Juan Carlos Del Bello: el hacedor de instituciones de ciencia, tecnología y educación en Argentina. Caminando por la costanera en Viedma, el pasado 20 de julio/21, Del Bello sufrió un ataque cardíaco y murió a los 70 años; rector de la Universidad Nacional de Río Negro, desde su creación y normalizador de la casa de altos estudios desde la propuesta de su fundación.

Juan Carlos Del Bello fue una de las personas que más aportes ha realizado a la gestación y modernización de las políticas y la institucionalidad de la ciencia, la tecnología y del sistema universitario de Argentina en los últimos 30 años. Artífice de la Secretaría de Políticas Universitarias de la Argentina; autor de la Ley de Educación Superior; impulsor de la CONEAU; creador del Programa de Incentivo a los Docentes Investigadores; del Fondo para el Mejoramiento de la Calidad y del Sistema de Información Universitaria; de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica; del Fondo Tecnológico Argentino; del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica; del primer Plan Plurianual de Ciencia y Tecnología de la democracia; democratizador del sistema de gobernanza del CONICET; férreo defensor de la creación de universidades; y, finalmente, artífice y creador de la Universidad Nacional de Río Negro, quizás el desafío más importante de su carrera y en el que utilizó sus capacidades y la experiencia acumuladas durante décadas.

Siempre en su paso por la función pública fue notoria su capacidad de trabajo, de ejecutividad y de vocación transformadora en pos de modernizar tanto las instituciones como las políticas públicas. Buscó mejorar la calidad de la ciencia para que esté al servicio del desarrollo tecno-productivo y social, impulsando instrumentos de políticas para alcanzar parámetros de excelencia académica y diseñando instrumentos de política y modelos de gobernanza que fomenten la transferencia, la extensión, la innovación y el desarrollo. Del Bello impulsó una mayor coherencia entre las instituciones del complejo de ciencia, tecnología y educación superior con los ministerios sectoriales. Para él el papel de planificación del Estado era central y estratégico así como la articulación con el sector productivo para solucionar los grandes problemas del país y de cada región. Siempre respetó los aportes de todas las áreas del conocimiento a la solución de los grandes desafíos de la Argentina y buscó la articulación y la sinergia entre la función de docencia y la de investigación, transferencia y extensión. Sinergia que abonó consultando a especialistas, sin importar su ideología. Tuvo una mirada federal y buscó desconcentrar los recursos humanos y las instituciones de CyT y educación superior hacia el “interior profundo”. En todas las instituciones en las que se desempeñó se destacó por su gran capacidad de conseguir recursos para poder realizar las transformaciones que proyectaba. En un país donde la inercia de la burocracia es tan fuerte, esa tenacidad y ejecutividad para crear o reformar instituciones le valió algunas resistencias. El tiempo ha demostrado la pertinencia de las innovaciones institucionales que propuso y ejecutó. Muchos de los actores que en su momento se opusieron a algunas de sus iniciativas, hoy han resignificado esas discusiones y revalorizado el rol que Del Bello tuvo en la modernización del sistema universitario y de Ciencia y Técnica. Como estudioso detallista de esos campos, formó a muchos becarios/as, investigadores/as y expertos/as que hoy ocupan cargos en ese tipo de instituciones en todo el país. Muchas de esas personas, entre las cuales me incluyo, contábamos con él para seguir construyendo a través del desarrollo científico y tecnológico un mejor país, con más derechos y más igualdad social. Era fuente de consulta permanente en estos temas, incluso más allá de las fronteras de Argentina, y siempre respondía con lucidez y debatía con pasión.

Seguramente sus ideas innovadoras y los valores vinculados al papel de la ciencia en el desarrollo tecno-productivo y social y la educación pública y de calidad como mecanismo de ascenso social seguirán en las instituciones y políticas públicas que creó y las personas que formó.

Fuente: Diego Aguiar, investigador adjunto del CONICET, vicerrector de la Sede Andina la UNRN, Director del Doctorado de la UNRN, mención en Ciencias Sociales y Humanidades, y del Programa de Desarrollo, Política y Gestión de la CTI del Instituto de Estudios en Ciencia, Tecnología, Cultura y Desarrollo (CITECDE), para www.pagina12.com.ar 

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