El teatro es utilizado como un vehículo para el crecimiento personal de los profesores a través del psicodrama, la improvisación y la vivencia. Un testimonio que interesa a todos los docentes.

“La educación es una cuestión de construir puentes” (Ellison, 1963). Esta metáfora es bien conocida por los profesores, pues son ellos quienes construyen puentes de entendimiento con cada uno de sus alumnos, padres de familia y con otros docentes también. Su profesión les exige enfrentarse a un dinamismo constante que les demanda ser flexibles para adaptarse a la mística singular de cada aula, curso y escuela.

En respuesta a estas necesidades y desde mi experiencia como formador y actor amateur de teatro musical, participo en un proyecto que tiene como fin integrar en el aula la psicología y las artes escénicas. A través de un taller dirigido especialmente a educadores y formadores, los apoyamos a mejorar sustancialmente competencias profesionales relacionadas con la gestión del aula y su diversidad; el trabajo en equipo y la comunicación con las personas y grupos que conforman el ecosistema educativo; para lograr un mejor desempeño laboral.

El teatro es utilizado como un vehículo para el crecimiento personal a través del psicodrama, la improvisación o la vivencia. El teatro musical en particular, posee dos elementos indispensables: la música y la coreografía. En 2014, con mis primeras experiencias en teatro musical, experimenté su poder transformador como un medio para potenciar el pensamiento (la interpretación), las emociones (la música) y los comportamientos observables (la coreografía corporal).

En gran medida, la mejora de una competencia está relacionada con la transformación de conductas. Una competencia es la integración de conocimientos, habilidades, actitudes y valores, que permite a una persona desenvolverse de manera eficaz en diversos contextos. Mientras que una conducta es la convergencia de un pensamiento, una emoción y un comportamiento observable, en un momento y espacio determinado.

La propuesta que comparto en este artículo es un método innovador enfocado al desarrollo de habilidades docentes desde un modelo formativo experiencial. Para entender y aprender no es suficiente con que “alguien” nos describa “algo”. Esto lo sabemos perfectamente los profesionales de la docencia. Por ejemplo, no es lo mismo que nos describan el perfil Influyente del personaje de Tracy (musical “Hairspray”) que vivir –en cuerpo, mente y emoción– esa felicidad, esa positividad y esas ganas de luchar por conquistar su sueño.

Tampoco es igual de significativo que alguien nos cuente cuán Estable es el perfil de Amos (musical “Chicago”) que experimentar y sentir como propia, su actitud de amargura, su percepción de pasar desapercibido para los demás, como él mismo canta: “¿quién no se ha sentido alguna vez tan transparente…”.

La seguridad en uno mismo es fundamental para desarrollarse en cualquier ámbito, esa seguridad que derrocha la actriz Queen Latifah en el musical Chicago cuando interpreta “When you’re good to mama”: pensamiento, obra y emoción al servicio de su estilo Dominante.

Y sobre Mary Poppins, ¿cómo no amar su personaje? Siempre que la vemos en su afán de justicia, con elegancia y cordialidad, desde su estilo y perfil Controlador.

En el taller que imparto, cada educador además de descubrir su estilo de conducta predominante, por ejemplo: Dominante, Influyente, Estable o Controlador; también aprende a explorar y habitar en pensamiento, emoción y corporalidad el resto de los estilos de personalidad, con el fin de flexibilizar sus opciones de acción.

“La novedad nos da curiosidad, jugar nos conecta con nuestra esencia y la vivencia nos facilita la experiencia”

– José Mª Ordovás Pérez –

También proveemos de herramientas a los docentes para interpretar con mayor certeza lo que está sintiendo el otro y sintonizar con él o ella; así como también interpretar la mística y el carácter propio de un aula o un curso en particular. Cada grupo construye su propia identidad colectiva producto de la convivencia e interacción de la diversidad de personas. 

Paulo Coelho decía que, cuando entendemos lo que nos ocurre a nosotros mismos, podemos saber lo que le pasa a todo el mundo.

Demás está decir que el aprendizaje que se logra puede aplicarse también en reuniones con otros docentes, con padres de familia o llevarlo a diferentes entornos profesionales. Este aspecto colectivo es muy importante, y por ello, esta actividad pone especial acento en el trabajo con la voz (ritmo, tono, proyección, etc.), en la corporalidad frente al aula y en el carácter colectivo de la comunicación.

Para lograr un alto impacto neuronal, además del teatro musical, estas actividades están enmarcadas dentro del entorno del coaching, la Programación Neurolinguistica, el psicodrama y las artes escénicas.

Los educadores que dictan este taller consiguen:

  • Ampliar el rango de conducta: otros pensamientos, otras emociones y otra corporalidad.
  • Experimentar todos sus recursos de comunicación a través de las artes escénicas, a través de la voz, el cuerpo y la emoción.
  • Mejorar sustancialmente la autogestión personal y la sintonía individual y colectiva.
  • Incorporar pequeñas técnicas y herramientas para sacar y redirigir personas y grupos a estados más convenientes.
  • Disfrutar más, reconectando con la pasión de la vocación y con el arte de enseñar.

Si no tienes oportunidad de tomar el taller (ya que por ahora está diseñado solo en modalidad presencial) te comparto estos ejercicios que puedes realizar en tu práctica docente. 

  1. Con mirada de “psicólog@”, vea algunos de los musicales con más diversidad de personajes como Chicago, Mamma Mía o Hairspray e identifique el “estilo de conducta” de sus protagonistas. Identifique aquel que MENOS se parece a usted y elija uno de sus momentos musicales. Métase en su piel: sus pensamientos, sus emociones, sus movimientos, su corporalidad y trate de reproducirlo.
  2. Identifique una “escena” de su vida profesional (una clase, una reunión de padres, un claustro de profesores, etc.) en la que considere que debería adoptar el estilo de conducta de aquel personaje.
  3. Llegado el momento de la “escena” real, “piense” en el personaje y actúe, sin sobre-actuar.

Este proyecto tiene un importante recorrido en España. En los próximos meses se impartirá una sesión de demostración en la ciudad de Bogotá y posteriormente se extenderá a México y Perú. El lector interesado puede ampliar la información en la página www.liderbro.com o contactarme para dudas o comentarios.

Fuente: José Mª Ordovás, psicólogo por la Universidad Autónoma de Madrid y Jefe de Cuerda en la Fundación Orquesta Sinfónica de Chamartín, para https://observatorio.tec.mx

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