Estrenada en noviembre de 1988, la historia de Giuseppe Tornatore sobre la figura de un padre ausente, el primer amor que no pudo ser y el dejar todo atrás para madurar —todo bajo un cine de pueblo y la música de Ennio y Andrea Morricone—, logró el éxito en occidente, al punto de ganar un premio Oscar.

El arte en base a la nostalgia no es algo del último tiempo. Vamos a la década del ’80. En 1984, Queen lanzaba “Radio Ga Ga”, primer sencillo de The Works. “Esperamos que nunca nos abandones, querida amiga / como todas las cosas buenas, de ti dependemos / Así que quédate / Porque te vamos a extrañar / cuando nos cansemos de todo lo visual”, dice parte de la letra escrita por Roger Taylor, baterista del entonces cuarteto. Su videoclip, en tanto, usa imágenes de Metropolis, película de Fritz Lang considerada como parte de Memoria del Mundo por la Unesco.

En paralelo, un director de cine italiano venía preparando un homenaje para el mundo que él pertenecía. Su nombre: Giuseppe Tornatore. ¿Algún motivo? Desde joven trabajó como proyeccionista en los cines de Bagheria, pueblo donde nació. Así, a partir de 1977, comenzó a construir la historia de Cinema Paradiso.

El proyecto adquirió forma en la década del ’80. En él, su protagonista también era un proyeccionista, al cual llamó Salvatore (apodado Totó). La cinta tuvo finalmente su debut en las salas masivas el 17 de noviembre de 1988.

Pese a que no contó con una buena recepción de entrada, las reediciones le sirvieron a Tornatore para cosechar éxito, al punto de lograr un premio Oscar en 1990 a la mejor película extrajera. Siguiendo esa senda, una encuesta realizada por la BBC en 2018 (que contó con 209 críticos de cine), puso a Cinema Paradiso en el lugar 26 como la mejor película de habla no-inglesa.

“Entiendo que algunas de mis otras películas están eclipsadas por ella”, contó el director en una extensa entrevista con Huffington Post, “pero me encanta que la gente recuerde esta película y me recuerde por ella y por la película como especial. Puedo ir a cualquier país del mundo para promocionar mi nueva película, y siempre me preguntan sobre Cinema Paradiso, porque siempre es con mucho amor y afecto”.

Tal como mencionamos, la idea de Tornatore arrancó en 1977. Acá el relato de él mismo sobre la chispa que detonó Cinema Paradiso.

“Estuve involucrado con los cines de mi pueblo como proyeccionista. Ese otoño, cerraron uno de los teatros más antiguos que datan de principios de la década de 1930. El propietario decidió vender el edificio y tuvieron que limpiar todos los muebles, y básicamente limpiar y despojar el edificio. Me pidió que tomara lo que quisiera. Así que pasé tres o cuatro días allí, ayudando a limpiarlo … estaba tan sucio, tan mohoso, el olor, toda la atmósfera era tan triste. Se me ocurrió tomar esta atmósfera y ponerla en una historia”.

Así, durante la década del 80 el director entrevistó a proyeccionistas más viejos para conocer sus historias. Ese trabajo fue la base para escribir el guión.

Tras el estreno de su primer filme, Il camorrista (1986), es cuando vino una gran noticia para Giuseppe. “Después de terminar mi primera película, mi productor me dijo: ‘¿No tienes un proyecto apasionado? ¿Algo que te mueres por hacer?’. Y le conté toda la historia de Cinema Paradiso, allí mismo. Estaba tan conmovido que decidí hacerlo como mi segunda película”, recuerda el director.

“Siempre pensé que era algo que haría después de hacerme un nombre, tal vez como mi quinta o sexta película”, añade Tornatore.

Ya con la historia clara, el director pasó a definir a su elenco, el cual tuvo una mixtura: contó con actores italianos y otros franceses, estos últimos importantes en la historia. Philippe Noiret, Jacques Perrin y Brigitte Fossey fueron los escogidos para el caso. “Mi productor me preguntó un buen día ‘Si te vieras obligado a elegir un actor extranjero para el papel, ¿quién sería?”, le respondí que alguien como Philippe Noiret, porque vi a Alfredo y Toto como un oso y un ratoncito”, contó Tornatore.

El mismo Noiret, que años más tarde interpretó a Pablo Neruda en Il Postino (1994), fue uno de los más entusiasmados en formar parte de Cinema Paradiso. Pese a tener cuatro proyectos en carpeta a los que estaba amarrado, se convenció al leer el guión de la historia. “Días después, (Noiret) llamó de vuelta, dijo que estaba enamorado del guión y que si podíamos liberarlo de uno de estos cuatro contratos, podría hacer la película. Y dijo: ‘Interpretaré a cualquier personaje de esta película que quieras, incluso al niño’”, recuerda el director italiano.

Por otro lado, había que escoger al eterno “ratoncito”, que estaba marcado por tres etapas. Así Salvatore Cascio tomó el rol de Totó durante su niñez, Marco Leonardi hizo lo propio en la juventud del protagonista y el ya mencionado Perrin lo representó en su adultez.

