encuentra por encima de la de países como Brasil, China, Corea, Italia, España y Francia, si se tiene en cuenta la relación con la capacidad fiscal de cada uno. El jefe de la OMS, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, destacó el “liderazgo” argentino contra la peste. Pero se sabe que la muerte es apenas el esbozo del drama. Que la economía es apenas la punta del iceberg de la sobrevivencia. La humanidad está en peligro no sólo por la pandemia sino por la locura de quienes tienen todo el poder económico y militar para defenderla. La idea del darwinismo social del capitalismo neoliberal rampante que define a esos dos personajes de esta historia en nuestra América es, definitivamente, que mueran todos los que sea necesario. Sobre todo pobres, viejos, hispanos, negros y enfermos.

QUEDATE EN CASA. En tanto, mientras se asiste a esa película clase D sobre cómo ciertos líderes dejan caer a sus países en la muerte como si pudieran disfrazar sus pulsiones darwinianas amparados en una catástrofe natural, sobrevuelan, se esgrimen, todo tipo de teorías sobre las sociedades, la ciencia, y la economía para el hoy y el día después de la pandemia. El sociólogo y economista estadounidense Jeremy Rifkin trepa al podio de los se animan a sostener que la humanidad está en peligro de extinción. Sostiene que todo lo que nos está ocurriendo deriva del cambio climático; que hubo otras pandemias antes y también advertencias de que algo grave podía ocurrir; que los desastres naturales –pandemias, incendios, huracanes, inundaciones– van a continuar porque la temperatura en la Tierra sigue subiendo. “Ya nada volverá a ser normal. Esta es una llamada de alarma en todo el planeta. Lo que toca ahora es construir las infraestructuras que nos permitan vivir de una manera distinta. Debemos asumir que estamos en una nueva era. Si no lo hacemos, habrá más pandemias y desastres naturales. Estamos ante la amenaza de una extinción.”  Otros aventuran que la vacuna está cerca. Hay por lo menos cien investigaciones en el mundo para neutralizar el coronavirus con más dudas que certeza en cuanto a su poder de inmunización definitiva en los humanos. Lo cierto es que se nota cansancio y desesperación. ¿Se puede numerar, denominar, esa ecuación tremenda? Un hilo de Twitter de Claudia Cortés, una médica infectóloga de la Universidad de Chile, lo revela: “44 días desde que vi al primer paciente, 43 desde que veo a mis hijas por la ventana, 42 de trabajar casi 24/7, de llevar estadísticas y registrar cada detalle, 40 reuniones por zoom, 39 llamadas a medianoche, 38 lavados de mano cada mañana, 37 cada tarde; 36 veces me pongo y me saco el delantal desechable; que hago 35 recetas; 34 veces que digo ‘diga 33’; 32 mujeres en el equipo; 31 veces que subo a la Unidad de Cuidados Intensivos; 32 que bajo a urgencias; 32 que pido un escáner; 31 que converso con mi marido desde lejos… 30 días que trato de fantasear qué haré cuando todo esto se acabe (y no lo logro); 28 abrazos que quise dar y no pude; 27 sour que quise tomar y no pude; 26 panes triangulares de miga como pura comida que ya odio; 25 minutos que me demora la vuelta a mi casa en toque de queda; 24 horas eternas del día; 23 box de urgencia; 21% de oxígeno que no alcanza; 20 pares de guantes por lo menos cada día; 19 el paciente más joven; 18 teleconferencias; 17 recetas retenidas; 16 metros cuadrados donde habito; 15 guías clínicas a discutir; 14 licencias extendidas; 13 altas; 12 libros que me gustaría leer; 11 cumpleaños de amigos y familiares a los que no iré; 10 de la mañana todas las indicaciones listas; 9 series/películas que me gustaría ver; 8 amigos apoyando a full; 7 años cumplió mi hija chica hace poco; 6 veces que creo que ahora sí me contagié; 5 colegas infectólogas que apañan; 4 que queremos sentarnos en la misma mesa y dormir apretados en la misma cama; tres palabras: quedate en casa”. En esas tres palabras caben muchas preguntas: si el miedo a la muerte puede mantener a raya el deseo de estar con otros. Si el quedate en casa como mandato es cumplible, si la búsqueda de la inmunización es consciente, si se quiere proteger a los otros como a uno mismo o el miedo y la ideología arman la tremenda coartada de admitir las técnicas de darwinismo social bajo formas más domésticas. En esa duda se abre una grieta por donde se filtran los heraldos negros.

