«Borges. Los pueblos bárbaros», es el nuevo libro del sociólogo Horacio González, quien lo presentó en la Feria del Libro que acaba de terminar en la Rural de Palermo. Se trata de un conjunto de ensayos en los que el intelectual plantea una suerte de «asamblea plural» sobre el enorme autor de «El Aleph» y «Ficciones», cuyos textos siguen sorprendiendo.  


González junto a María Pia López y Juan Laxagueborde.

“Borges es un desvalijador metódico de la historia cultural universal”, escribe Horacio González en Borges. Los pueblos bárbaros (Colihue), un conjunto de ensayos que presentó en la 45° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires junto a María Pía López y Juan Laxagueborde. El libro –agrega el autor en el prólogo– “está condenado a repetir tantísimas de las cosas que se han escrito sobre Borges”. López, la primera en poner en juego distintas interpretaciones, planteó que Horacio “piensa en contra del Borges de (Adolfo) Bioy (Casares), construido con ínfulas de señorito entre personas que se burlan de las mismas cosas, hacen chistes contra los inmigrantes y desprecian a los bárbaros”. Para la socióloga y escritora, el texto de González articula “otro tipo de interlocución que parte de lo disímil; es una especie de asamblea plural”. 

López reflexionó acerca de uno los ensayos que subtitula el libro, “Los pueblos bárbaros”, porque encuentra una gran hipótesis que formula González en esas páginas. “Borges, que piensa mucho sobre la barbarie en El informe Brodie, se pone de ese lado y piensa desde los bárbaros; pero cuando aparecen los pueblos bárbaros movilizados, los peronistas, a Borges se le acaba toda comprensión y construye textos injuriantes como ‘El simulacro’ o ‘La fiesta del monstruo’, con una lengua de remiendos bruscamente cosidos y de la cual podemos reír con desgano”, explicó la socióloga y advirtió que cuando el autor de El Aleph habla de la conciencia lo hace con una figura “muy inquietante” que aparece en el cuento “Deutsches Requiem”, sobre un oficial nazi que confiesa haber torturado a un poeta judío. “Borges logra narrar la conciencia del oficial nazi. Cuando comprendemos, nos volvemos un poco nazis. Borges, en ese cuento, piensa como si fuera un nazi, y decir eso es arriesgado”, admitió la socióloga y ponderó el hecho de que Borges haya dejado una literatura contra el orden que puede ser leída desde los pueblos bárbaros. López propuso “volver a leer a Borges desde una experiencia plebeya que nos redima a los otres”. 

Laxagueborde reconoció que nunca se atreve a conjeturar de qué tratan los libros de González como Restos pampeanos o La crisálida, entre otros de los ensayos editados por Colihue. “Todo género es en su decadencia barroco; hay algo de lo agónico en lo barroco y Borges tiene algo de barroco en su forma alquímica de devenir cuestiones que parecen agotadas”, aseguró el sociólogo y ensayista. El método asambleario de González es “profundamente democrático” y destacó la capacidad del ex director de la Biblioteca Nacional para no caer en el “anecdotario” acerca de Borges. Laxagueborde recordó que el joven Horacio alguna vez interrumpió las clases de Borges. “Él ahora lo piensa como algo patético, pero no tener conciencia de quién era Borges era la única posibilidad de tener conciencia revolucionaria”, interpretó con desenfado el editor de la revista cultural Mancilla.

González se preguntó por qué añadir un eslabón más en la cadena de lo que se escribió sobre Borges. Tal vez la mejor respuesta la encontró en un “gesto” del propio autor de Ficciones, que modifica continuamente frases de los demás “con la esperanza de mejorarlas” en un libro que el propio autor definió como “dispar”. El escritor y ensayista, actual director de la filial argentina de Fondo de Cultura Económica (FCE), se detuvo en la “secreta influencia” de Borges sobre David Viñas, un Viñas que sí encontraba en Rodolfo Walsh la influencia borgeana. “Esto es tan bueno que sería un crimen no plagiarlo”. La famosa frase de Borges le permitió rastrear la cuestión de la relación del autor de Historia universal de la infamia con los medios de comunicación, los textos que escribió en el diario Clarín o los programas de televisión a los que asistía como invitado. “Si lo hubieran llamado de Intratables, Borges habría ido”, dijo González y precisó que “las más toscas opiniones políticas están casi todas negadas en su obra”. El interrogante final quedó rebotando en el aire. 

“¿Cuánto durará Borges? Es difícil saberlo, es el que más duró  –aventuró González–. ¿Cuándo se olvidará? En algún momento ocurrirá. La gente de mi edad dice esto no lo vamos a ver, pero yo quisiera verlo”.

Fuente: Silvina Friera para www.pagina12.com.ar

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