Ya con gran parte de la base actoral definida, había que establecer el espacio de la historia. Si bien todo lo sucedido se desarrolla en el pueblo de Giancaldo -creado para Cinema Paradiso-, los lugares escogidos fueron la localidad de Palazzo Adriano y Bagheria, además de Roma para escenas puntuales..

Uno de los grandes puntos de la película es la cantidad de elementos relacionados entre sí. Algunos como el corte de cintas que contenían besos -orden dictaminada por el padre Adelfio- son transformados mágicamente hacia el final de la película, que repercuten más aún en el protagonista que perdió al amor de su vida, Elena.

Pero no solo de ella se trata. Ese momento también sirve de despedida simbólica de Alfredo, su amigo, pero más que eso: es quien toma el rol de la figura paternal ausente. Los consejos constantes del proyeccionista del cine del pueblo marcaron también los pasos de Salvatore, como es el caso de la historia del soldado y la princesa. De hecho, conocía tan bien a su “hijo” que sabía qué pasaba por su cabeza y corazón pese a haber perdido la visión.

Elena, además de ser el amor de Totó, es junto a Alfredo el detonante de los cambios radicales del protagonista. De no ser por ella y por la pena que genera en Salvatore su partida, este no habría migrado de Giancaldo a Roma, no habría sido el gran director de cine que fue ni mucho menos habría crecido como persona.

“Cada uno de nosotros debe seguir su estrella. Márchate. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Debes ausentarte mucho tiempo, muchos años, para encontrar a tu vuelta a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo (…) Márchate. Regresa a Roma. Eres joven, el mundo es tuyo. Yo ya soy viejo. No quiero oírte más ni quiero oír hablar de ti”.

El pueblo y sus personajes, que permanecen hasta el día del derrumbe de la construcción del Cinema Paradiso (incluyendo al vagabundo que decía ser dueño de la plaza), también son otro punto a destacar. La figura del vecino del barrio se ve reflejada en esos rostros. Por lo mismo, la demolición del cine tras el fallecimiento de Alfredo no es solo la muerte de él, sino de todos, incluso del espectador (en una forma simbólica, claro está).

“No sería la misma película sin la música de Ennio”, aseguró Tornatore a Huffington Post, añadiendo que “fue uno de los grandes milagros de mi vida profesional”. Y la verdad es que parece imposible imaginar Cinema Paradiso sin el trabajo de Morricone.

Un ejercicio simple: vamos a YouTube y tipeamos “Cinema Paradiso” en el buscador. Tanto en los videos asociados a la película como en los que contienen su banda sonora, los comentarios, en distintos idiomas, concentran las loas al compositor tras el spaghetti western.

Y no es menor, considerando que Morricone venía de trabajar en bandas sonoras de gran calidad, como lo fueron Érase una vez en América (1984) y La misión (1986).

Eso sí, hay que hacer una salvedad, que se remarca en los primeros minutos de la película: el “Tema de amor” de esta película no está compuesto por Ennio Morricone, sino por su hijo Andrea.

“Ennio no es solo un gran músico, sino que tiene una de las personalidades más abordables. Él trabaja contigo no como un artista temperamental, sino como un carpintero. Es como si pudiera decirle ‘Ennio, necesito una mesa con seis patas’. Él diría ‘Claro’ y yo tendría la mesa de seis patas más hermosa y perfecta del planeta”, cuenta Tornatore. “Cuando trabajas con Ennio, sabes que puedes confiar en él por completo y que él se entrega a sí mismo y a su talento. Es completamente accesible, un verdadero colaborador”, añade el director, recordando que muchas veces Morricone comenzaba de nuevo algunas partituras que no recibían su aprobación.

En su autobiografía En busca de aquel sonido, el compositor asegura que con el director “hemos trabado una gran amistad y, cuando se crea una relación así, yo me siento estimulado también en el trabajo. Tornatore es un autor competente, detallista, de una enorme versatilidad. Y sí, lo diré, a mí sus películas siempre me han entusiasmado (…) Peppuccio y yo nos entendemos perfectamente”.

Pese a que la película ganó un premio Oscar, el apartado de la banda sonora ni siquiera apareció nominado en la ceremonia de la Academia. En la premiación de 1990 tanto las categorías Mejor canción como Mejor soundtrack se los llevó La sirenita, música en la que trabajó el estadounidense Alan Menken.

Tanto la canción principal como el “Tema de amor” de Cinema Paradiso han sido tocados por otros artistas. Algunos de ellos son:

Pat Metheny

Yo-Yo Ma

Andrea Bocelli

Chris Botti

Itzhak Perlman

No son pocos los elementos que ya hemos mencionado. Seguramente para quien vio la película esos puntos son garantía de una gran historia. Sin embargo el éxito fue esquivo en las primeras exhibiciones que tuvo Cinema Paradiso.