FEOS, SUCIOS Y MALOS. Lo cierto es que la violencia asoma en la tensión de esa ecuación más allá del deseo de los ciudadanos. Y el miedo a los otros se despliega como una marea negra en los cuerpos de las sociedades. ¿Cómo entender, si no, lo que ocurrió en la Argentina? Otra vez, el Tánatos neoliberal campea en la crisis pandémica. Así ocurrió con el tratamiento sobre la libertad de los presos en las cárceles o en la constatación brutal de que en la villa o barrios de emergencia de Buenos Aires, la ciudad más rica de la Argentina, vive uno de cada diez infectados de coronavirus. Tal como en la película Brutti, sporchi e cattivi, del gran director italiano Ettore Scola, los habitantes de los márgenes de la ciudad sobran e incomodan para los burgueses pequeños, pequeños. El gobierno de la ciudad, en manos del macrista Horacio Rodríguez Larreta –sinónimo de afiliación neoliberal–, que prefiere poner canteros en las avenidas a construir escuela u hospitales, confirmó que al 30 de abril ya eran 124 los casos de Covid-19 en los barrios más vulnerables. Representaban el 11 por ciento de los 1.123 infectados de la ciudad. Un dirigente social, Ignacio “Nacho” Levy, editor de la famosa revista La Garganta Poderosa dijo que en la Villa 31 –la más grande de la ciudad, que tiene 49 villas, cinco asentamientos y dos barrios populares, es decir, un total de 56, atravesadas por serios problemas habitacionales– en una semana los contagios habían crecido en un 1.900 por ciento, saltando de tres a 57 casos en pocos días. Hecho agravado porque, en medio de la pandemia, faltaba el agua. Pero si los “villeros” revisten en la categoría de ciudadanos de segunda, los presos revisten en la de descartable para quienes el miedo al otro pobre, negro, sucio y feo enfría la piedad. El miedo al otro supera el miedo al virus. O tal vez, la pandemia hacer emerger una ideología del descarte que anida en los partidarios del neoliberalismo. Lo sepan o no. Todos los países del mundo, por ejemplo, tomaron medidas para descomprimir las cárceles de población sobrante. Todos. Al menos 125 países tienen poblaciones de prisioneros que superan las capacidades de sus sistemas correccionales, incluidos veinte que tienen más del doble de los reclusos que pueden albergar, según el Informe Mundial sobre Prisiones, una base de datos del Instituto de Investigación de Política Criminal de la Universidad de Londres. Brasil tiene la tercera población carcelaria más numerosa del mundo, después de Estados Unidos y China. En los últimos veinte días, a raíz de la pandemia, se produjo una oleada mundial de morigeración de las penas de los presos. En EE.UU. la cifra de liberados superaba los 16.000. En Irán, se liberó a 85.000 prisioneros, una cifra por cierto descomunal. Turquía mandó a sus casas a 45.000. Francia, hasta el 13 de abril, había liberado a 9.923 detenidos. Indonesia a 30.000. Brasil a 30.000 presos. México a 6.200 presos, para citar algunos casos. En la Argentina, menos del uno por ciento de la población carcelaria de la provincia de Buenos Aires recibió el beneficio de prisión domiciliaria ante el riesgo de contagio, ya que entre el 17 de marzo y el 17 de abril pasado 439 presos salieron de la cárcel por decisión judicial. Los grandes medios de comunicación cavaron una grieta social al difundir fake news como por ejemplo que un femicida liberado en octubre de 2019 y un hombre excarcelado por problemas mentales son lo que se espera como antecedente de liberación masiva de presos. Así que la clase media de la ciudad de Buenos Aires, la más afectada por la situación de precariedad de parte de su gente en las villas, se sumó a la manipulación mediática, que además contó con la manipulación de jueces adictos a la oposición. Lo cierto es que el Presidente debió explicar que las excarcelaciones son “responsabilidad” de la Justicia y que existe “una campaña mediática” que busca “acusar al Gobierno de querer facilitar la libertad” de personas detenidas con condenas. Fernández tuvo que recordarles a los argentinos que organismos internacionales y de derechos humanos formularon recomendaciones para “evitar el hacinamiento en las cárceles” ante el coronavirus. Ahora bien, son increíbles las fake news y también las teorías conspirativas más locas sobre la pandemia:

1- EE.UU. tiene un arma biológica y a China se le escapó el virus. Entre las primeras conspiraciones que aparecieron, una explicaba que EE.UU. estaba atacando a China con un arma biológica. Ahora que se propagó por el mundo los mensajes culpan a China de querer imponer su hegemonía mundial o de que se les “escapase” el virus de un laboratorio chino.

2- Bill Gates quiere controlar el mundo a través del 5G, que es la abreviatura que se refiere a la nueva tecnología que hace que los dispositivos inalámbricos sean más rápidos y estén más conectados. Las teorías pusieron un foco de atención en esta novedad de la tecnología, asegurando que es más poderosa que los anteriores tipos de internet móvil, y que por tanto es más peligrosa para el sistema inmunológico de las personas.

3- El coronavirus lo trajeron los extraterrestres. Una conspiración menos famosa pero que ya está propagándose por las redes sociales apunta que hay vida en planetas desconocidos y que podrían llegar a la Tierra por un meteorito. Por muy alocada que parezca esta teoría, el astrofísico británico Chandra Wickramasinghe afirmó a principio de año que una bola de fuego que cayó en el norte de China en octubre de 2019 es la fuente más probable de la enfermedad.

4- El virus puede transmitirse por correo. Otro mito sobre el SARS-CoV-2. Mucha gente piensa que recibir una carta o un paquete de China puede ser el causante de contraer el virus, pero la Organización Mundial de la Salud ya desmintió esta teoría. Los investigadores ya descubrieron que este virus no permanece vivo por mucho tiempo en objetos y superficies.

5- El virus es comunista. En Brasil, igual que en los EE.UU., los dirigentes restaron importancia al virus durante la pandemia. Una nueva teoría conspiratoria fue creada y difundida por uno de los ministros de Bolsonaro.

6- La covid-19 es la solución del cambio climático. Otra teoría es que el coronavirus fue creado por los gobiernos para acabar con el cambio climático.

7- En España el 8M es el causante de la propagación. La manifestación del 8M fue un acto multitudinario de las mujeres. El partido de la ultraderecha española VOX, desde el inicio de la pandemia, apoyó la teoría de que la manifestación feminista fue la causante de la propagación.

EL TSUNAMI NEOLIBERAL. No son sucios o feos. Sólo neoliberales. Ergo, muy malos. Los grandes medios aprovecharon para avalar cacerolazos de protesta contra el gobierno de Alberto Fernández por el tema de saneamiento de cárceles en medio de la discusión sobre la necesidad del impuesto a los ricos. La oposición macrista y sus jueces amigos –un poder casi feudal– tienen el principal libretista de las fake news. Se sabe que la corporación Clarín, hegemónica en medios, tiene intereses directos –con dos mil millones de dólares como fortuna personal de sus dos principales dueños– en oponerse al impuesto a los ricos y al no pago de la desmesurada e impagable deuda externa ya que revista entre los acreedores privados y se identifica con las presiones del capital financiero buitre. Más allá de cómo o cuánto tarde el Congreso para establecer ese impuesto, más allá de que el gobierno de Fernández cuenta con el aval internacional de los países que tienen acreencias soberanas, nucleados en el FMI,  el lobby infernal criollo sobre el gobierno se lanzó y no se detendrá. Como no se detendrá el lobby para abrir rápidamente la economía y terminar con la cuarentena. Como quiso hacer una banda de supremacistas blancos al intentar tomar armas en mano la sede del gobierno en Michigan. Porque está en la naturaleza de rapiña del capital concentrado argentino y su corporación mediática, que es el estado mayor de la línea defensiva de esos intereses, edificando un sentido común de solidaridad ficticia entre el pobre y el rico sobre la cabeza de los ciudadanos: algunos son inocentes, otros partícipes del odio y la grieta donde nunca se salda la historia a favor de los que menos tienen. Es interesante ver el siguiente cuadro:

Impuesto a las riquezas en Europa y América latina

cuadro cycFuente: Cepa (Julia Strada, Magdalena Rua y Lucio Garriga Olmo). Publicado en El Cohete a la Luna.

