Nació en Monteros, Tucumán, el 25 de marzo de 1926;  maestro rural desde muy joven, llegó a dirigir la Agremiación de Trabajadores de la Educación Provincial (ATEP), y desde allí impulsó la unidad de todos los gremios, principalmente con la FOTIA de Atilio Santillán. Fue protagonista del proceso que llevaría a la fundación de CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina), de la que fue su Secretario General Adjunto.

Llegó a la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales en momentos difíciles. Recibió un gremio empobrecido, con docentes sumergidos económicamente y menospreciados socialmente. Se dio la tarea de canalizar la rebeldía latente en el gremio y orientó la acción hacia conquistas ciertas y verdaderas. 

La huelga de 1958 fue una prueba de fuego. La lucha fue ardua pero fructífera ya que logró la unidad de la docencia, simentada en la confianza con la que el magisterio apoyó su accionar. Se luchaba por la enseñanza laica y libre, por la equiparación salarial de los maestros provinciales con los nacionales. 
Su accionar estuvo dirigido a mejorar la legislación en educación. 
…Y lo logró: 
– Se crearon las juntas de clasificación con representación docente 
– Régimen de licencia. 
– Bonificación por zona. 
– Bonificación por antigüedad.

Se lanzó de lleno a consolidar la ATEP, convirtiéndola en una de las organizaciones gremiales más sólidas del país, ganándose el respeto y la admiración de muchos otros gremios. Forjador de Organizaciones Confederales como C.G.E.R.A. que luego integraría el Acuerdo de Nucleamiento Docentes (1970), paso previo a la constitución de la futura CTERA, de cuya Junta Ejecutiva fue el primer Secretario Adjunto. 
Arancibia no se limitó a ser sólo gremialista, fue un luchador social y, como tal , trabajó junto a los obreros tucumanos del azúcar por sus reivindicaciones. La defensa de los derechos humanos también lo tuvo como protagonista. En junio de 1975 contribuye activamente a la formación de una Comisión de Derechos Humanos, que luego se plasmará en la ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS, cuya mesa integró. 
Tenía gran fe en la educación como formadora de valores esenciales. Pensaba que era imprescindible darle un impulso renovador, tranformador y creador. La Escuela Pública Argentina tuvo en él un defensor inclaudicable que luchó contra la injusticia y el privilegio. Y los docentes, un ejemplo permanente de coraje y consecuencia en la organización de los trabajadores.

Isauro sabía que lo consideraban “peligroso” y había sido amenazado por la Triple A.
“Francisco Isauro Arancibia ya te advertimos una vez lobo disfrazado de oveja, están sentenciado a muerte: serás ejecutado como todos los extremistas. Te damos la última oportunidad: debes desaparecer antes del 1 de marzo cuando terminemos en Córdoba se inicia la etapa final en Tucumán. ‘Adiós guerrillero’ A.A.A.”.

Francisco Isauro y Arturo René Arancibia, su hermano, fueron asesinados el 24 de marzo de 1976 por personal civil y policial en el local de la Agremiación de Educadores de la Provincia (A.T.E.P.) donde residían.
Con dos escopetas de caza, resistieron y dieron muerte a uno de los asesinos, cayendo ellos después. El cuerpo de Isauro Arancibia tenía más de cien balazos.

Fue maestro y, como tal, una expresión cabal de reciedumbre moral, de aguda percepción del tiempo que nos toca vivir, de coraje cívico, de una inquebrantable voluntad para luchar y de una gran sensibilidad para comprender los problemas sociales.

En su homenaje, una decena de escuelas argentinas llevan su nombre, al igual que el auditorio de la Central de los Trabajadores Argentinos y diversas agrupaciones sindicales docentes. El documental “Maestros del viento” relata su vida, al igual que el libro “La oruga sobre el pizarrón”, del escritor tucumano Eduardo Rosenzvaig.

 Fuente: http://www.lacolumnavertebral.com.ar/(relato tomado del muro de Inés Constenla)

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