Archivo de la categoría ‘Lectura’

Rotación, por Manuel Vicent*

De Oriente llegaron las semillas, las especias, las frutas, los dioses, los magos, la pólvora, la tinta, la filosofía, la mística. Siguiendo la ruta del sol, de este a oeste, se han sucedido también los imperios con una deriva misteriosa que obedece a la rotación de la Tierra. Tuviera o no razón Toynbee sobre la génesis y decadencia de las civilizaciones, es evidente que los imperios nacen, crecen, se reproducen y mueren como cualquier... 

La ciencia en beneficio del árbol histórico de Mailín*

Investigadores intentan salvar al algarrobo que hace más de cuatrocientos años se encuentra en la Villa de Mailín, Santiago del Estero. Allí se erige el santuario en el que todos los años fieles de distintos lugares del mundo veneran la imagen del Señor de los Milagros. Crear un microclima a su alrededor, forestar con plantines hijos del árbol histórico y mejorar las condiciones ambientales, son algunas de las acciones propuestas para que... 

De cómo escribir la hora de los relojes*

La notación de la hora es uno de los temas que suscitan más dudas a los hispanohablantes, sobre todo en la era de la revolución digital, cuando los grandes centros exportan grafías novedosas que conquistan a muchos por su pretendida modernidad. La Real Academia Española expone en su sitio web las normas para escribir la hora en nuestra lengua.   Para expresar la hora se utiliza la serie de los números cardinales, de acuerdo con dos modelos... 

Prometeo, por Manuel Vicent*

Cada día hay más distancia entre los que saben mucho y los que saben poco, entre los que lo pueden todo y los que no pueden nada. Cada día son más los que obedecen ciegamente a unos pocos y es más profundo el vacío entre esos seres innombrables que ostentan el poder sin límite sobre nuestras vidas y la sociedad invertebrada que se mueve abajo como un ganado lanar. No obstante, existen unas reglas precisas para que la gente obedezca sin rebelarse,... 

Los amigos, por Oscar Wilde*

Elijo a mis amigos no por la piel u otro arquetipo cualquiera, pero si por sus pupilas.   Tienen que tener un brillo cuestionador y tonalidad inquietante.   No me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hàbitos.   Me quedo con aquellos que hacen de mì loco y santo.   De estos no quiero respuestas, quiero mi revès.   Que me traigan dudas y angustias y aguanten lo que hay de peor en mì.   Para eso, sòlo siendo locos.   Los quiero... 

Desnudos, por Manuel Vicent*

Hasta el más cateto sabe que debajo de una corona real, de un uniforme militar o diplomático, de una toga, de una mitra o de un fajín presidencial puede haber un imbécil, un bocazas o un mediocre, al que hay que soportar por la dignidad del cargo. Las altas instituciones del Estado anidan en palacios adornados con mármoles, sitiales, cornucopias, banderas, escudos, cortinajes y servidores entorchados, aparte de garitas, controles de policías... 

Negro ‘Ron’, por Manuel Vicent

La perra Linda murió este verano y está enterrada bajo un limonero cerca del mar. Su compañero de toda la vida, el negro Ron, no ha podido resistir su ausencia. Le bastaron dos meses de separación para que una mañana apareciera con todo el pelo blanco y acaba de morir de melancolía en la ciudad, lejos de su amiga. En medio de las tensiones políticas y de la tormenta económica por la que está atravesando ahora nuestro país, puede que estos... 

Cosmos, por Manuel Vicent*

Una vida humana, ochenta vueltas al sol, equivale a cien mil años geológicos. Estar vivos tan poco rato nos impide percibir los cambios que se dan en nuestro planeta. Esa aparente inmutabilidad de la naturaleza frente a la brevedad de la vida es la sensación que se obtiene, como una revelación cósmica, cuando se viaja a la Patagonia. Hace unos días anduve por allí contemplando ballenas, glaciares, cordilleras, lagos, desiertos, silencios minerales,... 

Aventuras del capitán Russell, por Fernando Savater

Supongamos que usted, amable lector, nació en España entre principios de los años treinta y finales de los cincuenta del pasado siglo. Y supongamos también que usted es una persona normal, sana e inteligente, es decir, que durante su infancia y adolescencia (que bien pudiera haberse prolongado en ese aspecto hasta hoy mismo, como puedo personalmente atestiguar) disfrutó con los tebeos más que con nada en la vida. Pues si tal es el caso no debe...