Tal vez para neutralizar la ofensiva de los buitres y sus medios, el péndulo se movió al revés: avanzaba un pacto de la central sindical y la central industrial UIA-CGT para recortar un cuarto del salario de trabajadores suspendidos por la crisis. Como señaló Alfredo Zaiat, el mejor periodista económico de la Argentina: “En este contexto de crisis global y de reacción rápida e intensa del Gobierno para amortiguar los costos ineludibles de la pandemia, irrumpió un acuerdo UIA-CGT a contramano de lo construido en esta emergencia. Cuando empieza a girar el inmenso dispositivo de protección social, laboral y económica, se anuncia un inoportuno pacto, con el aval oficial, de reducción del 25 por ciento retroactivo a abril para miles de trabajadores y trabajadoras suspendidas. El Gobierno tiene la oportunidad de corregir ese desvío impropio del sendero colectivo que la sociedad está transitando”. Porque la crisis producida por la pandemia no es, como señala el economista paquistaní Umair Haque, de la Bussines School of London, sólo un aumento en el desempleo, “es un tsunami histórico. Nunca antes habíamos visto cifras tan veloces y catastróficas. Nunca antes. Ni durante las recientes crisis financieras, ni durante las guerras, ni siquiera durante la Gran Depresión. Estamos viviendo una catástrofe que no tiene precedentes y que no tiene paralelo. La razón por la cual esta catástrofe se está multiplicando y acelerando, arrasando la economía, es que la respuesta a la misma fue lamentablemente inadecuada. Al ver los efectos de una pandemia (encierro, cuarentena, una sociedad entera que se queda efectivamente en casa), cualquier buena economía (y no hay muchas de esas alrededor) exigía un estímulo a la misma escala que la catástrofe: histórica, masiva, sin precedentes. Esto es lo único que tiene sentido: si la crisis no tiene paralelo en la historia, entonces la respuesta también debe ser así. Pero lo que el gobierno estadounidense, bajo Trump, produjo, fue algo tan débil e inadecuado como para se le pueda creer. No digo eso para causar un efecto determinado. El estímulo que se aprobó fue el equivalente a apoyar tanto a las empresas como a los hogares durante solo una semana. Y sin embargo, ya ha pasado un mes. El estímulo fue como tratar de detener un tsunami con un muro de un solo ladrillo, o un incendio con una pistola de agua”. Se trata, entonces, de apostar al pleno de la producción. Se trata de ver que el mundo ya no será igual luego de la pandemia. Se trata de que el megacapital o el tecnocapital como el de Jeff Bezos, el más rico del mundo, dueño de Amazon, esté viviendo su momento de gloria. Y es posible que el trabajo y la producción como lo conocemos desaparezcan. Se trata, al final, de si una nueva era de hielo sobrevendrá –como muestra la película The Day after Tomorow (2004) de Roland Emmerich– que la historia termina bien. Que no baste con salvar del incendio con que se calientan los personajes a la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso de la humanidad, sino los vínculos de amor social y de solidaridad internacional para no someterse al coronavirus ni al ogro depredador del mundo. Porque, como dice Haque: “El futuro arde en llamas todos los días, minutos y segundos ahora. A medida que la onda expansiva de esta catástrofe se acelera, a los desastres se les agregan líderes incompetentes, ideologías fallidas, políticos débiles y demagogos sociópatas. Hay una lección en eso. Tal vez no para los estadounidenses, para quienes creo que ya es demasiado tarde, sino para el mundo”.

Fuente: María Seoane para https://carasycaretas.org.ar/  

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