El mundo cruje, está convulsionado. Pareciera que un sismo lento pero poderoso lo
viene sacudiendo. Algunos indicadores de esa situación desafían a la ciencia política a
convocar nuevos paradigmas. Mientras tanto, la realidad se acelera. Angela Merkel , de
un liderazgo sustancial en el tablero de la política mundial acaba de anunciar su retiro
de la política. El fenómeno de Donald Trump , que encara un proceso electoral del que
se presume saldrá airoso. El batacazo de Bolsonaro que pasó de ser un simple diputado
a presidente de Brasil. Allí es donde los cientistas de la política y los políticos tendrán la
última palabra. Frente a ese escenario cabe preguntarse ¿qué debemos hacer los que
tenemos responsabilidad de gestión estatal, en cualquier nivel?
Es muy simple, y tan lejano a ese gran escenario, como lo cercano que puede resultar, si
la convulsión se sigue expandiendo: Redoblar los esfuerzos para mejorar la eficiencia,
multiplicar nuestros presupuestos desde la lógica del “despilfarro cero” y mostrar en los
hechos resultados. En tiempos de análisis y debate del presupuesto nacional, debe
señalarse, que si bien es fundamental y clave que la educación tiene en el mismo, todos
los actores de la educativos deberíamos preguntarnos, si más allá de los valores
numéricos y la asignación de partidas, no es hora de debatir ¿como multiplicar los
recursos?. Pero no en términos de aumentos de inversión, sino de mejora del
rendimiento de los mismos.
Para despejar una primera duda, hay que señalar que respecto de la cuestión
presupuestaria, hay que subrayar, que más allá de la lógica puja distributiva, este año, se
ha trabajado bien desde el Ministerio de Educación y se logró que casi la totalidad de los
gremios firmaran la paritaria. Además, hay una previsión de aumento del 32% para año
próximo, con una paritaria del 25%, lo que da un margen para amortiguar impactos
inflacionarios, y en caso de ser necesarias ampliaciones, se trate de encarar la mismas,
como una dificultad de una magnitud, “manejable”.
En los países que han logrado un desarrollo sostenido en el tiempo, no hay experiencias
de recortes a la universidad: es un dato. El otro dato es que siempre el dinero que se
cuenta para la educación parece escaso, por lo tanto debemos esforzarnos, para que ese
dinero rinda lo más posible. Por ejemplo, nosotros tenemos un no docente cada 88
estudiantes, y nuestra experiencia puede servir a otros para que pueda ser de utilidad
porque no hay universidad en la Argentina que tenga ese coeficiente. Llegó la hora de
que todos los integrantes de la vida educativa, debatamos abiertamente estos desafíos,
en un debate en el que el foco no sea poner en el gobierno toda la responsabilidad, ni
intentando solucionar un desfinanciamiento evitable con más recursos. No sirve pensar
ni recortar en la universidad, pero si la Argentina necesita hacer un recorte, el recorte
debería ser en todas las áreas de la inversión y el gasto y no solamente sobre la
universidad.
A todo lo bueno que tiene la Universidad Pública, hay que sumarle de diferentes
experiencia locales y agregarle algunas cosas que observamos en el extranjero y
compatibilizarlas para tener una universidad de excelencia y un buen nivel académico
donde hay una concurrencia de los profesores, fundamentalmente los titulares, a dar
clases. Donde se exija una asistencia mínima para poder cursar las materias. Los
exámenes deben ser de rigor y con exigencia académica, buscando la excelencia. Cuando
hablamos de excelencia hay que tener en cuenta que la educación tiene 3 funciones
básicas: la extensión, la investigación y la vida académica. Tal vez lo que más importante
es la vida académica. La cuestión más trascendente es que en la universidad pública se
reciben un promedio 35% de jóvenes; en la universidad privada una cifra similar.
Mientras que en nuestra universidad se reciben el 55%, de los cuales el 94% provienen
de familias que no tienen ningún antecedente de formación universitaria. Entonces
vienen con algunas limitaciones que es difícil comprender y los chicos con gran esfuerzo
y mucha dedicación, pueden terminar. En primero y segundo año la deserción es del
15%. Es habitual en las búsquedas laborales, las empresas prefieren egresados de la
Universidad de la Matanza. En la Argentina, se entregan 16 becas Fullbright, que es una
entidad internacional que beca a jóvenes para que estudien la misma carrera en idioma
inglés, en el extranjero. La UnLam de esas 16 tiene 11.
Si este debate prospera, ninguna convulsión ni ola de sucesos políticos inesperados y no
deseables tendrá lugar en nuestra Argentina.
Fuente: Daniel Martínez, rector de la Universidad Nacional de la Matanza, para

https://www.unlam.edu.ar/

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