La primera versión que Giuseppe Tornatore tenía en mente duraba más de dos horas y media. La crítica la despedazó y al director le sugirieron acortar la cinta (decisión que llevó a sacar a Brigitte Fossey de la segunda versión). Sin embargo, el panorama desolador para la obra que tanto quiso materializar “Peppuccio” se mantenía. Eso hasta que dio un paso fuera de Italia.

Cannes 1989 fue el punto de inflexión para Cinema Paradiso. En el festival francés el filme se llevó el Gran Premio del Jurado. “Una vez que tuvo éxito, muchas de las personas en la prensa que la despellejaron vieron esta historia alternativa. Ahí aseguraron que la versión larga era terrible y que la película se salvó al reducirla a dos horas. No es verdad. Es como la frase de The Man Who Shot Liberty Valance: ‘Cuando la leyenda reemplaza a la verdad, imprime la leyenda’”, rememora Tornatore.

Tras el éxito que vino para realizador italiano y compañía por la versión acortada, llegaron los reconocimientos tangibles para Cinema Paradiso. Tanto en los Globos de Oro como en los premios Oscar la cinta se adjudicó la categoría Mejor película extranjera. Además, se quedó con cinco premios BAFTA, incluyendo uno para Ennio Morricone y su hijo por la banda sonora.

Con motivo de los 30 años del lanzamiento de la película (usando como referencia el metraje internacional), es que en agosto de este año se realizó el primer Paradiso Filmfest. El evento, que tuvo como sede la localidad Palazzo Adriano y organizado por el mismo municipio, tuvo como eje la creación de Giuseppe Tornatore. Marco Leonardi, quien interpretó a Totó en su juventud, y Agnese Nano, que realizó el papel de Elena, fueron sus invitados estelares.

Además de la exhibición de la película en su edición original, la instancia tuvo espacio para la muestra de cintas independientes con énfasis en “temas de migración e igualdad”, según destacan en el sitio web del Paradiso Filmfest.

Los shows musicales y artísticos también fueron parte de la parrilla de contenidos.

Su éxito fue tal que ya anunciaron la segunda edición para el próximo año, desde el 27 de julio al 2 de agosto.

Imagen: paradisofilmfest.com.

En junio de 2017, el periodista Diego Parra junto al realizador Alex Utreras viajaron a la IX región, específicamente a Capitán Pastene. Ahí conocieron la historia de René Viani Castagnoli y su familia (Viani-Almazábal), quienes preservan uno de los cines más antiguos de Chile: Cinema Pastene.

“Al dar los primeros pasos dentro sientes que retrocedes casi un siglo. El olor a madera, el crujir del suelo, las butacas originales y el aire. Ese polvo que ves suspendido en el aire te hace pensar que lleva generaciones ahí encerrado y lo más mágico es que todo funciona”, cuenta Utreras a Culto.

Construido en 1910 bajo el nombre de Teatro Rex, el recinto sirvió de encuentro para los habitantes de la localidad. Al igual que Totó, René trabajó como proyeccionista junto a su padre y, con el paso de los años, terminó laburando solo.

La llegada de la televisión y la mala conectividad de la zona, que imposibilitaba traer con facilidad cintas al recinto, mermaron la asistencia de público al Teatro, que cerró en la década del ’70. Y así permaneció hasta el 2007, año en que se reabrió, aunque el resurgir vino dos años más tarde, cuando los Viani-Almazábal se adjudicaron un concurso Capital Semilla. Con lo obtenido, financiaron parte de la renovación a la construcción de Avenida Cucci Boasso. René decidió rebautizarlo como Cinema Pastene, en honor, precisamente, a Cinema Paradiso.

“La única entretención de ese pueblo era el cine y acá era lo mismo, la única entretención era el Teatro. Todos los cabros de mi generación que vieron esta película me decían ‘es la historia de tu papá, del teatro, del pueblo’. Realmente daba la impresión que Tornatore vino a Pastene a inspirarse para hacer la película, porque es la historia de este cine”, contó el dueño del histórico Cinema Pastene a Parra y Utreras.


Antes de finalizar, un dato no menor: el proyeccionista que aparece en la última escena de la película es precisamente Giuseppe Tornatore. Todos esos trozos que el padre Adelfio pedía cortar, que Alfredo guardó para armar una película a Totó, fueron reproducidas por el director en su filme.

“Cuando escribí la historia, cuando hice la película, no estaba pensando en la fama y la fortuna. La película no es producto de un cálculo. Fue el resultado de un sentimiento y descubrí después de tantos años que tanta gente ha sido tocada por él, diciéndome como tú que eran Toto. Me gusta decir que el mundo está poblado por una gran multitud de pequeños Totos, y eso es genial. Me encanta”, cierra su entrevista con Huffington Post la mente tras Cinema Paradiso.

“No regreses. No pienses en nosotros. No telefonees, no escribas. No te dejes engañar por la nostalgia. Olvídate de todos. Si no resistes y vuelves, no quiero que me veas. No te dejaré entrar en mi casa, ¿entendido? Hagas lo que hagas, ámalo como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño”.     

Fuente: Felipe Rojas parahttps://culto.latercera.com

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