“Hay que desterrar en los padres la falsa creencia de la importancia de los tres primeros años de vida y que si sucede algún daño en ese período es irreparable”, sostuvo la doctora en Psicología y neurocientífica Julia Hermida, quien así va contra corriente de lo que ella considera “una falsa creencia o neuro-mito”. Asimismo, la especialista remarcó que “está estudiado que los profesores mejores pagos son los que están logrando más altos niveles cognitivos en los alumnos”.

En una entrevista con Noticias Argentinas, la becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) afirmó que “si un niño no recibió cariño, comida y educación en ese período, no queda imposibilitado porque cuenta con la capacidad biológica de recuperarlo”.

“El cerebro es plástico toda la vida: adentro se forman nuevas conexiones y por eso la persona tiene la capacidad biológica de recuperar a cualquier edad”, explicó Hermida.

Y agregó: “Por eso existe la educación de adultos y lo vemos en la gente mayor que tienen el ‘hardware’, la posibilidad biológica de aprender, manejar una computadora, las redes sociales”.

Consultada sobre cómo los niños que viven en contextos de pobreza y falta de oportunidades educativas pueden revertir su destino, la neurocientífica señaló que “es cierto que la pobreza trae falta de oportunidades, dificultades para llegar a la escuela, que no es bueno para el desarrollo infantil, pero no da una condición de irreversibilidad”.

“Por supuesto que la condiciones sociales y económicas promueven o desalientan las oportunidades de aprendizaje, producen daños, pero existe la falsa creencia o neuro-mito que si no las tuviste quedás imposibilitado de por vida”, manifestó Hermida.

Al respecto, llamó a “desmitificar que si naciste en un contexto pobre, con padres pobres, no podés llegar a la universidad: toda la vida podés recuperar los niveles perdidos, no hay nada biológico que lo impida”.

La doctora en Psicología también apuntó a la “meritocracia como un neuro-mito o falacia del destino por la condición socioeconómica en los primeros años de vida”.

“Existe la idea de la meritocracia que cuando uno es pobre en la infancia, tiene menos oportunidades, está signado por la pobreza, y no llegan sino hacen el esfuerzo de los ricos. Desde las neurociencias hay estudios que van en contra de la meritocracia”, indicó.

Efecto de la pobreza

Asimismo, Hermida apuntó que la pobreza “puede restar oportunidades pero no inhabilita a las personas en forma permanente, produce daños, pero no son irreversibles”.

Acerca de si las huelgas docentes producen pérdidas irrecuperables de contenidos en los alumnos, consideró que “es un argumento científicamente muy pobre, y tampoco se dan contenidos en las vacaciones, por enfermedades largas y por otras razones”.

“Lo que si está estudiado es que los profesores mejores pagos son los que están logrando más altos niveles cognitivos en los alumnos”, subrayó la neurocientífica.

En cuanto a los docentes y la neurociencia, la becaria del Conicet se mostró crítica con la postura de los educadores: “Es un ámbito de resistencia, porque creen que venimos con un discurso biologista, pero en realidad el docente que hace neurociencia está más cerca del discurso constructivista y más con la base biológica y el ambiente”.

Seis de cada diez niños pueden presentar un soplo inocente en alguna etapa de su crecimiento, aunque éstos suelen desaparecer por sí solos a medida que el chico va creciendo y no suponen ningún riesgo para la salud.

Así lo destacó la pediatra Carina Maciá, quien aseguró que “es frecuente que en alguna consulta con el pediatra de cabecera, o un médico de guardia, se reconozca en el niño un soplo cardíaco”.

En ese sentido, Maciá admitió que la situación “puede generar angustia en los padres y preguntas tales como: ¿Se trata de algo grave?, ¿Cómo no se detectó antes?”.

“Por medio de un estetoscopio, el médico escucha los sonidos del corazón, para evaluar su estado. Cuando hay un soplo cardíaco se produce un sonido extra; la mayoría de los soplos no deben ser motivo de preocupación y no repercuten sobre la salud del niño”, detalló la especialista.

Maciá comentó que, en ocasiones, “son solo el resultado de un flujo sanguíneo normal que circula por un corazón saludable con más velocidad (soplo funcional o inocente)”.

“Estos son frecuentes, 6 de cada 10 niños pueden presentar un soplo inocente en alguna etapa de su crecimiento. En algunos casos se produce por fiebre, deshidratación o anemia que hacen que el corazón lata más rápido y por lo tanto genere más ruido. Suelen desaparecer por sí solos conforme el niño va creciendo y no suponen ningún riesgo para la salud”, añadió.

La especialista dijo que, en otros casos, “un soplo puede indicar una alteración en la estructura del corazón que puede ser de nacimiento o adquirida (soplos orgánicos)”.

“Esto se produce por el pasaje de sangre por pequeñas comunicaciones que persisten luego del nacimiento o por válvulas que están más estrechas. Los soplos orgánicos son infrecuentes”, manifestó.

Fuente: Laura Hojman para http://www.ellitoral.com/

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